La escasez de agua se ha convertido en uno de los principales desafíos que enfrentan numerosas regiones del mundo. El crecimiento de la población, los cambios demográficos, las sequías más frecuentes y el aumento de las temperaturas están ejerciendo una presión creciente sobre los recursos hídricos disponibles. Ante este escenario, la desalación ha ganado protagonismo durante las últimas décadas como una herramienta capaz de transformar agua de mar en agua apta para el consumo humano y para actividades productivas.
Actualmente, más de 300 millones de personas dependen, de una u otra forma, del agua obtenida mediante procesos de desalación. Sin embargo, el propio sector enfrenta desafíos relacionados con el consumo energético, la disponibilidad de suelo para instalar infraestructuras y los efectos ambientales asociados a la gestión de los residuos generados durante el proceso.
Sebastian Feimblatt, cofundador y co-CEO de Ocean Oasis, una nueva iniciativa tecnológica, sostiene que la industria debe avanzar hacia modelos capaces de reducir su dependencia de la red eléctrica y de los combustibles fósiles. Según explica, muchas de las regiones donde la escasez de agua es más intensa también presentan limitaciones energéticas o dificultades para desarrollar nuevas infraestructuras terrestres.
“El problema es cada vez más agudo. Tenemos menos recursos disponibles en muchas zonas y las condiciones climáticas son más cálidas y secas. La desalación ha sido una solución durante años, pero ahora también necesita resolver sus propios desafíos”, señaló a Portafolio en la antesala del South Summit, en las instalaciones de la IE University en Madrid.
El reto energético y ambiental de la desalación
La desalación convencional requiere grandes cantidades de energía para separar la sal y otros componentes presentes en el agua marina. Esta necesidad energética ha convertido el acceso a electricidad abundante y estable en uno de los factores determinantes para la viabilidad de nuevas instalaciones. En numerosas regiones costeras, especialmente en áreas alejadas de los principales centros urbanos, la capacidad de la red eléctrica resulta insuficiente para alimentar plantas de gran escala. A ello se suma la competencia por el uso del suelo, un recurso cada vez más escaso en determinados territorios insulares y litorales.
Feimblatt afirma que la dependencia de la electricidad convencional puede limitar la expansión de la desalación precisamente en aquellos lugares donde más se necesita. Según su análisis, muchas comunidades enfrentan simultáneamente problemas de disponibilidad de agua y restricciones energéticas.
Otro de los aspectos que preocupa al sector es la gestión de la salmuera, el residuo altamente salino que se genera tras el proceso de desalación. Cuando no se administra adecuadamente, este subproducto puede alterar los ecosistemas marinos y generar inquietud entre las comunidades locales.
“Durante años hemos dañado los océanos simplemente vertiendo la salmuera. Si no se gestiona correctamente, se concentra demasiada sal en determinadas zonas y eso resulta poco práctico y genera preocupaciones ambientales”, explicó.
Además de la elevada concentración de sales, la salmuera puede contener otros elementos derivados del proceso industrial. Por ello, distintas organizaciones y organismos reguladores han incrementado la atención sobre los sistemas de tratamiento y disposición final de estos residuos. Feimblatt considera que cualquier solución futura deberá incorporar mecanismos que permitan gestionar esos materiales de manera controlada, reduciendo su impacto y garantizando la aceptación de las comunidades donde se desarrollen las instalaciones.
Una planta en el mar impulsada por el movimiento de las olas
La propuesta presentada busca modificar de forma significativa el modelo tradicional de desalación. En lugar de construir plantas terrestres conectadas a la red eléctrica, el sistema se basa en unidades instaladas en el mar que utilizan el movimiento natural de las olas como fuente de energía.
De acuerdo con sus desarrolladores, el objetivo es aprovechar la energía mecánica generada por el océano para alimentar directamente el proceso de producción de agua dulce. De esta manera, se elimina la necesidad de recurrir a combustibles fósiles o a una conexión permanente con infraestructuras eléctricas.
“No dependemos de la red. No dependemos de combustibles fósiles. Utilizamos el movimiento del océano para generar la energía necesaria y producir agua dulce que puede ser enviada a tierra”, señalaron.
El sistema también pretende reducir la ocupación de suelo costero, un factor especialmente relevante en islas y territorios con limitaciones territoriales. Al situar las instalaciones mar adentro, los promotores sostienen que es posible liberar espacio en tierra y acercar la producción de agua a los puntos donde se encuentra la fuente del recurso.
La tecnología aprovecha el movimiento continuo de las olas para accionar los mecanismos necesarios en el proceso de desalación. Según sus responsables, este enfoque permite mantener la operación incluso en lugares donde la red eléctrica es inestable o inexistente. Las unidades están diseñadas para funcionar de forma autónoma y producir agua dulce directamente en el entorno marino. Posteriormente, el recurso puede ser transportado hacia la costa para su distribución y uso por parte de comunidades, instalaciones industriales o actividades agrícolas.
Los desarrolladores aseguran que la energía disponible en el océano representa una oportunidad todavía poco aprovechada dentro del sector del agua. En su opinión, las olas ofrecen una fuente energética constante en numerosas regiones del planeta donde coinciden necesidades hídricas y condiciones favorables para este tipo de sistemas.
De la investigación a los primeros proyectos comerciales
La iniciativa es el resultado de varios años de investigación y desarrollo en los que participaron especialistas procedentes de distintos ámbitos relacionados con la gestión marina, la ingeniería offshore y la producción de agua. Según explicaron durante la presentación, una parte importante del conocimiento utilizado proviene de experiencias acumuladas en la industria marítima del norte de Europa. Ese conocimiento fue combinado posteriormente con desarrollos específicos orientados al aprovechamiento energético de las olas y a la desalación.
“Hemos reunido conocimientos procedentes de distintos sectores y los hemos integrado en una misma solución. Esa colaboración ha sido fundamental para alcanzar los resultados obtenidos hasta ahora”, indicaron.
Durante los últimos años, la tecnología fue sometida a pruebas y procesos de mejora con el objetivo de aumentar su eficiencia y validar su funcionamiento en condiciones reales de operación. Los responsables del proyecto sostienen que los avances registrados recientemente les permiten iniciar una nueva etapa centrada en la implantación comercial.
En la actualidad, la empresa se encuentra desplegando unidades a escala comercial destinadas al suministro de agua dulce en instalaciones situadas en el Caribe. Los desarrolladores consideran que estas experiencias servirán para evaluar el rendimiento de la tecnología en operaciones continuas y para ampliar posteriormente su presencia en otras regiones.
El proyecto también ha recibido apoyo institucional a través de diferentes programas de financiación y colaboración. Según sus promotores, cuenta con el respaldo de Naciones Unidas mediante diversos mecanismos de apoyo y ha obtenido múltiples subvenciones destinadas al desarrollo de tecnologías relacionadas con el agua y la sostenibilidad.
Asimismo, la iniciativa mantiene una relación estratégica con las Islas Canarias, un territorio donde la disponibilidad de agua constituye un asunto prioritario debido a sus características geográficas y climáticas. Los responsables del proyecto consideran que este tipo de regiones pueden desempeñar un papel relevante en la adopción de soluciones basadas en energía marina.
“Las islas conocen la importancia de encontrar nuevas alternativas para garantizar el acceso al agua en el futuro. Por eso consideran necesario explorar tecnologías de este tipo”, señalaron.
Los impulsores del sistema sostienen que la expansión de la tecnología estará orientada principalmente hacia aquellas zonas donde la necesidad de agua sea más elevada y donde existan condiciones favorables para aprovechar la energía de las olas. Según explican, la estrategia consiste en combinar producción de agua, reducción del consumo energético y aprovechamiento de recursos naturales disponibles en el entorno marino.
“Las olas están ahí y pueden convertirse en una fuente de energía para producir agua dulce. La intención es utilizar esa energía sin dañar el entorno que la genera”, afirmó.



