Colombia posee un enorme potencial en fuentes hídricas que generan grandes volúmenes de agua para satisfacer toda la demanda poblacional. En particular, tenemos el privilegio de contar con uno de los 36 complejos de páramos del país, el de Chingaza, que proporciona agua superficial de excelente calidad, facilitando su captación, potabilización y transporte para millones de habitantes de Bogotá y la región. Esta situación nos ha llevado, en ocasiones, a pensar que el agua es un recurso inagotable y que se puede derrochar. Sin embargo, ciudades desarrolladas del primer mundo nos muestran una realidad de abastecimiento radicalmente distinta.
El caso del Condado de Orange, California
Un ejemplo es el Condado de Orange, en Estados Unidos, ubicado al sur de California, cerca de Los Ángeles. Allí se lleva a cabo un proceso de gestión y protección de su cuenca de aguas subterráneas mediante el tratamiento de aguas residuales con diversos procesos fisicoquímicos y naturales. El agua tratada se reincorpora a la cadena de producción de agua potable y recarga el acuífero del que se abastece gran parte de la población. El responsable de este desarrollo es el Distrito de Agua del Condado de Orange (OCWD), que suministra agua potable a 19 ciudades, de la cual el 85 % proviene de la cuenca subterránea.
Durante décadas, esta región extraía del acuífero más agua de la que la naturaleza podía reponer. La solución del Distrito fue aprovechar las aguas residuales mediante un tratamiento avanzado que incluye microfiltración para eliminar partículas, bacterias y patógenos protozoos; ósmosis inversa para eliminar compuestos químicos; y luz ultravioleta con peróxido de hidrógeno para desinfectar y eliminar restos orgánicos. Luego, el agua se inyecta al acuífero, donde permanece al menos seis meses, funcionando como una barrera ambiental adicional que filtra partículas, reduce patógenos, degrada materia orgánica, absorbe contaminantes y estabiliza química y biológicamente el agua. En este punto, el agua aún no es apta para consumo humano y debe pasar por una planta de potabilización avanzada, donde se desinfecta y filtra para entregarla sin riesgos a la población, cumpliendo con todos los estándares estatales y federales.
La experiencia de Bogotá en reutilización
En Bogotá, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB) está recirculando parte del agua residual tratada en la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales Salitre (PTAR Salitre). Esto contribuye a reducir el consumo de agua potable y cerrar el ciclo hídrico dentro de la planta. Actualmente, se reutilizan unos 67.400 metros cúbicos (m³) por mes de agua residual tratada, lo que equivale a cerca del 0,5 % del efluente.
Esta reutilización se aplica en el sistema de autolimpieza del cribado fino, los clasificadores de arena del pretratamiento, los compresores del proceso de digestión, el lavado de las mesas espesadoras y en actividades de limpieza de galerías y zonas comunes. Esto fortalece las prácticas de sostenibilidad operativa y ha logrado un ahorro del 63 % en el consumo de agua potable. Además, se avanza en un piloto para usar 24.000 m³ por mes de aguas residuales tratadas en mezclas de concreto de la empresa Cemex, con ensayos de laboratorio que han arrojado resultados favorables.
Perspectivas futuras
Ampliar el reúso del agua residual tratada, inicialmente en actividades industriales, es la línea de acción en la que se sigue trabajando. Esto permitirá valorizar este recurso y reducir la presión sobre las fuentes hídricas naturales. El potencial del agua residual tratada es enorme. Aunque en Colombia las condiciones son muy diferentes a las de ciudades como Los Ángeles, es obligación encontrar alternativas para usar este recurso en actividades que no requieren agua potable, como el riego de cultivos, canchas de fútbol o campos de golf; refrigeración industrial; limpieza de mobiliario urbano o lavado de maquinaria, entre otros.
Esta es una valiosa manera de seguir cuidando nuestras fuentes hídricas superficiales, que hoy permiten abastecer de agua potable a millones de personas, y también de preservar el agua que dará vida a las futuras generaciones.



