“Cuando la gente hable sobre mí, quiero que susurren” es una de las frases que inmortalizó a Peter Hujar, fotógrafo e ícono de los retratos en blanco y negro en los años setenta. Pero, más allá de su arte, Hujar es recordado en el mundo del arte por su irreverencia, paciencia y fortaleza frente a sus posturas. Tanto así que artistas como Andy Warhol y Fran Lebowitz lo describen como “el muchacho que nunca parpadeó” y la persona que “le colgó el teléfono a cada distribuidor de fotografía importante en el mundo occidental”.
Un personaje icónico y mítico
Hujar era un personaje tan icónico como mítico. Para cuando murió, a los 53 años por complicaciones relacionadas al VIH, el fotógrafo sólo había publicado un libro (‘Retratos en vida y muerte’, 1976) y una exposición de su catálogo. “Esto no era por su falta de material. Era una posición –una postura– que él cultivó. Quería ser ‘uno de los reales’, el término del fotógrafo para artistas que evitaban la fama y el dinero para perseguir la integridad artística por fuera de lo mainstream. Estaba comprometido con las imágenes que quería crear, al diablo con todo lo demás”, explica el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), donde han residido sus obras.
Con todo esto, sobra decir que Ira Sachs (‘Passages’) no tenía una tarea sencilla a la hora de retratar al fotógrafo en 'Peter Hujar's Day' (‘Un día con Peter Hujar’). La cinta, que recientemente llegó a la distribuidora y plataforma de streaming Mubi, se basa en un libro de 36 páginas con el mismo nombre. El texto incluye una transcripción descubierta hace poco de una conversación grabada en 1974 entre la escritora Linda Rosenkrantz y su amigo íntimo, Peter Hujar.
Como parte del proyecto de Rosenkrantz para documentar un día en la vida de varios artistas, entre los que se encontraban amigos como Chuck Close, Hujar visitó su apartamento el 19 de diciembre de 1974 y relató con gran detalle cómo había transcurrido su día anterior, desde que se despertó hasta que se acostó. Su relato combina una aguda observación, una sincera autorreflexión y humor, dando vida tanto a la energía creativa como a las precarias realidades del Nueva York de los años setenta, junto con un retrato del propio Hujar como una persona exigente, astutamente divertida y profundamente apasionada por su arte.
El desafío de filmar una conversación
“El mayor desafío solo se me presentó cuando ya tenía el dinero, la locación y los actores, y me encaminaba hacia la producción. Entonces me di cuenta de que tenía que rodar la película y no tenía idea de cómo hacerlo. Llevé a dos actores a la locación y empezamos a bloquear escenas. Eran dos actores que hacían las veces de Ben (Whishaw, 'Skyfall') y Rebecca (Hall, 'Vicky Cristina Barcelona'). Empezamos a bloquear y me di cuenta de que el texto no sugería nada en términos de movimiento, porque básicamente eran dos personas con una grabadora, sentadas y hablando”, dijo Sachs en un encuentro virtual con medios donde estuvo EL TIEMPO.
Pero lo estático de la escena no le impidió al director crear un retrato profundo basado en elementos tan cotidianos como el movimiento del tiempo, el espacio, la luz y, sobre todo, el sentimiento. “El texto hizo gran parte del trabajo por nosotros, porque al ser verbatim trae de vuelta tanto el contenido como la forma que auténticamente pertenece a otro tiempo. Contiene todos los elementos: las personas, los espacios, las descripciones, cómo habla. El detalle de cómo interactúan las personas, la naturaleza de que alguien pase a visitarte o te llame por teléfono —cosas que ya no hacemos: alguien tocando una puerta, alguien llamando—. Estos rituales del pasado están contenidos ahí. No me intimidó Peter porque nunca lo conocí y no lo estaba creando. Era muy consciente de que era una ficción”, confiesa Sachs a este diario.
La duda como motor artístico
Y en esa misma ficción, el director vio reflejadas desde sus pasiones hasta los miedos que todo artista puede llegar a tener. “Creo que hay mucho de mí, o cosas que deseo, o cosas que tengo, o cosas que me interesan sobre la naturaleza del lenguaje entre artistas, sobre las conversaciones y las intimidades y las amistades [en la película]”, confesó Sachs y agregó: “lo que encuentro más íntimo para mí, es algo que solo noté cuando la película estaba terminada y la veía como espectador: que Peter, además de la sustentabilidad económica, lo único que parece interesarle de verdad es si tomó o no una buena foto de Allen Ginsberg. Y está consumido por la duda”.
En el relato de su día, Hujar incluye, además de una conversación telefónica con Susan Sontag, el haber fotografiado a un molesto Allen Ginsberg para la revista Times. Y es que, si Peter Hujar se convirtió en un referente de la escena artística del bajo Manhattan en los setenta y ochenta con los dilemas de intentar pagar sus facturas, pero sin dejar de hacer lo que le apasionaba con todo e inseguridades –algo que incluso podría recordar al Jonathan Larson de 'Superbia' o 'Tick, Tick… Boom' un par de años después–, Ginsberg era ese ícono de la poesía y de la vida bohemia que acompañaba (y aún acompaña) a los artistas independientes.
“Creo que eso me resulta tan íntimo como cualquier cosa en mi vida: el lugar que ocupa la duda en el proceso de hacer arte. El hecho de que Peter Hujar, el fotógrafo monolítico y canónico, básicamente solo tenga miedo de sentir vergüenza o humillación por su trabajo me hace sentir menos solo”, confiesa Sachs.
Una Nueva York que ya no existe
Y es que entre las dudas de Hujar, y lejos de ser intencional, quedó plasmado un retrato de una Nueva York que hoy por hoy no existe. “Diría que ya no existe como tal, pero me siento parte de una continuidad. Hay muchas ciudades, para mí, que ya no existen; pero esta, incluido su pasado, existen. Creo que las cosas pueden existir aunque ya no estén aquí. Y creo que eso es muy importante. El lugar de la vida en conflicto con la muerte es parte de esta película, porque hubo una desaparición de toda una generación a causa de la crisis del Sida. Y creo que simplemente hay que enfrentarse al duelo”, agrega el director.
Esa continuidad también se ve representada desde lo técnico de la cinta. ‘Un Día con Peter Hujar’ fue rodada en película Kodak de 16 mm con textura, un formato que también utilizó Simón Mesa Soto en ‘Un Poeta’ y por el que los fotógrafos suelen optar para traer nostalgia y estilos vintage. De hecho, la evocadora representación del centro de Nueva York en la década de 1970 fue llevada a cabo con gran realismo por el diseñador de producción Stephen Phelps ('Anora').
Sachs, que llegó al proyecto sin saber cómo filmar una conversación y salió con una película sobre el tiempo, la duda y la continuidad, lo resume con una paradoja que bien podría haber dicho el propio Hujar: “Fonzie —que es como llamamos a nuestro editor— tiene ideas asociativas que me abruman por su originalidad. Y los dos seguimos aprendiendo activamente como artistas y nunca hemos parado”. Esto es, probablemente, lo que une al director con su retratado: la convicción de que el arte funciona como un estado permanente de incomodidad productiva.



