La genética, el almacenamiento de semillas y los satélites son tres herramientas clave que emplea la Organización Mundial de la Agroforestería (ICRAF) para enfrentar la inseguridad alimentaria, el cambio climático y la deforestación en África, al mismo tiempo que fomenta la conservación y el uso sostenible de los recursos agroforestales.
Un tesoro genético en Nairobi
Con sede en Nairobi, ICRAF preserva 248 especies de árboles agroforestales en el bosque de Karura, un pulmón verde de más de 1.000 hectáreas ubicado al norte de la capital keniana. "Esto es un verdadero tesoro que se conserva para las generaciones futuras, para la humanidad", declaró el científico forestal Prasad Hendre durante una visita de periodistas a las instalaciones de ICRAF. La organización ha establecido la Alianza del Paisaje (Landscape Alliance) junto con el Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR), con sede en Indonesia.
"Todo lo que conservamos aquí no es propiedad del instituto. Simplemente lo custodiamos para el bien público global", añadió Hendre. El recorrido se realizó con motivo del lanzamiento de la Alianza del Paisaje y del Día Mundial del Medioambiente, celebrado este viernes. EFE pudo conocer el banco genético, cuya principal labor es conservar semillas útiles para la agricultura.
Especies clave para la agricultura
Una de las semillas almacenadas pertenece al árbol perenne y espinoso Faidherbia albida, conocido como espina de invierno, nativo de África y Oriente Medio. Este árbol se planta a menudo en campos de maíz debido a su capacidad para fijar nitrógeno, controlar la erosión y proporcionar sombra, lo que beneficia directamente a los agricultores. "Plantamos estas especies agroforestales entre los cultivos, y hemos recomendado algunas de ellas a los agricultores, pues proporcionan una sombra que filtra la luz solar, lo que favorece el rendimiento del coco, del café, del té y de muchos otros productos", explicó Hendre.
Actualmente existen unos 30 proyectos similares en toda África, incluidos países afectados por conflictos y yihadismo, como Malí o Burkina Faso, donde el trabajo "a veces se vuelve un poco difícil", aunque sus equipos "siempre" intentan continuar, según el experto.
Cerrar las brechas alimentarias
La investigadora de sistemas alimentarios Dorah Mommanyi señaló que en algunas iniciativas se promueve la plantación de árboles aceptados culturalmente por las comunidades locales, adaptados ecológicamente a la zona y que aporten alimento. "Buscamos árboles que produzcan frutos en enero, febrero, marzo... durante todo el año", especificó. Puso como ejemplo la producción de mango en Kenia, que abarca principalmente de noviembre a marzo, dejando un vacío el resto del año.
Encontrar diferentes especies que "cierren las brechas" de alimentación permite abastecer a las comunidades durante todo el año y evitar periodos de escasez. Además, contribuye a hacer del mundo un lugar más verde, en un momento en que la superficie forestal global se redujo en más de 41 millones de hectáreas (cerca de un 1%) entre 2015 y 2025, según el Informe sobre los Objetivos Forestales Mundiales 2026.
El papel de los árboles en el clima
Aster Gebrekirstos, jefa del departamento de dendroecología de ICRAF, habló sobre el "papel fundamental" de los árboles en la mitigación del cambio climático. Los árboles proporcionan datos sobre el clima, incendios o plagas a lo largo de décadas, siglos e incluso milenios. "Los árboles han estado presentes en el medio ambiente durante miles de años. Todo esto nos proporciona mucha información, dependiendo de lo que queramos saber sobre los árboles y cómo han sobrevivido a los diferentes climas: las estaciones secas y húmedas, las cálidas y frías", aseguró.
Mediante análisis por computadora y el estudio de las marcas en muestras de troncos, Gebrekirstos observó un aumento en la frecuencia e intensidad de las sequías en las últimas décadas.
Suelos y satélites
Investigar los suelos también es crucial para conocer la salud de los ecosistemas, según Dickens Ateku, jefe de laboratorio del departamento de Salud del Suelo y de la Tierra. Esto se realiza tanto mediante muestras del terreno como con imágenes satelitales. A través del protocolo Marco de Vigilancia de la Degradación de la Tierra (LDSF), los científicos dividen las superficies terrestres en partes de 100 kilómetros cuadrados, cada una con parcelas de 1.000 metros cuadrados, subdivididas en cuatro fincas de 100 metros cuadrados, de donde se recogen muestras a cuatro profundidades, desde la capa superficial hasta el subsuelo.
"Mediante estadística y quimiometría, podemos extraer y determinar las propiedades que nos interesan: comportamiento, materia orgánica del suelo, carbono, nitrógeno, textura del suelo, macronutrientes extraíbles y otros componentes macroscópicos", explicó Ateku. Estas muestras también permiten observar la degradación del suelo y su uso pasado y actual.



