Derrames petroleros en Venezuela: una crisis silenciosa que no cesa
Venezuela recibe nuevos inversores petroleros, cambia ministros de Ambiente y anuncia esfuerzos de recuperación de la industria. Sin embargo, los derrames petroleros siguen apareciendo en sus costas. Números recopilados por activistas y defensores ambientales demuestran que el hidrocarburo corre de forma constante: solo entre 2022 y 2024 se documentaron al menos 79 incidentes en el territorio nacional, mientras que un monitoreo satelital de apenas tres meses en 2025 bastó para identificar otros 59 eventos.
El primer derrame de 2026: origen externo y reacción oficial
En 2026, el primer derrame que rompió el muro de silencio oficial no provino de instalaciones venezolanas, sino de la estatal Heritage Petroleum, en Trinidad y Tobago. Esta vez sí hubo declaraciones, balances ambientales y reclamos diplomáticos. El canciller Yván Gil exigió responsabilidades al gobierno trinitense y afirmó que "no podemos tolerar que un evento de esta naturaleza ocurra y no sea reportado". El Ministerio para el Ecosocialismo, presidido por Freddy Ñáñez, informó que el derrame, ocurrido en las primeras semanas de mayo, había sido controlado en un 70% y detalló daños sobre al menos 170 especies de peces, cuatro especies de tortugas marinas en plena época de desove y extensas áreas de manglar en el oriente venezolano.
El ministro de Pesca y Acuicultura, Juan Carlos Loyo, advirtió que la contaminación afecta al Golfo de Paria, una de las zonas más importantes para la "soberanía alimentaria del país", donde se pierden unas 11 mil toneladas de pescado al día, según denuncias de pescadores del Consejo de Pescadores y Pescadoras (Conppa) del municipio Valdez.
Opacidad interna frente a exigencias externas
La queja es válida, pero la reacción oficial deja una pregunta incómoda: ¿cómo exigir transparencia y responsabilidad a actores externos cuando dentro de Venezuela los derrames petroleros rara vez son informados, investigados o cuantificados por las autoridades? Mientras el gobierno reclama información sobre un evento externo, en el país persiste una opacidad que dificulta conocer cuántos derrames ocurren cada año, dónde suceden y cuáles son sus consecuencias ambientales. Esto ocurre pese a que Venezuela forma parte de instrumentos internacionales como el Convenio Marpol, el Convenio Internacional sobre Cooperación, Preparación y Lucha contra la Contaminación por Hidrocarburos de 1990, y el Convenio sobre Responsabilidad Civil por Daños por Contaminación por Hidrocarburos.
Entre 2010 y 2016, investigaciones académicas contabilizaban entre 40.000 y 50.000 fugas en distintas regiones del país. Hoy, la reducción de las cifras responde más al silencio que a una mejora real.
Fugas permanentes detrás del muro de opacidad
Alejandro Álvarez, director de la organización ambientalista Clima 21, autora de los monitoreos nacionales, explica que hoy suelen trascender solo aquellos eventos cuyos impactos son tan grandes que resultan imposibles de ocultar. "No todo derrame petrolero se reporta. Si hay un derrame de pequeña cantidad, de un barril o menos, prácticamente nadie se da cuenta sino la gente de Pdvsa. La razón por la cual un derrame aparece en un medio es porque es suficientemente grande o afecta a una comunidad, porque pescadores denuncian o porque se afecta una zona turística o un área natural protegida", señala.
Esta dependencia de la denuncia ciudadana choca con un país cubierto por extensos "desiertos comunicacionales", donde grandes zonas costeras no cuentan con medios ni periodistas independientes. "Bachaquero queda al sur de Cabimas, en un sitio donde no hay medios de comunicación. Es la zona de mayores cantidades de derrames en el Lago de Maracaibo. Por lo tanto, eso no aparece nunca en ninguna parte", explica el investigador.
El Lago de Maracaibo: de derrames a fugas permanentes
En el lago, el patrón cambió. Tras más de un siglo de explotación, el deterioro de infraestructuras que superan las 10.000 instalaciones y miles de kilómetros de líneas submarinas ha transformado el problema. "Ya no hay prácticamente derrames aislados, son fugas. Tuberías sin mantenimiento que están filtrando todo el tiempo. El lago es simplemente una sopa de aceite permanentemente", apunta Álvarez. Tampoco todo lo que se vierte es crudo; en refinerías como El Palito, en Carabobo, los compuestos tóxicos provienen de lagunas de residuos pesados de refinación que se desbordan hacia el mar con las lluvias.
Impactos en salud y economía local
Esta contaminación golpea directamente la salud humana y la economía local. "Reportes hechos en esa zona hablan del 90% de caída de la producción pesquera. Prácticamente ya no sale nada de peces", reflexiona Álvarez. Los riesgos sanitarios son severos: el contacto directo con hidrocarburos genera afecciones en la piel y daños respiratorios debido a compuestos que se evaporan con el sol y el viento, según el informe "Derrames petroleros en Venezuela: crisis ambiental continua y desafíos para la gobernanza", publicado en mayo de 2025 por Clima 21. A largo plazo, "la ingesta de pescados o mariscos contaminados con petróleo puede causar daños en el tracto gastrointestinal y toxicidad hepática en la población", advierte el boletín, destacando que en Venezuela existen muy pocos estudios formales sobre los impactos en la salud de las comunidades expuestas.
Desfase normativo e institucional
Esta realidad responde no solo a la falta de voluntad política, sino también a un desfase normativo e institucional. Aunque Venezuela cuenta con herramientas legales, estas pertenecen a otra era de la industria. En la década de 1980, el país construyó una legislación de vanguardia inspirada en la primera Ley Orgánica del Ambiente, que impulsó el Plan Nacional de Contingencia contra derrames. Sin embargo, cuatro décadas después, el panorama es de obsolescencia total. "Tú necesitas un país donde el gobierno tenga la claridad de que la conservación del ambiente es un tema de desarrollo. No es posible desarrollar este país si no tomas en cuenta los elementos ambientales", destaca Álvarez. Esta desatención vulnera compromisos globales, como la Opinión Consultiva OC-23/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que ratifica que las obligaciones ambientales de los Estados son absolutas e internacionales. "En algún momento futuro, un país puede demandar a Venezuela en tribunales internacionales por no cumplir con esas leyes", advierte.
El plumaje de los derrames: impacto en aves y ecosistemas
Cuando el hidrocarburo cae al mar, su impacto va más allá de la superficie. Al meteorizarse, se vuelve denso y cae al fondo, donde se acumula en capas de brea que matan organismos bentónicos, base de la cadena alimenticia. "Si cortas el inicio de la cadena alimenticia, muchas especies tienen que irse a otro lado a morirse", señala Álvarez. El eslabón más crítico lo sufren las aves. Biólogos alertaron que al menos 15 especies de aves, de ocho familias distintas, están en peligro de desaparecer de los litorales venezolanos debido a la contaminación por petróleo.
Según el informe "El impacto de los derrames petroleros sobre las aves playeras y sus sitios de parada en Venezuela", de la bióloga Sandra Giner, la costa del país alberga 48 especies de aves playeras, de las cuales 35 son migratorias. Entre agosto y mayo, miles de individuos llegan a manglares y lagunas costeras para alimentarse y reponer energía para sus rutas migratorias por todo el hemisferio. Sin embargo, estos refugios están cercados por infraestructura petrolera: centros de refinación como Bajo Grande en Zulia, Amuay y Cardón en Falcón, El Palito en Carabobo y Puerto La Cruz en Anzoátegui, junto con oleoductos, representan una amenaza permanente para hábitats de importancia internacional, como la Salina Solar Los Olivitos en Zulia, que recibe a más de 100 mil aves al año y está reconocida por la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (WHSRN).
El estudio detalla que "la contaminación por derrames de petróleo afecta a las aves playeras por el petroleado del plumaje, intoxicación al ingerir hidrocarburos al acicalarse, disminución del tiempo dedicado a alimentarse e incremento del tiempo de acicalamiento, lo que impide que las aves alcancen el peso requerido para continuar la migración". Además, el consumo de presas contaminadas genera daños subletales en riñones, hígado, sistema gastrointestinal, deterioro del sistema inmune, alteraciones en glóbulos rojos y hemorragias que "incrementan la mortalidad y reducen el éxito reproductivo".
En América del Sur, las aves playeras han perdido el 37% de sus poblaciones desde 1970, cifra que asciende al 52% en las que migran largas distancias. Al destruir la disponibilidad de alimentos y envenenar sus zonas de parada mediante el goteo permanente de petróleo que el Estado no reporta ni atiende, la opacidad de la industria venezolana se convierte en un factor que afecta la biodiversidad de todo el continente.
El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra. Este contenido fue escrito considerando las amenazas y límites impuestos a la divulgación de informaciones desde dentro del país.



