Un estudio a gran escala, basado en los datos genéticos de casi 700.000 personas de ascendencia europea, ha identificado el mayor número de asociaciones genéticas relacionadas con la ansiedad hasta la fecha, lo que ha permitido comprender mejor los mecanismos biológicos subyacentes a este trastorno.
Avance disruptivo en la investigación de la ansiedad
Los resultados de esta investigación internacional, codirigida por científicos del King’s College de Londres y el instituto QIMR Berghofer, se publicaron en la revista Nature Human Behaviour. Tradicionalmente, la investigación clínica clasifica a los pacientes según su diagnóstico: quienes lo tienen y quienes no. Sin embargo, este estudio representa un avance disruptivo al presentar la ansiedad no como un estado fijo, sino como un espectro que abarca desde la respuesta natural del organismo al estrés cotidiano hasta los trastornos crónicos y debilitantes.
Los autores señalan que, aunque los trastornos de ansiedad están aumentando drásticamente a nivel global y son una de las afecciones de salud mental más prevalentes, el estudio de sus bases genéticas ha quedado históricamente rezagado frente a otros trastornos psiquiátricos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.
Diseño del estudio y hallazgos genómicos
La investigación se diseñó como un estudio de asociación de genoma completo (GWAS), técnica que analiza el ADN de muchas personas —en este caso, 693.869— para identificar diferencias genéticas que aparecen con mayor frecuencia en quienes sufren síntomas de ansiedad severos. Así, se identificaron 74 ubicaciones en el genoma donde las diferencias genéticas estaban vinculadas a los síntomas de ansiedad. Aproximadamente la mitad de estas ya habían sido reportadas en GWAS anteriores, pero el resto (39 loci) eran novedosos.
Además, el estudio proporciona evidencia sólida del papel de genes específicos de la ansiedad, como PCLO y SORCS3. Los análisis mostraron que muchos de los genes implicados son particularmente activos en el tejido cerebral y participan en la comunicación entre las células nerviosas.
Limitaciones y papel del entorno
A pesar de la relevancia de estos hallazgos, los investigadores consideran que las variantes genéticas comunes analizadas solo explican aproximadamente el 6% de las diferencias en la gravedad de la ansiedad entre las personas. Este porcentaje demuestra que un amplio margen depende de factores externos, como las influencias ambientales, las interacciones entre genes y entorno, y otros efectos genéticos aún no detectados estadísticamente.
El estudio subraya que una predisposición genética elevada no determina inevitablemente el destino de una persona; el riesgo individual depende de una compleja interacción entre la biología, las experiencias de vida, los contextos sociales y los factores psicológicos. Así, una persona con un perfil genético de alto riesgo podría no desarrollar jamás un trastorno de ansiedad si vive en un entorno favorable, mientras que alguien con bajo riesgo genético podría desarrollarlo frente a situaciones de estrés severo o traumas.
Implicaciones para la salud pública
El aumento acelerado de las tasas de ansiedad en las últimas generaciones indica que los factores ambientales y sociales están jugando un papel determinante. Por ello, las estrategias de salud pública para reducir la incidencia de la ansiedad deben centrarse en modificar y abordar dichos factores del entorno. No obstante, descifrar el riesgo genético individual es esencial para identificar a quienes son más sensibles a las presiones externas y facilitar el diseño de tratamientos personalizados y enfoques preventivos más eficaces.
Conexiones con otras enfermedades
El estudio encontró una amplia gama de correlaciones genéticas significativas de la ansiedad con afecciones de salud mental y física, incluyendo depresión, síndrome del intestino irritable, dolor crónico, enfermedad de las arterias coronarias, endometriosis y migraña. Brittany Mitchell, del QIMR Berghofer y coprimera autora del estudio, señala: "Estas correlaciones resaltan la interconexión entre la salud mental y la física. Es importante destacar que, si bien algunas variantes genéticas compartidas pueden aumentar el riesgo tanto de una afección de salud física como de síntomas de ansiedad más graves, también es cierto que vivir con dolor o enfermedades crónicas puede contribuir a los síntomas de ansiedad".
"Nuestros hallazgos no revelan una causalidad ni la dirección del efecto, pero sí plantean preguntas importantes para futuras investigaciones", concluye la investigadora.



