En 1988, en plena presidencia de Virgilio Barco, un grupo de soldados armados irrumpió en el Teatro La Candelaria. Aquellos años estuvieron marcados por el genocidio de la Unión Patriótica (UP), partido político surgido del proceso de paz entre las FARC y el gobierno de Belisario Betancur. Patricia Ariza, fundadora del teatro y miembro de la UP en ese entonces, fue testigo de aquel violento episodio. Afortunadamente, los militares no se llevaron su vida, como sí ocurrió con más de 6.200 víctimas entre 1984 y 2002. En su lugar, se conformaron con incautar viejos arcabuces del siglo XVI y algunos fusiles de utilería.
El contexto de violencia
El genocidio de la Unión Patriótica es una de las páginas más oscuras de la historia colombiana. Entre 1984 y 2002, más de 6.200 personas fueron asesinadas por su militancia o simpatía con este partido. El ataque al Teatro La Candelaria no fue un hecho aislado, sino parte de una sistemática persecución política. La irrupción militar en el teatro, que era un espacio de creación cultural y resistencia, buscaba intimidar y sembrar miedo entre los artistas y activistas.
Patricia Ariza: sobreviviente y testigo
Patricia Ariza, reconocida dramaturga y actriz, ha dedicado su vida al teatro y a la memoria histórica. En 1988, su condición de miembro de la UP la convirtió en blanco de la represión estatal. Sin embargo, su obra y su testimonio han mantenido viva la historia de aquellos años. Ariza continúa siendo una voz fundamental en la escena cultural colombiana, recordando que el arte también es un campo de batalla contra el olvido.
El Teatro La Candelaria: resistencia cultural
Fundado por Patricia Ariza y el dramaturgo Santiago García (fallecido en 2020), el Teatro La Candelaria es un ícono de la creación colectiva y el teatro comprometido. Desde su fundación, ha sido un espacio de reflexión social y política. El allanamiento de 1988 no logró silenciarlo; por el contrario, fortaleció su compromiso con la memoria y la verdad. Hoy, el teatro sigue siendo un referente en Bogotá para las artes escénicas y la defensa de los derechos humanos.
Este episodio, narrado por el periodista Santiago Gómez Cubillos, nos recuerda que la cultura y la política están intrínsecamente ligadas. La resistencia del Teatro La Candelaria es un ejemplo de cómo el arte puede sobreponerse a la violencia y convertirse en un pilar de la memoria colectiva.



