Cómo la Generación Z esquiva la censura digital con VPN y Bluetooth
Generación Z esquiva censura digital con VPN y Bluetooth

Cuando redes sociales como TikTok, Instagram o Discord irrumpieron en el ecosistema digital, fueron catalogadas como espacios de ocio o entretenimiento viral. Sin embargo, su evolución –desde sistemas de recomendación basados en algoritmos hasta arquitecturas cerradas de servidores– las ha convertido en plataformas que permiten organizarse incluso bajo censura estatal.

En ciudades como Katmandú, Lima, Rabat, Antananarivo y otras capitales donde los gobiernos han intentado controlar la conversación pública, la ‘Generación Z’ encontró en los algoritmos no solo un espacio simbólico, sino una infraestructura tecnológica capaz de sostener movilizaciones espontáneas, descentralizadas y sin líderes visibles.

Su fuerza reside en tres pilares: el uso estratégico de plataformas con baja visibilidad gubernamental (Discord, Telegram), el establecimiento de capas de anonimato mediante VPN y la adopción de sistemas de conexión alternativos –como Bluetooth o redes mesh– ante bloqueos o apagones.

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Discord: servidores cerrados como arquitectura de protesta

Aunque nació como plataforma para gamers, Discord funciona sobre una lógica que favorece la organización horizontal: servidores privados, canales segmentados, comunicación simultánea por voz, texto y video, y la posibilidad de operar sin algoritmos de amplificación pública.

En Marruecos, esta estructura permitió que el servidor GenZ 212 reuniera a más de 180.000 usuarios en cuestión de días. Sus características técnicas son cruciales para entender por qué fue adoptada: allí, cualquier usuario puede crear un espacio aislado del resto de la red y dividir la conversación por regiones, roles o tareas específicas. Además, como no exige número telefónico, los jóvenes pueden operar con pseudónimos.

Esto convierte a Discord en una especie de intranet social, en la que las decisiones se toman mediante votaciones internas y donde las comunicaciones son menos susceptibles de ser rastreadas por mecanismos tradicionales de monitoreo estatal.

“Discord ganó mucha popularidad en la pandemia; sin embargo, no es una plataforma de mensajería superprivada. En términos de seguridad, está al mismo nivel que Telegram, por lo que parte de su uso masivo está ligado a su popularidad entre los más jóvenes”, explica Juan Diego Mesa, magíster en TI y consultor en desarrollo web.

En Perú, procesos similares se originaron en espacios inesperados: partidas de videojuegos como PUBG –un videojuego de batalla en línea multijugador– sirvieron, a través de sus chats internos, como primeras salas de coordinación entre los manifestantes. Desde allí, los usuarios migraban a Discord, Telegram o grupos privados de WhatsApp, replicando un patrón: comenzar en una red cerrada, organizarse en otra más estable y amplificar en una pública.

“Todo viene desde el último levantamiento juvenil, el que provocó la caída de Merino. La red privada donde luego se consolidó el movimiento pertenecía a los premios Inti, un certamen nacional que buscaba reconocer a jóvenes en categorías de danza y música. Sin embargo, esa misma red terminó convirtiéndose en el punto de partida de uno de los movimientos sociales más grandes del país”, cuenta Orlando ‘Lando’ Carrasco, una de las caras visibles de la ‘Generación Z’ en Perú, al añadir: “Lo único que se necesitaba a partir de ese momento era agruparlos, organizarlos en distintos canales y luego enlazarlos a un grupo mayor”.

VPN: la capa que hace posible la evasión de bloqueos

El caso de Nepal, donde el 1.º de septiembre de 2025 el Gobierno anunció la suspensión de más de 25 plataformas digitales –entre ellas Facebook, Instagram, X, WhatsApp y YouTube–, argumentando que estas empresas no habían cumplido con los requisitos de registro nacional, mostró hasta qué punto las VPN (Virtual Private Network) se han convertido en un instrumento central de la acción colectiva digital.

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En ese país, según datos recopilados por la organización DataReportal, alrededor del 80 por ciento del tráfico de internet se realiza a través de plataformas sociales. El país registra, además, 14,3 millones de usuarios activos en Facebook, 3,9 millones en Instagram, 2 millones en LinkedIn y casi 400.000 en X. Para millones de nepalíes, tanto en el país como en el extranjero, estas plataformas son un medio vital para mantener a flote sus negocios, comunicarse e informarse.

De ahí que, para gran parte de la ‘Generación Z’, la medida fuera percibida como un intento de silenciar a la ciudadanía, especialmente a los más jóvenes, quienes, sin acceso a redes sociales, recurrieron a estas conexiones privadas. Entre el 3 y el 7 de septiembre, según datos publicados por Proto, un popular proveedor de VPN, hubo un aumento del 8.000 por ciento en las suscripciones a su servicio en Nepal.

A través de ese servidor cifrado, los jóvenes –como también ha ocurrido en Marruecos– consiguieron conectarse al canal de Discord Youths Against Corruption (Jóvenes contra la Corrupción). Desde allí no solo difundían las ubicaciones de los mítines, sino también guías para las manifestaciones, con el fin de evitar choques violentos y reducir el riesgo de represalias por parte de las autoridades.

Para entender por qué esta herramienta resulta clave en contextos de movilización, conviene explicar brevemente cómo funciona. Desde un punto de vista técnico, una VPN opera mediante un proceso relativamente simple: cifra la conexión de punta a punta, redirige el tráfico a través de un servidor externo, oculta la dirección IP real del usuario y permite reenviar la información como si la navegación ocurriera en otro país.

“Es una forma técnica de crear una especie de túnel en el que las restricciones tecnológicas que impone un gobierno no se aplican debido a que este no es capaz de darse cuenta de quién está conectado a determinado sitio web. Por eso, se ha vuelto muy popular en países como China y Corea del Norte”, añadió Mesa.

Datos citados por Forbes Advisor muestran que unas 1.600 millones de personas utilizan redes privadas virtuales (VPN) en todo el mundo. Las tasas de adopción varían notablemente por región. Según datos recopilados en 2025 por la web especializada BestVPNZone, Asia-Pacífico encabeza el uso mundial, con Indonesia (55 por ciento) e India (43 por ciento) como los países con mayor penetración de estas plataformas. Le siguen Europa y América del Norte, aunque con restricciones –sobre todo para combatir su uso en acciones ilegales– que, en algunos casos, condicionan ese crecimiento.

En Myanmar, por ejemplo, el régimen militar impuso en 2024 un sistema de censura que endureció las restricciones al uso de VPN. Algo similar ocurre en China, que, según un informe de Freedom House, figura entre los países con mayores limitaciones a esta herramienta y donde se imponen cuantiosas multas a quienes acceden a estos servidores.

El perfil demográfico también revela una tendencia relevante y que se liga a este movimiento: el 39 por ciento de los usuarios globales de VPN pertenece al grupo de 16 a 24 años, lo que convierte a la ‘Generación Z’ en la principal usuaria de esta herramienta.

El regreso del Bluetooth y las redes mesh

Pero, así como los jóvenes logran evadir la censura en redes sociales y páginas web, los gobiernos también encontraron formas de neutralizar la efectividad de las conexiones cifradas. Según un informe de Amnistía Internacional de noviembre de 2024, hay gobiernos que hoy despliegan cortafuegos nacionales –barreras originalmente diseñadas para proteger equipos de ciberataques– capaces de bloquear sitios, filtrar palabras clave, inspeccionar a fondo el tráfico digital e incluso detectar y desactivar conexiones cifradas, como las de las VPN.

Estas herramientas permiten restringir el acceso a plataformas de mensajería, redes sociales o medios independientes, sobre todo durante protestas o procesos electorales. Dicha organización advierte que este tipo de censura digital se aplica con frecuencia sin controles judiciales ni transparencia, lo que permite a los gobiernos transformar herramientas de seguridad informática en mecanismos de vigilancia masiva y de silenciamiento político.

Es en este contexto donde la ‘Generación Z’ revela su mayor fortaleza: la capacidad de adaptarse, recurriendo a métodos que requieren aún menos infraestructura tecnológica y que resultan mucho más difíciles de anticipar para los gobiernos. El ejemplo más evidente es el uso del Bluetooth, una tecnología que durante mucho tiempo se limitó a conectar audífonos inalámbricos o facilitar el intercambio básico de archivos.

Su utilidad en el contexto de las protestas radica en que permite enviar datos entre celulares sin necesidad de conexión a internet y, además, integrarse en redes mesh, donde cada teléfono funciona como un amplificador que retransmite información imposible de intervenir por el Estado. Es decir, convierte cada celular en un pequeño router que transmite datos a otros teléfonos cercanos sin depender de internet.

En Nepal, aunque estas prácticas no alcanzaron la escala registrada en Hong Kong en 2019 –cuando, según un informe del Real Instituto Elcano de octubre, herramientas como FireChat o AirDrop permitieron mantener comunicaciones durante días de protestas masivas–, varios jóvenes comenzaron a experimentar con aplicaciones inspiradas en esos sistemas, como Bitchat. El objetivo era crear canales que mantuvieran la comunicación incluso durante un apagón digital, por lo que la convocatoria para descargar la aplicación se difundió en foros de Reddit.

La versión para Android de Bitchat fue creada por un desarrollador de código abierto apodado bajo el pseudónimo de ‘Calle’, un tecnólogo especializado en Bitcóin. “Hoy estamos viendo un aumento aún mayor en Nepal durante las protestas juveniles por la corrupción gubernamental y la prohibición de las redes sociales. La tecnología de la libertad es para la gente. Por favor, compártala”, dijo ‘Calle’ en X luego de que más de 48.000 descargas se registraran solo el 8 de septiembre en Nepal, lo que representó más del 38 por ciento del total de instalaciones en ese momento.

‘Calle’ explicó a Forbes que Bitchat todavía está en pleno proceso de desarrollo, pero que las pruebas recientes en lugares como Indonesia y Nepal aceleraron su evolución. Al mismo tiempo, plataformas como TikTok, Instagram o Facebook siguen siendo clave, sobre todo para visibilizar el impacto de las movilizaciones.

La ‘Generación Z’, además, aprendió a distinguir entre espacios vulnerables a la vigilancia –feeds públicos y algoritmos– y plataformas pensadas para organizarse de manera segura: servidores cerrados, redes privadas y chats cifrados, lo que ha facilitado su capacidad de movilización y de planeación.