En la actual campaña presidencial, marcada por debates sobre seguridad, economía, corrupción y gobernabilidad, la educación ha ocupado un lugar sorprendentemente secundario. Esto resulta preocupante porque pocas políticas públicas tienen un impacto tan profundo sobre la productividad, la movilidad social, la reducción de la pobreza y la construcción de ciudadanía. El futuro de Colombia depende en buena medida de la capacidad de su sistema educativo para formar mejores ciudadanos, trabajadores más productivos y líderes capaces de enfrentar los desafíos de un mundo cada vez más complejo.
Visiones contrastantes sobre el papel de la educación
Los programas de gobierno de Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, los dos candidatos que disputan la Presidencia, permiten identificar visiones diferentes sobre el papel de la educación en el desarrollo del país. Como suele ocurrir en las campañas, ambos documentos dedican más espacio a describir qué quieren lograr que a explicar cómo pretenden hacerlo. Y en educación, el cómo suele ser más importante que el qué.
Propuestas de Abelardo de la Espriella
Abelardo de la Espriella presenta un programa con propuestas relativamente concretas y algunas metas específicas. Su apuesta enfatiza el fortalecimiento de matemáticas, lectura crítica, ciencias e historia patria; la enseñanza de ética y ciudadanía; la educación dual mediante alianzas entre colegios, empresas y el SENA; la recuperación de infraestructura educativa; la evaluación docente con incentivos ligados al desempeño; y esquemas de becas para ampliar el acceso a la educación superior.
Propuestas de Iván Cepeda
Iván Cepeda, por su parte, presenta una visión más programática sobre lo que debería ser la educación colombiana. Su documento enfatiza el fortalecimiento de la educación pública, la inclusión social y territorial, el pensamiento crítico, la investigación científica y la reducción de las desigualdades. Sin embargo, contiene menos propuestas concretas, menos metas verificables y menos detalles sobre los instrumentos específicos para alcanzar esos objetivos.
Elementos valiosos de ambas visiones
Ambas visiones contienen elementos valiosos. De la Espriella acierta al destacar la importancia de las competencias fundamentales. La evidencia internacional muestra que los sistemas educativos más exitosos son aquellos que logran aprendizajes sólidos en matemáticas, lectura y ciencias. También resulta positiva su apuesta por la educación dual. Colombia enfrenta un problema persistente de desajuste entre las habilidades que demanda el mercado laboral y las que desarrollan muchos jóvenes durante su formación. Fortalecer la articulación entre educación media, formación técnica y sector productivo puede contribuir a mejorar la empleabilidad y facilitar la transición hacia el trabajo.
Igualmente relevante es su propuesta de asociar parte de la evaluación docente a los resultados. Aunque se trata de un tema sensible que debe diseñarse cuidadosamente para evitar incentivos perversos, la evidencia muestra que los sistemas educativos exitosos cuentan con mecanismos que permiten evaluar, acompañar y reconocer el desempeño de los profesores. También es positiva la propuesta de ampliar las oportunidades de acceso mediante becas. Colombia aún presenta importantes barreras económicas para que muchos jóvenes de bajos ingresos ingresen y permanezcan en la educación superior.
Por su parte, Cepeda pone el foco en uno de los mayores desafíos del sistema educativo colombiano: la desigualdad de oportunidades. En Colombia, el lugar de nacimiento sigue determinando en gran medida las posibilidades educativas de una persona. Mientras algunas ciudades cuentan con universidades consolidadas y una amplia oferta académica, numerosos municipios carecen de acceso cercano a programas de educación superior. Su énfasis en cerrar brechas territoriales y fortalecer la educación pública responde a una necesidad real del país.
Advertencias y desafíos
Sin embargo, la experiencia reciente obliga a analizar estas propuestas con cautela. El actual gobierno, perteneciente al mismo sector político, también anunció la creación y fortalecimiento de instituciones de educación superior en distintos territorios. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los avances son prácticamente nulos, dejando proyectos de infraestructura inconclusos y mal planeados.
Además, construir edificios no equivale necesariamente a construir universidades de calidad. La educación superior requiere profesores calificados, programas pertinentes, investigación, bienestar estudiantil y sostenibilidad financiera. La infraestructura es necesaria, pero está lejos de ser suficiente.
Una estrategia potencialmente más efectiva sería aprovechar las fortalezas acumuladas por las universidades públicas y privadas ya existentes. Mediante programas de extensión, alianzas regionales, educación híbrida y modalidades flexibles, es posible ampliar significativamente la cobertura territorial sin necesidad de replicar estructuras institucionales completas en cada región.
Vacíos importantes en ambos programas
Más allá de las diferencias ideológicas, ambos programas presentan vacíos importantes. El primero es la escasa atención al problema central de la calidad educativa. Colombia ha logrado avances significativos en cobertura durante las últimas décadas, pero los resultados de aprendizaje continúan siendo preocupantes. Las pruebas Saber y las evaluaciones internacionales muestran que una proporción importante de estudiantes no alcanza niveles satisfactorios en lectura, matemáticas y ciencias. Ninguno de los programas presenta una estrategia suficientemente detallada para mejorar lo que ocurre dentro del aula.
El segundo vacío es la formación y desarrollo docente. Aunque De la Espriella menciona la evaluación de desempeño, ninguno de los candidatos desarrolla una política integral para atraer mejores candidatos a la profesión, fortalecer la formación inicial, promover la capacitación continua y generar trayectorias profesionales más atractivas.
También llama la atención la limitada discusión sobre la educación inicial, pese a que la evidencia científica muestra que las inversiones más rentables se realizan durante los primeros años de vida. Asimismo, sorprende la escasa reflexión sobre los efectos de la inteligencia artificial y la transformación tecnológica, que están redefiniendo las competencias que necesitarán los estudiantes en el futuro.
La principal debilidad: falta de mecanismos concretos
Pero quizás la principal debilidad de ambos programas es otra: presentan metas y aspiraciones, pero explican poco los mecanismos para alcanzarlas. Es relativamente sencillo prometer más universidades, más colegios o más recursos para las instituciones públicas. Lo difícil es explicar cómo se financiarán esas iniciativas, qué reformas institucionales serán necesarias, cuáles serán las metas verificables y cómo se evaluarán los resultados.
La experiencia internacional muestra que las reformas educativas exitosas rara vez dependen de una sola medida. Son procesos de largo plazo que combinan liderazgo político, fortalecimiento docente, evaluación rigurosa, sistemas de información y capacidad de implementación.
En educación, las buenas intenciones no son suficientes. Colombia necesita menos declaraciones generales y más hojas de ruta concretas. Porque la pregunta verdaderamente importante no es qué educación queremos, sino cómo vamos a construirla.
Decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana



