Berenjena, arveja y remolacha: la primera cena de los 10 años de Casa Lėlytė
Berenjena, arveja y remolacha: cena de aniversario de Casa Lėlytė

Una berenjena, una arveja y una remolacha fueron los protagonistas de la primera cena con la que Casa Lėlytė celebró sus 10 años. Este restaurante, conocido por su enfoque en la comida vegetal, planea realizar varios eventos durante el 2026 para conmemorar su década de existencia y el creciente protagonismo de los vegetales en la gastronomía.

El inicio de la celebración

La idea surgió hace un mes, cuando María Angélica Bernal, dueña y chef del lugar, junto a su equipo, decidió festejar a fuego lento durante todo el año. Para ello, organizaron una serie de cenas en las que cocineros invitados debían crear entrada, plato fuerte y postre. Los comensales llegaban con el estómago vacío para disfrutar de tres platos diseñados para cada tiempo.

En esta primera cena, los chefs invitados fueron José Iskandar, conocido en internet como el Foodógrafo; la propia María Angélica Bernal; y Ana Galvis, también mente creativa de Ukiyo, restaurante que fusiona lo mejor de Colombia con lo asiático. Cada uno trabajó con un vegetal: José con la berenjena, María Angélica con la arveja y Ana con la remolacha.

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José Iskandar: el Foodógrafo que cocina

José Iskandar, un hombre flaco, alto, con acento venezolano, algunas canas y linaje libanés, no es chef de profesión ni fotógrafo, pero ambos caminos se han apoderado de su vida. Ha aprendido a capturar lo apetitoso de la comida con su lente y también lo artístico que hay en una sopa, una arepa o un cremoso de frutas. Esto lo llevó de congelar comida a través de fotos a cocinarla. Las personas lo siguen en redes sociales, asisten a sus cursos gastronómicos, preparan sus recetas y, en esta ocasión, lo acompañaron en su debut como cocinero.

Su día comenzó temprano: al abrir los ojos, lo primero que imaginó fueron sus berenjenas. Repasó mentalmente los ingredientes: panela, quinua, plátano, caraotas, ají, almendras, cacao. Debía preparar más de 40 platos con esos ingredientes y tenía al menos 12 horas para lograrlo. Prefirió no almorzar; toda su atención se la robó ese brigadeiro vegano que tenía que preparar. Corría de un lado para otro, mientras su papá dormía en la sala. Le había dicho que sería su ayudante, pero en algún momento simplemente se rindió. Lo que cocinaba debía llegar casi listo al restaurante. Pensó en transportarlo en ollas de cerámica elegantes, pero al ver que sus brazos no podrían con el peso, las reemplazó por cocas.

Ya de noche, no podía ocultar su sonrisa, pero tampoco su cansancio, mientras controlaba los fogones y recibía a los comensales.

El ambiente de Casa Lėlytė

Casa Lėlytė es más que un restaurante de comida vegetal; parece un centro de bienestar. Al entrar, mesas redondas y poltronas cómodas dan la bienvenida. En el piso de arriba hay habitaciones acogedoras para quienes busquen hospedaje. El verdadero corazón del lugar está en el patio, donde las plantas se funden con las paredes y las sillas parecen extensión de la naturaleza.

Los platos de la cena

La experiencia comenzó con una empanada de maíz criollo y remolacha crocante, acompañada de coliflor asada, queso de marañón tostado, albahaca y un ají de ruibarbo con chile morita y chipotle. También sirvieron un indio de hoja de parra bien árabe y aromático, relleno de caponata de berenjena y quinua, acompañado de taratur, una salsa libanesa de tahini y limón. Además, una tartaleta con sabores sofisticados de semillas y un cremoso de arveja, varias arvejas ahumadas, rábano encurtido, tierra de hongos y nueces.

Para el plato fuerte, se sirvió un hummus de alubias y remolacha con un color violeta llamativo, servido con vegetales a la leña, dukkah y crackers de semillas. Luego, un puré de boronía, que une lo dulce del plátano con lo terroso y suave de la berenjena, junto a caraotas negras cocinadas en un guiso de ají dulce y panela orgánica. Para terminar el segundo tiempo, un mame de arveja, mozzarella y yuca acompañado de un estofado de orellanas y arveja, espuma de macadamia y más arvejas.

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Con los comensales a reventar, llegaron los postres. Eran tan apetitosos que en la panza de muchos se abrió un campo para probarlos: una cucharadita de red velvet de remolacha esponjoso y húmedo, con compota de agraz y limonaria, crema de coco y pensamientos del jardín; una probada al brigadeiro de berenjena, almendras y cacao, que se derrite en la boca; y un mordisco a una repollita de arroz y arveja servida con coulis de arveja, azahar, feijoa y cardamomo, más crema pastelera de jengibre, sal agridulce de arveja, limón y pistacho, que le daban un toque herbal.

El recorrido por los sabores

Con esto concluyó un paseo profundo de dos horas por los sabores de la remolacha, cultivada en Boyacá y Cundinamarca; las berenjenas del Caribe colombiano; y la arveja, también de la región andina. Casa Lėlytė demostró que la comida vegetal abarca todos los sabores que se producen al dejar carnes y sus derivados fuera del plato, poniendo en el centro todo lo que produce la tierra, que bajo buenas manos siempre sabe demasiado bien.

“¿Vuelves a repetir la experiencia?”, le preguntaron a José Iskandar. “Con más manos ayudándome, me animo”, respondió, cansado, sentado, pero feliz. Se paró y se fue a tomar fotos con su ayudante poco colaborador, a quien fuera de la cocina llama papá, y con su mamá.