Desde hoy y durante cinco días, se presenta en nueve ciudades colombianas, en el marco del ciclo de cine sobre arte de Cine Colombia, una película documental sobre uno de los pintores más polémicos del siglo pasado: Egon Schiele. Este artista retrató esas pulsiones humanas que su contemporáneo Sigmund Freud acababa de descubrir para el psicoanálisis.
Una mirada al documental 'Tabú'
La película, titulada Tabú, está dirigida por Michele Mally, quien también coescribió el guion junto a Arianna Marelli. La obra no está exenta de poesía ni de belleza, al igual que la obra de Schiele, que resulta cuestionable desde la sensibilidad actual. El propio Schiele previó las críticas: "Ninguna obra de arte erótico es obscena, cuando es significativa en los dominios de las artes. Deviene obscena sólo a través del observador, si él es obsceno".
Más allá del erotismo
El universo artístico de Schiele no se limita a la desnudez de los cuerpos, como podría pensar una mirada prejuiciada. Su obra, enigmática e inquietante, pinta figuras distorsionadas, cuerpos golpeados por la soledad y seres incomprendidos que se retuercen de angustia o dolor. En el fondo, Schiele nos habla de lo humano desde una óptica personal y única, por lo que podemos considerar su trabajo como arte: un retrato de la fragilidad humana y la dificultad de comunicarse con el otro.
En su diario, Schiele expresó su deseo de huir: "Quiero huir de Viena tan rápido como sea posible. Todo es feo aquí. Todos me tienen envidia y nadie es auténtico. Mis antiguos colegas me observan con miradas falsas. Reina la sombra en Viena; la ciudad es negra, todo sigue la norma. Quiero estar solo. Quiero irme a la selva bohemia. Mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre. Debo ver algo nuevo y estudiarlo. Probar aguas obscuras, ver la luz, el sol. Gozar de los valles verdes y húmedos en la noche. Cazar el destello de los peces dorados, observar cómo se amontonan las nubes blancas. Quiero hablar con las flores".
Flores como alegoría de la soledad
A pesar de la devastación y la locura de la guerra, Schiele también pintó flores. Sin embargo, no eran flores exuberantes, sino exangües, languidecientes y casi tristes. El crítico de arte italiano Elio Grazioli las describe como "todo lo opuesto de la exuberancia". Estas flores moribundas y hastiadas son una alegoría de la soledad humana, esa misma soledad que emana de los seres en sus pinturas, aunque parezca que se tocan y quieren abrazarse. Schiele retrata una soledad demasiado humana, una soledad que reivindica y nos reclama.



