La película "Backrooms" de Kane Parsons se sitúa en un punto medio entre el cine comercial y el de nicho, según la crítica especializada. Este largometraje, que surge de una popular serie web en YouTube, explora el concepto de "espacios liminales", lugares de transición que no están diseñados para ser habitados, como parqueaderos, bodegas, oficinas y aeropuertos, caracterizados por una estética desconcertante y nostálgica.
Una trama que sirve de excusa
La historia sigue a Clark, dueño de una tienda de muebles que, en un momento crítico de su vida, ingresa accidentalmente a los backrooms. Sin embargo, la trama es más un recurso para presentar el entorno que un desarrollo profundo de personajes. El guion cae en convenciones del suspenso que no logran despegar, descuidando las motivaciones de los protagonistas y dejando en superficie elementos de terror corporativo y ciencia ficción que podrían haber sido más explorados.
Atmósfera como protagonista
Cuando la película se enfoca en la atmósfera, logra ser atrapante. Utiliza recursos como el found footage, silencios agobiantes y luces descoloridas, que le otorgan una personalidad única. Lo más interesante es que no explica lo que sucede, sino que se queda en lo liminal, proponiendo sensaciones antes que respuestas. Este estilo propio, desolado, es un sello del autor y refleja la influencia de la cultura digital que ha popularizado esta estética.
Entre dos mundos
La película intenta satisfacer tanto al público familiarizado con los backrooms como a los recién llegados, pero se queda a medio camino. Tiene ideas innovadoras, pero cae en lugares comunes que le restan contundencia. Funciona como una puerta de entrada al concepto de los backrooms y a las narrativas virtuales que están atrayendo a grandes productoras y audiencias masivas interesadas en proyectos divergentes. La cinta invita a explorar el laberinto del sótano y perderse en sus texturas, con el cine y la comunicación digital como guías.



