La brecha digital en América Latina ya no depende únicamente de que exista infraestructura para conectarse a internet. Un estudio de la Universidad de La Sabana concluyó que la capacidad de pago es un obstáculo para ampliar el acceso, incluso en zonas donde la cobertura ya está disponible, poniendo el foco sobre la asequibilidad del servicio y planteando nuevos desafíos para las políticas públicas de conectividad en la región.
La brecha digital persiste pese al avance de la infraestructura
Aunque el estudio reconoce avances en cobertura y fortalecimiento de la infraestructura digital en la región, advierte que la desigualdad en el acceso sigue siendo un problema estructural. Explica que la brecha digital de primer nivel corresponde a las diferencias en el acceso físico a las tecnologías digitales, especialmente al internet de banda ancha.
Uno de los hallazgos más relevantes es que la existencia de infraestructura no garantiza que las personas puedan conectarse. Los autores señalan de manera explícita que la infraestructura no garantiza conectividad real, ya que el factor decisivo es si los hogares cuentan con los recursos suficientes para pagar el servicio y utilizarlo de manera permanente.
El estudio agrega que muchas personas viven en lugares donde existe cobertura técnica, pero siguen excluidas digitalmente porque no tienen capacidad económica para adquirir equipos, mantener una suscripción o contratar planes de datos y banda ancha.
Colombia mejora en velocidad, pero sigue a mitad de tabla en acceso
Dentro de los resultados, Colombia aparece en la posición número 15 de la muestra analizada en términos de cobertura de banda ancha fija, con 12,88 suscripciones por cada 100 habitantes. Los primeros lugares son ocupados por Barbados, San Cristóbal y Nieves y Uruguay.
Sin embargo, el panorama cambia cuando se observa la velocidad de conexión. En este indicador, Colombia ocupa el octavo lugar entre los países estudiados, con una velocidad promedio de 120,21 megabytes por segundo. Los investigadores destacan que esto refleja una realidad particular: el país cuenta con una calidad de servicio relativamente alta frente a otros mercados de la región, pero todavía enfrenta desafíos para ampliar el acceso entre la población.
Por otra parte, también señalan que los territorios rurales continúan siendo los más afectados por la desigualdad digital. Las dificultades geográficas, la dispersión poblacional y los menores ingresos hacen más compleja la expansión de los servicios de conectividad en estas zonas.
El acceso a internet depende del precio y de las habilidades digitales
El estudio encontró evidencia de que las ofertas diferenciadas pueden contribuir a mejorar el acceso. Con un nivel de confianza del 90%, los resultados respaldan políticas que adapten precios y paquetes a las condiciones de cada territorio.
Si para unos el paquete resulta extremadamente económico, será insostenible en el tiempo. Si para otros es excesivamente costoso, no podrán acceder a los servicios, explica el profesor Roberto García en el documento.
Con base en lo anterior, también subrayan que la solución no pasa únicamente por desplegar más redes. Facilitar el acceso a equipos tecnológicos, fortalecer la alfabetización digital y promover alianzas entre el sector público y privado aparecen como elementos necesarios para cerrar las brechas existentes.
El análisis advierte que algunas comunidades siguen enfrentando limitaciones para aprovechar la tecnología incluso cuando tienen acceso a ella, debido a la falta de habilidades digitales. Esto reduce las posibilidades de que la conectividad se traduzca en oportunidades laborales, educativas y sociales reales.
Así mismo, a modo de cierre, plantean que en una región donde solo el 58% de los hogares tiene acceso a internet y apenas el 43% cuenta con computador, el reto ya no es únicamente llevar redes a más lugares, sino lograr que las personas puedan utilizarlas de manera efectiva.



