El enfermero congoleño Etienne Enzo, de 44 años, confiesa a EFE que ha visto la muerte de cerca. Contagiado de ébola en la provincia de Ituri, epicentro del brote en el este de la República Democrática del Congo (RDC), logró curarse y ahora comparte su experiencia para crear conciencia.
Un renacimiento tras la enfermedad
Enzo es uno de los cuatro enfermeros contagiados que posaron junto al director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, en Bunia, mostrando con orgullo los certificados de recuperación. Para él, derrotar al ébola representa un renacimiento, luego de que su dedicación al cuidado de pacientes casi le costara la vida.
Los primeros síntomas
“Amo mi trabajo”, afirma el sanitario, quien recuerda que todo comenzó durante sus rondas habituales en el hospital. “Me sentí mareado, avisé al equipo y minutos después empecé a vomitar profusamente, con picazón en todo el cuerpo y diarrea. Me preguntaba qué me pasaba”.
Gracias a que los síntomas aparecieron en el trabajo, sus compañeros le brindaron atención inmediata. Lo llevaron al hospital, donde se habilitó una zona para ébola. La primera prueba dio negativo, pero los médicos continuaron tratando los síntomas como diarrea, fiebre y vómitos.
Aislamiento y fe
El aislamiento estuvo marcado por una profunda angustia familiar. “Mi familia y amigos estaban muy preocupados. Yo mantuve mi fe en Dios, a pesar de que un médico había fallecido de ébola días antes. Estuve aislado, pero no me dejé vencer por el miedo”, relata emocionado.
Tras siete pruebas, llegó el diagnóstico positivo. “Continué con el tratamiento sintomático. Cuando vomitaba, me administraban medicación; para la diarrea, líquidos y zinc. Los equipos médicos hicieron todo para aliviar el dolor y estabilizarme”, explica.
Una victoria considerada una bendición
Enzo fue declarado curado el domingo pasado. “Soy un luchador. Estaba en terreno cuando contraje el virus y hoy estoy vivo. ¿Soy mejor que aquel médico que murió? No. Es gracias a Dios”, dice con humildad. Aunque ha vuelto con su familia, aún no retoma sus actividades profesionales.
Ahora dedica su tiempo a crear conciencia sobre los peligros del ébola, con apoyo del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP). “Esta enfermedad es real y mata. Debemos protegernos, evitar el contacto de riesgo y abandonar prácticas como tocar los cuerpos de los fallecidos. La prevención sigue siendo nuestra mejor arma”, enfatiza.
Contexto del brote
La historia de Enzo encarna un mensaje de esperanza para las comunidades afectadas por la decimoséptima epidemia de ébola en la RDC, desde que el virus se detectó en 1976. Según el Instituto Nacional de Salud Pública, hay 381 casos confirmados, incluidos 64 fallecimientos. El brote se ha propagado a Uganda, con dieciséis casos confirmados y una muerte importada de la RDC.
La cepa Bundibugyo tiene una tasa de letalidad entre el 30 % y 50 %, según la OMS, y no existe vacuna autorizada ni tratamiento específico para esta variante, lo que representa un desafío adicional.



