El Estado Mayor Central (EMC) de las disidencias de las FARC se fracturó en medio de los diálogos de paz con el Gobierno de Gustavo Petro, desatando una violenta disputa en el departamento de Guaviare que ha dejado decenas de muertos. La última fotografía pública de Iván Mordisco y Calarcá Córdoba juntos data de abril de 2023, cuando anunciaron su disposición a negociar la paz. Un año después, la organización se dividió y hoy ambos líderes están enfrentados.
Origen de la fractura
La ruptura se precipitó en marzo de 2024 tras el asesinato de la lideresa Carmelina Yule en el Cauca. El presidente Petro levantó el cese al fuego como respuesta, lo que provocó la división: Mordisco quería abandonar el proceso de paz, mientras que Calarcá Córdoba optó por continuar. Así surgió el Estado Mayor de los Bloques y Frentes (EMBF), liderado por Calarcá, que mantiene su apuesta por la paz total.
Combates letales en Guaviare
El saldo más reciente de la confrontación se conoció el 27 de mayo de 2025, cuando 48 personas murieron en combates entre la estructura 44 Bloque Amazonas (del EMC de Mordisco) y la estructura Isaías Carvajal del Bloque Jorge Suárez Briceño (del EMBF de Calarcá), en la vereda La Siberia, zona rural de San José del Guaviare. Entre las víctimas había 11 menores de edad. La Defensora del Pueblo, Iris Marín, calificó los hechos como una masacre. El presidente Petro ordenó un bombardeo contra Mordisco en respuesta.
No es el primer episodio de alta letalidad. En enero de 2025, 25 hombres de la facción de Mordisco murieron en circunstancias que la Fiscalía investiga como posibles ejecuciones extrajudiciales, al encontrar indicios de tiros de gracia a corta distancia.
Explicaciones de la violencia extrema
Investigadores como Kyle Johnson, de la Fundación Conflict Response (CORE), señalan que la letalidad de los combates en Guaviare es excepcional. “No hay otras zonas del país donde los combates lleguen a 25 o 48 muertes”, afirma. Una posible explicación es la diferencia de preparación militar: las estructuras de Calarcá están mejor organizadas y entrenadas, mientras que los combatientes de Mordisco son a menudo jóvenes con poca formación.
Además, las guerras internas suelen ser más violentas. “Esta disputa nace de una pelea interna. Los que antes trabajaban juntos ahora son grandes enemigos”, agrega Johnson. Francisco Daza, de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), coincide: Guaviare se perfila como un nuevo foco de violencia, similar a Cauca o Catatumbo, producto de la división entre Calarcá y Mordisco.
Importancia estratégica de Guaviare
Guaviare ha sido el bastión histórico del EMC. Allí se mantuvo el Frente Primero Iván Ríos. Su ubicación es clave: conecta con el Meta, la Serranía de la Macarena y, a través del río Guaviare, con Brasil y Venezuela. La disputa es un pulso por la gobernanza territorial. Para Mordisco, perder Guaviare sería mortal; para Calarcá, es una oportunidad para expandirse.
La violencia en la región no es nueva. En 1997, la masacre de Mapiripán, perpetrada por paramilitares, dejó 49 muertos y marcó la entrada de las AUC a una zona dominada por las FARC. Hoy, las disidencias repiten patrones de control territorial.
Crisis humanitaria
La población civil es la principal víctima. La Defensoría del Pueblo advierte sobre amenazas, restricciones a la movilidad, controles de comunicaciones y señalamientos por parte de los grupos armados. El Comité de Justicia Transicional de San José del Guaviare declaró el confinamiento de tres veredas y dos resguardos indígenas. Las comunidades no pueden pescar, cazar ni moverse de noche.
El reclutamiento de menores es otra dimensión crítica. Daza señala que las alertas no han sido seguidas de medidas preventivas. “Solo nos enteramos cuando los menores están muertos en combate”, lamenta.
Dudas sobre el proceso de paz
La guerra en Guaviare aumenta las dudas sobre la mesa de negociación con Calarcá. El proceso está en crisis por los archivos hallados en un computador incautado en Anorí, que revelan reclutamiento de menores, secuestros y vínculos con el Ejército y la Dirección Nacional de Inteligencia. Además, el EMBF está relacionado con el asesinato del periodista Mateo Gómez. Pese a los incumplimientos, el comisionado de Paz, Otty Patiño, insiste en mantener el diálogo.
La atención del país vuelve a Guaviare, pero llega tarde y se diluye rápido. Las comunidades exigen presencia del Estado frente a una guerra cuyos alcances apenas se comienzan a dimensionar.



