Ante la inminente llegada del fenómeno de El Niño, crece la preocupación por la exposición de Bogotá y los municipios de la Sabana. Aunque abril y mayo suelen ser meses lluviosos en la región andina, los bogotanos han experimentado días nublados y soleados, con pocas precipitaciones. Junio marca el inicio pronosticado de El Niño, y los expertos observan el clima con expectativa.
Pronósticos y probabilidades
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) indica una probabilidad del 82 por ciento de que El Niño comience entre mayo y junio, y del 96 por ciento para septiembre. La disminución de lluvias en Bogotá no confirma aún la llegada del fenómeno, sino que podría ser una transición hacia la sequía o comportamientos climáticos locales.
Impacto en la región Andina
El Niño afecta a casi todo Colombia con menos lluvias, mayor radiación solar y olas de calor. En la región Andina, el impacto podría perjudicar a cerca de una cuarta parte de la población. Según Alfred Ballesteros, director de la CAR Cundinamarca, la cuenca del río Bogotá es especialmente vulnerable, con 40 municipios a lo largo de su curso, incluida la capital.
Ballesteros señala que ya se observan señales del fenómeno en la Costa Atlántica y Antioquia, con disminución de lluvias y caída en los niveles de embalses. La Secretaría Distrital de Ambiente considera a Bogotá como la segunda ciudad más vulnerable del país frente al cambio climático.
Contradicciones climáticas
En la región Andina persiste una aparente contradicción: mientras algunas zonas reportan menos lluvias en mayo, otras registran aumentos en los caudales de ríos y quebradas. Esto genera incertidumbre entre la población, que se pregunta dónde está El Niño si aún llueve. Se espera que el fenómeno se consolide en junio, y Ballesteros advierte que podría ser muy intenso, incluso más que el de 1997-1998.
El Niño de 1997-1998 fue uno de los más intensos en la historia del país, causando sequías severas, temperaturas récord, alta evaporación en embalses, desabastecimiento de agua, racionamiento eléctrico e incendios forestales. En Bogotá, el racionamiento de entonces se originó por derrumbes en el túnel de Chingaza, no por falta de agua.
Riesgos actuales
Si se cumplen los pronósticos, podrían repetirse impactos similares, incluyendo racionamiento de luz y agua potable. Hace apenas un año, los municipios de la Sabana y la capital sufrieron cortes por ciclos diarios durante más de un año. La Secretaría de Ambiente advierte que El Niño traerá menos lluvias, mayores temperaturas, más riesgo de incendios forestales y presión sobre fuentes hídricas y calidad del aire.
La entidad trabaja con la CAR en la restauración de ecosistemas y áreas estratégicas para el agua, vinculando comunidades y reforzando el monitoreo ambiental. La CAR distribuye tanques de almacenamiento en comunidades rurales para aprovechar aguas lluvias y estudia el uso de pozos profundos con la Gobernación de Cundinamarca.
Preparación y estado de los embalses
Adriana Soto, secretaria de Ambiente de Bogotá, afirma que no se puede evitar El Niño, pero sí reducir sus impactos con ecosistemas más sanos, instituciones coordinadas y ciudadanía comprometida con el uso responsable del agua y la energía. Actualmente, los embalses de la región muestran una leve mejoría gracias a las lluvias de la Orinoquia, que se esperan hasta septiembre.
Los embalses más importantes, Chuza y Tominé, se encuentran cerca del 50 y 54 por ciento de su capacidad, respectivamente. Sisga está al 65 por ciento, Neusa al 82 por ciento y San Rafael supera el 80 por ciento. Sin embargo, la preocupación es si el agua recolectada en los próximos meses será suficiente para garantizar el consumo en 2027, dependiendo de las lluvias de la segunda temporada húmeda (septiembre a diciembre), que se verá afectada por El Niño.
Ballesteros teme que las lluvias de octubre y noviembre no sean suficientes para recuperar los sistemas hídricos. Tras el fenómeno de 1997, las condiciones climáticas tardaron seis meses en normalizarse, por lo que los efectos podrían extenderse hasta el primer semestre de 2027. "Todos cruzamos los dedos y rezamos porque sea mucha la lluvia en la Orinoquía", señaló.
Infraestructura y capacidad de respuesta
Actualmente, la planta Tibitoc, que capta agua del río Bogotá, suministra más de la mitad del consumo de la ciudad y poblaciones vecinas, con un total de 17,3 metros cúbicos por segundo. Otra parte importante se trata en la planta Wiesner (sistema Chingaza) y cerca del 4 por ciento proviene del Agregado Sur, que atiende a Usme.
La Empresa de Acueducto de Bogotá (EAAB) ha dado un parte de tranquilidad, asegurando que la ciudad está mejor preparada que en 2024, cuando una sequía histórica llevó a racionamientos. La gerente Natasha Avendaño destaca la optimización de la planta Tibitoc y el proyecto Río Blanco, que agregará 100.000 metros cúbicos diarios al sistema Chingaza. Este proyecto incluye nuevas captaciones en quebradas del páramo.
Los embalses de Chingaza se encuentran por encima del 49,90 por ciento de llenado, con más de 21 millones de metros cúbicos por encima de la curva guía. La EAAB también adelanta una estrategia de seguridad hídrica con el Banco Mundial y la IFC para definir inversiones a largo plazo y pilotos de reúso de agua tratada de la PTAR Salitre.
En conclusión, aunque hay señales de alerta, las autoridades trabajan para mitigar los efectos de El Niño. La coordinación entre instituciones y la conciencia ciudadana serán clave para enfrentar los desafíos que se avecinan.



