Redes ciudadanas: la apuesta olvidada que aliviaría la crisis de policías en Bogotá
Redes ciudadanas: la apuesta olvidada para la seguridad en Bogotá

Una de las iniciativas más destacadas en materia de seguridad en Bogotá durante la administración pasada fue el esquema de participación ciudadana para la convivencia, reconocido incluso en otras ciudades del continente. El argumento que sustentó su creación sigue vigente: en promedio, la capital recibe cada año más de 561.000 llamadas a la línea 123 en las que los ciudadanos solicitan una unidad de policía, pero que, al analizar la necesidad, no corresponden a situaciones de crimen o delincuencia, sino a problemas de convivencia.

El déficit de policías y el impacto en la seguridad

Con la mayoría de los cuadrantes dedicados a atender llamadas por convivencia, el déficit de agentes se vuelve más notorio. Este tema ha sido advertido por el alcalde y diversos expertos coinciden en que es una de las razones por las que la seguridad en Bogotá no mejora. Estadísticas internacionales indican que la capital debería contar con alrededor de 25.000 policías para alcanzar el mínimo estándar; sin embargo, hoy no se llega a los 17.000 efectivos.

El modelo de redes ciudadanas

Ante esta realidad, cobra relevancia el modelo de redes de cuidado o redes ciudadanas, que logró conectar a más de 5.000 personas en unos 800 grupos. Estos grupos no solo abarcaban barrios, sino también redes poblacionales y gremiales, como taxistas, empresarios de la rumba, comerciantes, barristas, ciclistas, mujeres y colegios.

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El modelo, premiado por la Función Pública en 2023, se replicó en otras ciudades y fue expuesto en países como México, Uruguay y Ecuador. En estos lugares se reconoció que el éxito no radica en tener grupos de ciudadanos alertando cada vez más o colapsando a la policía con más reportes, sino en una mirada integral de la seguridad y la convivencia.

¿Cómo funcionaban las redes ciudadanas?

Las redes ciudadanas se basaban en que la ciudadanía ejerciera un liderazgo por temas, sin caer en justicia por mano propia ni emular patrullajes o vigilancia. El inicio de una red consistía en que la administración capacitaba a las personas para convertirlas en expertas, de modo que supieran las rutas a activar o a quién llamar para no colapsar la línea de emergencias o el cuadrante. Esto permitió que las comunidades identificaran qué entidad debía responder por los problemas de convivencia que no son competencia de la policía.

De esta forma, se pasó desde el apadrinamiento de espacios públicos y la mejora y cuidado de zonas verdes, hasta la creación comunitaria de caminos seguros para colegios. Cuando el modelo evolucionó, se logró la conexión de cámaras y botones de pánico del comercio al Centro de Comando y Control (C4).

El desmantelamiento de las redes

Lamentablemente, los equipos que habían sido entregados y que estaban conectados a través de la ETB fueron retirados de las redes y frentes. Solo quedaron los chats donde los líderes continúan activos, pero sin el apoyo de todas las entidades de la Alcaldía. En resumen, hoy todo recae nuevamente en los uniformados. Si bien la Policía sabe cómo atender a la ciudadanía, se ha vuelto al problema en el que parece que los únicos responsables de la seguridad son los agentes.

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