En una reciente entrevista con Blu Radio, el conferencista y trabajador social Yokoi Kenji reflexionó sobre las conductas que la sociedad ha normalizado y señaló que uno de los principales desafíos de los colombianos es aprender a aceptar la frustración sin transformarla en conflicto.
La frustración como oportunidad de crecimiento
Kenji explicó que en Colombia existe una tendencia a rechazar cualquier situación que implique perder, equivocarse o no alcanzar los objetivos propuestos. Esta dificultad para aceptar los fracasos termina generando comportamientos agresivos tanto en la vida cotidiana como en la convivencia social. "Deberíamos frustrarnos más y pelear menos en Colombia", afirmó, destacando que la frustración es una emoción natural y necesaria para el crecimiento personal. Aceptar que no siempre se gana, que algunas oportunidades se pierden o que ciertos proyectos no salen como se esperaba es parte fundamental de una adecuada educación emocional.
Comparación con la cultura japonesa
El conferencista comparó este comportamiento con características de la cultura japonesa, donde existe una mayor capacidad para aceptar resultados adversos sin reaccionar con confrontación. Sin embargo, advirtió que el modelo japonés también tiene excesos, especialmente en materia de disciplina y exigencia laboral. "Los japoneses no son tan diestros para improvisar, pero miren las carreteras que tienen, sus trenes y sus edificios. Algo están haciendo que nosotros no", señaló, al destacar que la disciplina ha sido uno de los pilares del desarrollo de ese país. No obstante, aclaró que el extremo opuesto tampoco es saludable, recordando que Japón enfrenta problemas relacionados con el estrés y la presión social, por lo que insistió en la necesidad de encontrar un equilibrio entre la disciplina y el bienestar personal.
La presión de la perfección y las redes sociales
Kenji también cuestionó la idea de que la vida deba ser perfecta. Las redes sociales y ciertos modelos de éxito han llevado a muchas personas a perseguir estándares imposibles, generando frustración, ansiedad y agotamiento emocional. En ese sentido, afirmó que se han normalizado comportamientos que no necesariamente son saludables, como la necesidad permanente de ser productivos, la búsqueda constante de aprobación o la incapacidad para descansar sin sentir culpa.
La educación emocional como clave
Otro de los puntos abordados fue la educación. Para Kenji, Colombia necesita fortalecer no solo la formación académica, sino también la educación emocional y en valores. Considera que aprender a debatir, respetar las diferencias y manejar las emociones es fundamental para reducir la polarización que vive el país. Finalmente, invitó a los colombianos a replantear algunas conductas cotidianas y a entender que equivocarse, perder o sentirse frustrado no representa una debilidad. Por el contrario, reconocer esas emociones y aprender a gestionarlas puede contribuir a una sociedad más madura, tolerante y menos conflictiva.



