Vender una amplia variedad de productos y servicios en mercados internacionales es la actividad económica que más impulso genera al desarrollo de un país. Una nación que exporta crea empleo formal, fortalece su sistema tributario, dinamiza su tejido industrial, agropecuario y manufacturero y, sobre todo, incrementa el ingreso de divisas. La receta del desarrollo económico aplicada en casi todos los países que lograron dar el salto de economías emergentes a desarrolladas consistió en articular políticas públicas orientadas a potenciar las ventas al exterior.
Esto se consiguió mediante el trabajo conjunto entre los gobernantes y el sector productivo, acompañado de incentivos, zonas francas, impuestos reducidos, diplomacia efectiva y un conjunto de acciones gubernamentales basadas en las competencias y ventajas competitivas de cada región. Esta idea ha estado presente en las distintas administraciones nacionales; sin embargo, por lo general, las iniciativas han fracasado debido a la burocracia, la corrupción y la falta de continuidad. No obstante, el principal enemigo de las bajas exportaciones per cápita que registra la economía colombiana es la tasa de cambio.
Impacto del dólar bajo en los exportadores
Una moneda local fuerte se traduce, en términos prácticos, en los escasos pesos que recibe un exportador después de cambiar los dólares obtenidos por sus ventas. Esto dificulta la financiación del modelo de negocio de su empresa o cultivo, ya que las divisas resultan insuficientes para cubrir salarios y adquirir insumos de producción. En otras palabras, un dólar tan barato como el actual es el principal obstáculo para aumentar las exportaciones, especialmente cuando se trata de materias primas como petróleo, café, flores o banano.
Comparación con la Alianza del Pacífico
Colombia presenta las exportaciones per cápita más bajas entre los países de la Alianza del Pacífico: aproximadamente US$1.300, mientras que en Chile alcanzan los US$5.000, en México los US$4.800 y en Perú los US$2.000. Hace décadas que la economía local no desarrolla una cartera moderna de exportaciones no tradicionales, a diferencia de lo que han hecho México, Chile y Perú, las economías más similares a la colombiana.
El dólar barato que se registra actualmente, en torno a $3.550 en las últimas jornadas, puede parecer una buena noticia en vísperas de elecciones; sin embargo, en el fondo es una situación perjudicial para miles de familias que dependen de las remesas, la producción de café, el cultivo de flores y las frutas cuyos mercados de compra están en Estados Unidos o Europa. Un dólar por debajo de $4.000 no es un buen aliado para los negocios en un contexto de inflación superior al 5% y costos laborales cada vez más elevados para los generadores de empleo.
Consecuencias a largo plazo
Si bien un dólar bajo puede favorecer la importación de maquinaria o insumos, a largo plazo reduce la competitividad de los bienes y servicios producidos en Colombia, pues la tasa de cambio es crucial para facilitar el negocio exportador. Actualmente, las exportaciones apenas superan los US$50.000 millones anuales y siguen concentradas en petróleo, carbón y oro. Para que más café, flores y frutas lleguen a otros mercados se requiere no solo un trabajo coordinado entre el sector productivo y el gobierno de turno, sino también un impulso a la estabilidad de la tasa de cambio, en torno a $4.000, que permita estructurar modelos de negocio perdurables en el tiempo.
Al fin y al cabo, la volatilidad cambiaria nunca es una buena aliada para la economía.



