Rafael Zea nunca imaginó que sería actor. Cuando estudiaba en un colegio público en la localidad de Kennedy, en Bogotá, su sueño era convertirse en biólogo marino. Sin embargo, recuerda que el teatro siempre le llamó la atención, descubierto en juegos con sus compañeros. Su padre, con sabiduría, quiso ayudarlo a resolver la disyuntiva antes de terminar el colegio.
“Me compró una enciclopedia de Jacques Cousteau y me inscribió en la Casa del Teatro Nacional para que tomara talleres juveniles”. Cuando cursaba el último año de bachillerato, la psicóloga del colegio citó a sus padres para decirles “que el lugar donde yo era feliz era en el escenario”. El dilema desapareció. Zea se convirtió en estudiante de Arte Dramático en la ASAB (Academia Superior de Artes de Bogotá) de la Universidad Distrital, adonde llegó como alumno aventajado gracias a las instrucciones que había recibido durante meses en los talleres de teatro.
Vivir de la actuación y nada más
Se graduó en 2003 y desde entonces vive exclusivamente de la actuación. Nunca ha tenido que recurrir a otros oficios, ni siquiera durante la pandemia, cuando junto a un grupo de colegas se las arregló para hacer teatro virtual. Recuerda que recién salido de la universidad consiguió lo que llama “el trabajo perfecto”. Gracias a un hermano que trabajaba en una petrolera, lo contrataron para llevar clown a resguardos indígenas como parte de un proyecto social. “Se mezclaban las dos cosas: la actuación y el asunto de los animales, que me gustaba. Trabajaba en las escuelas con los niños de los resguardos y cuando terminaba, cogía una canoa y me iba a ver animales”.
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La carrera de Zea abarca todo tipo de roles. El actor, que actualmente interpreta a ‘El Dorado’ en ‘Criado por sicarios’, serie de Disney protagonizada por John Leguizamo, logró un alto reconocimiento como Michael Giovanny en ‘El man es Germán’, su segundo papel en pantalla.
Zea, quien ha dejado su sello en producciones como ‘Vecinos’, ‘Esmeraldas’, ‘Doctor Mata’, ‘El estilista’, ‘Klass 95’, ‘La niña’ y ‘Polvo carnavalero’, construye sus personajes con una combinación artística: la intuición, lo aprendido en la academia, el trabajo de campo y los años de experiencia le han enseñado “que no hay un método en particular, en mi caso, depende de cada rol”.
Las heridas de la niñez
Actualmente está en temporada con la obra ‘Por una nariz’. Allí interpreta al presidente electo de Colombia que, a punto de dar su primer discurso, sufre una molestia en la nariz que le impide hablar. Más allá de una dolencia física, la obra revela que en realidad está traumatizado por eventos de su niñez que debe superar para poder dirigirse a la audiencia.
Si bien Zea aclara que no fue abandonado emocionalmente por su padre, como le ocurre a su personaje, reconoce que todos los seres humanos cargan con heridas de la infancia, y él no es la excepción. “Yo no tuve, por fortuna, un rechazo de mi padre, pero sí una especie de abandono, por decirlo así. Eso hizo que de niño siempre quisiera llamar su atención. Ya en mi adultez, necesito mucho el afecto de las personas, necesito llamar la atención, necesito aprobación. Hay un texto del Presidente en la obra, cuando el psiquiatra le dice: ‘usted lo que necesita es el amor de la gente, que la gente lo abrace, que la gente se levante’. Yo me reía porque decía: ‘esto es justo lo que me pasa’. Claro, acá lo cuento riéndome, pero no es fácil para alguien estar todo el tiempo necesitando esa aprobación, sentirse aceptado por los vacíos que uno tiene de niño”.
Repetir el mismo texto en cada función no representa una carga para el actor, que cumple 23 años de carrera. No se estresa; al contrario, para él es una especie de terapia que no llega de manera consciente pero que identifica bien. “Hay momentos en que un actor nunca actúa. Me refiero a que entre más sincero es el actor, más comprometido está con el juego que hace, menos actúa, más vive lo que está pasando. Eso me pasa en la obra. Aquí no comienzo a actuar, uno se suelta y aprovecha, de paso, para sanar ciertas heridas”.
A pesar de que el teatro le ha servido para reflexionar sobre sus vacíos y, quizás, sanarlos, esa no es su motivación para subirse al escenario. Para él, “es regresar a la casa”, donde se siente cómodo. “Aunque me encanta la televisión y el cine, el teatro es distinto. Algunos creen que todas las noches es la misma obra, pero no, todas las funciones son distintas, ninguna se repite”. Admite que, a diferencia de lo grabado, el teatro lo deja “para recoger con cucharita, y más cuando hay doble función en el día”, pero con todo y el cansancio físico, es algo que “necesita el alma”. Además, “hay algo energético en hacer teatro”.
El duelo
En su vida personal, Zea atraviesa el duelo de la ruptura. Se separó el año pasado de la también actriz Juana Arboleda, a quien vimos como Brenda Piedrahita en ‘La reina del flow’. Aunque admite que fue un proceso doloroso que aún cuesta, mantiene una relación cordial con la artista que fue su pareja durante 17 años.
“Uno no puede cortar de raíz y decir ‘bueno, chao, ya no estamos’. Eso hace parte del duelo: irse desprendiendo, ir cerrando vínculos. Todo eso hace parte del duelo. Ella es una gran mujer, una mujer extraordinaria, entonces todo ha sido en los mejores términos”.
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La obra ‘Por una nariz’, protagonizada por Rafael Zea junto a Carlos Manuel Vesga, se presenta en temporada en el Teatro Nacional de la Calle 71 los jueves y viernes a las 8 p.m. y los sábados en doble función: 6:00 y 8:30 p.m. La pieza es dirigida por María Adelaida Palacio.



