Acoso sexual y laboral en medios: la FLIP analiza el impacto en el periodismo
Acoso sexual en medios: FLIP analiza su impacto en el periodismo

Los medios de comunicación deberían ser espacios para hacer preguntas, investigar, contrastar versiones y contar historias. Sin embargo, para muchas periodistas, se han convertido en lugares donde deben esquivar comentarios sexuales, soportar malos tratos o decidir entre denunciar y conservar su empleo.

El movimiento "Yo Te Creo Colega" visibiliza una realidad oculta

Desde marzo, cuando comenzaron a hacerse públicas las denuncias de acoso sexual y laboral en varios medios bajo el movimiento "Yo Te Creo Colega", cientos de testimonios han revelado una realidad que permanecía oculta entre pasillos, advertencias entre colegas y renuncias silenciosas. La ola de denuncias inició con el caso de Caracol Televisión, pero luego se sumaron relatos que señalan a altos cargos de Red+ Noticias y El Tiempo. El Ministerio del Trabajo inició indagaciones y documentó cerca de 200 casos de acoso sexual y laboral en distintos medios, dejando al descubierto dinámicas que muchas periodistas reconocen como parte de su día a día.

Violencia de género: un obstáculo para la libertad de prensa

Detrás de cada mujer que denuncia surge la pregunta: ¿quiénes pueden informar en libertad y bajo qué condiciones? Para organizaciones defensoras de la libertad de prensa, las violencias basadas en género no son un problema paralelo al periodismo, sino una forma de limitar el ejercicio profesional. Cuando una periodista abandona una fuente por miedo, deja una investigación inconclusa o se ve forzada a salir de una redacción para protegerse del acoso, se restringe el derecho de la sociedad a estar informada desde diferentes enfoques.

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En conversación con El Espectador, Sofía Jaramillo, directora ejecutiva de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), analiza cómo el acoso sexual, laboral y la violencia de género condicionan el ejercicio periodístico, por qué las denuncias recientes no son casos aislados y qué pierde la sociedad cuando las periodistas son silenciadas o forzadas a abandonar su carrera.

Un problema estructural que viene de décadas atrás

Jaramillo señala que en Colombia se sabe que estas violencias afectan la libertad de expresión. "Necesitamos que el periodismo se ejerza en libertad, libre de violencias, incluyendo las basadas en género", afirma. Las denuncias recibidas por la FLIP datan de hace veinte, veinticinco o treinta años, mostrando que las periodistas han debido trabajar en condiciones de hostilidad durante décadas. Muchas mujeres, por la severidad del acoso, han optado por salir del periodismo por completo, no solo renunciar a sus trabajos sino abandonar la profesión.

"Se están silenciando voces, temas y se condiciona la forma de ejercer el periodismo", añade Jaramillo. Cuando las mujeres denuncian a sus superiores o a recursos humanos, la respuesta institucional suele ser insuficiente: a veces, con la intención de protegerlas, terminan quitándoles las fuentes, cambiándolas de lugar de trabajo o de equipo.

Salidas de directivos: la punta del iceberg

Hasta ahora se ha conocido la salida de varios directivos y periodistas con cargos de liderazgo: Ricardo Orrego y Jorge Alfredo Vargas en Caracol Televisión; Giovanni Celis en Red+ Noticias; y cuestionamientos sobre la salida de Gabriel Meluk de El Tiempo. Para Jaramillo, esto muestra que el problema adquiere gravedad cuando quienes ocupan posiciones de poder y deben garantizar entornos seguros son señalados por ejercer violencia contra las mujeres.

"Estas violencias suelen estar asociadas a relaciones jerárquicas desiguales y al uso indebido del poder para intimidar, silenciar o excluir", explica. Quienes tienen autoridad tienen mayor capacidad para presionar e impedir que ciertas situaciones salgan a la luz. Sin embargo, estos casos son solo la punta del iceberg: el problema atraviesa todos los niveles de las organizaciones, afectando especialmente a practicantes y periodistas que inician su carrera.

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Consecuencias del acoso: intimidación, autocensura y abandono

Los entornos donde el acoso es tolerado generan mucha intimidación. Muchas periodistas enfrentan estas situaciones desde sus prácticas profesionales, incluso antes de graduarse. "El acoso sexual muchas veces termina siendo una forma de control: si se accede, se dan más oportunidades; si no, se les niegan viajes o coberturas", señala Jaramillo. Esto genera autocensura y, en casos graves, abandono de la profesión.

El impacto en la salud mental es gravísimo, pero el acompañamiento psicosocial no es común en los medios. Cuando existen protocolos de género, no siempre se activan, y el apoyo legal tampoco se ofrece cuando se requiere.

Denuncias públicas y nuevas formas de silenciamiento

Cuando las denuncias se hacen públicas, surgen otras consecuencias: limitación de coberturas, exclusión de temas y repercusiones legales contra las denunciantes, como demandas por injuria y calumnia. Además, la protección de datos personales no siempre es adecuada, y se han presentado filtraciones que ponen en riesgo la confidencialidad.

"Muchas mujeres no quieren hacer públicos sus casos, y esa decisión debe respetarse", afirma Jaramillo. Incluso después de denunciar, aparecen nuevas formas de silenciamiento: las denunciantes son catalogadas como "mujeres difíciles" y se activan estereotipos de género en las redacciones.

Condiciones laborales y desigualdad de género

Investigaciones muestran que más mujeres que hombres estudian comunicación social en Colombia, pero pocas terminan trabajando en medios. Muchas se enfrentan a dinámicas hostiles y deciden no continuar o migrar a otros campos. Cubrir temas como política, conflicto armado o deportes, tradicionalmente dominados por hombres, implica enfrentar hostilidades dentro de las redacciones.

La sociedad ha normalizado la violencia contra las mujeres, y ese machismo se replica en las salas de redacción. Comentarios como "ya no se les puede decir nada" normalizan el lenguaje sexista y condicionan el ejercicio periodístico femenino.

Violencia desde las altas esferas del poder

Jaramillo menciona el caso de "muñecas de la mafia", donde desde altos niveles de poder se estigmatizó a periodistas. Tras esas declaraciones, la FLIP monitoreó la conversación digital y encontró más de 300.000 publicaciones, 81.000 cuentas y 138 millones de visualizaciones en una semana. Esto muestra cómo la estigmatización desde el poder se suma a la violencia estructural contra las mujeres.

"Hablamos de múltiples capas de violencia: las que ocurren dentro de las redacciones, las que vienen de las fuentes, las del contexto general y las que afectan al periodismo en su conjunto", explica.

El impacto en la libertad de prensa

Cuando las mujeres denuncian y otras identifican patrones similares, se genera un reconocimiento colectivo importante. Pero lo que está ocurriendo es que se están perdiendo voces relevantes para comprender la realidad del país. "Estamos teniendo menos libertad de prensa porque limitamos y condicionamos esas voces", afirma Jaramillo.

Las amenazas contra mujeres periodistas tienen características particulares: incluyen violencia sexual, amenazas contra sus familias y ataques basados en estereotipos de género. El mensaje no solo va dirigido a la periodista agredida, sino a todas las demás, advirtiéndoles el costo de participar en el debate público.

Se pierde talento, experiencia y pluralismo informativo. Las coberturas de alto interés público, como corrupción o derechos humanos, se ven afectadas. Muchas mujeres han terminado exiliándose debido a estas presiones. "La violencia basada en género no es solo una agresión individual, tiene un efecto colectivo que empobrece el debate público", concluye Jaramillo.

Un mensaje de apoyo a las periodistas

Jaramillo envía un mensaje a las periodistas que aún no se sienten seguras para denunciar: "No están solas. Somos muchas mujeres, organizaciones y colegas dispuestas a acompañarlas. Podemos brindar apoyo jurídico, psicosocial u otros tipos de ayuda. Les creemos, sabemos que estas situaciones ocurren y muchas ya no están dispuestas a permanecer en silencio".