La crisis del cocodrilo del Orinoco: hacinamiento y liberaciones estancadas en la Estación Roberto Franco
Crisis del cocodrilo del Orinoco: hacinamiento en la Estación Roberto Franco

La Estación de Biología Tropical Roberto Franco, dedicada a la conservación del cocodrilo del Orinoco (Crocodylus intermedius), enfrenta una crisis de hacinamiento que amenaza el bienestar de los ejemplares en cautiverio. A pesar de décadas de esfuerzos, las liberaciones no han avanzado al ritmo necesario, mientras la reproducción en cautiverio sigue generando nuevos individuos sin espacio suficiente.

Instalaciones sin cambios significativos

Régulo Súa, el funcionario más antiguo de la estación, recuerda que en sus 40 años de servicio la infraestructura apenas ha cambiado. “Solo hasta 2004 vinimos a conocer la seguridad industrial”, comenta entre risas. El veterinario Germán Preciado, quien llegó en 2011, coincide: “Físicamente la estación sigue idéntica; solo ha cambiado la cantidad de cocodrilos”.

El legado de Federico Medem

El letón Federico Medem asumió la dirección en 1966 con el objetivo de salvar al cocodrilo del Orinoco de la extinción. La caza indiscriminada entre 1930 y 1960 redujo drásticamente la población: más de 250.000 pieles fueron comercializadas. El primer censo nacional (1974-1975) reveló solo 780 ejemplares. Para 2015, el Libro Rojo de Reptiles de Colombia reportó menos de 250 individuos maduros en libertad.

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Éxito reproductivo, pero liberaciones lentas

La estación logró reproducir ejemplares a partir de dos parejas iniciales en los años 70. La primera anidación ocurrió en 1986 y la primera cría en 1991. Para 2021, la población en cautiverio alcanzó 423 ejemplares. Sin embargo, las liberaciones no han seguido el mismo ritmo. Entre 2015 y 2024, solo 48 cocodrilos fueron liberados desde la estación, según datos del veterinario Germán Preciado.

Julia Miranda, exdirectora de Parques Nacionales Naturales, señala que durante su gestión (2004-2020) hubo poca colaboración con la estación. “En la Roberto Franco mostraron intransigencia”, afirma. En contraste, la Fundación Palmarito, a cargo del Bioparque Wisirare, ha liberado 287 individuos entre 2015 y 2026.

Acuerdo para liberar 35 ejemplares

El 31 de julio de 2025, la Universidad Nacional, el Ministerio de Ambiente y Cormacarena acordaron liberar 35 cocodrilos en el Parque Nacional El Tuparro antes del 25 de diciembre de 2025, con plazo hasta marzo de 2026 por razones climáticas o logísticas. Natalia Ramírez, directora de Bosques del Ministerio, asegura que la primera liberación se realizará antes de julio de 2026, en cinco puntos definidos por Cormacarena. Aún no se conocen los costos ni la fuente de financiación.

Problemas logísticos y genéticos

Carlos Moreno, exdirector de la estación, seleccionó 33 ejemplares genéticamente aptos para liberación en el estanque 41, pero el proceso se frenó. Germán Forero-Medina, de WCS, explicó que las liberaciones previstas para noviembre de 2024 no se realizaron por falta de apoyo aéreo de la Fuerza Aérea Colombiana. Rafael Moreno-Arias, de la UICN, advierte que las liberaciones apresuradas pueden generar conflictos con humanos y recomienda liberar solo ejemplares mayores de dos metros.

Pérdida de huevos y debate ético

En diciembre de 2025 se perdieron 1.200 huevos por fallas en las incubadoras. La “incubadora” era en realidad un cuarto de herramientas adaptado, sin sistemas automatizados. En 2025 se recogieron 1.274 huevos, pero solo eclosionaron 35. En 2024, de 293 huevos, solo 16 eclosionaron. Andrés Felipe Aponte, actual director, reportó que 180 huevos recogidos en la estación no fueron viables.

Moreno-Arias opina que la reproducción debió detenerse hace tiempo. “No tiene sentido incubar huevos si no hay espacio para más cocodrilos”, señala. El Comité de Ética de la Facultad de Ciencias recomendó detener la reproducción y la colecta de huevos externos hasta que se garanticen condiciones adecuadas.

El futuro del programa

Gabriela Delgado, decana de Ciencias de la Universidad Nacional, recuerda que el programa “no se creó para coleccionar caimanes, sino para reintroducirlos a su hábitat natural”. Mario Vargas, exdirector, critica que la decisión de no incubar haya sido administrativa y no científica. Andrés Felipe Aponte, quien asumió la dirección hace tres meses, enfrenta el desafío de equilibrar la conservación con el bienestar animal.

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