Contar una agresión sexual es uno de los momentos más difíciles para cualquier víctima, pero hacerlo sin poder comunicarse de forma convencional supone una barrera aún mayor. Para derribarla, la Policía Nacional ha comenzado a implantar en toda España un cuaderno con pictogramas diseñado para facilitar la toma de declaración de personas con dificultades de comunicación.
Una herramienta pionera para la justicia accesible
El cuaderno, desarrollado junto al Centro Aragonés para la Comunicación Aumentativa y Alternativa, se distribuirá en las 173 Unidades de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) del país. Su objetivo es que víctimas con trastornos del espectro autista, discapacidad intelectual, problemas de lenguaje o bloqueos comunicativos puedan denunciar en mejores condiciones y afrontar el proceso policial de la manera más adecuada posible.
La inspectora jefa de la UFAM de Zaragoza, Clara Pérez, explicó a EFE que esta iniciativa no surge de un momento determinado, sino de la práctica diaria y de las necesidades que aparecen trabajando. A lo largo de los años, los agentes se han encontrado con víctimas incapaces de expresar ciertos hechos bajo una enorme presión emocional, lo que les obligaba a buscar soluciones y adaptar los procedimientos para obtener información relevante sin aumentar el sufrimiento de la persona.
Diseño basado en la entrevista cognitiva
El cuaderno sigue el modelo de entrevista cognitiva utilizado en psicología forense. Combina pictogramas, secuencias visuales y conceptos adaptados para facilitar la comunicación en delitos sexuales, sin introducir elementos que puedan contaminar el relato de la víctima. Según Pérez, la ventaja del pictograma es que son conceptos neutros y no inducen respuestas. El material permite identificar emociones, lugares, acciones, partes del cuerpo o referencias temporales para reconstruir los hechos de la manera más libre y fluida posible.
La herramienta incluye pestañas permanentes para que la víctima pueda expresar en cualquier momento cómo se encuentra, si necesita descansar, si quiere detener la entrevista o si no entiende alguna pregunta. Esto resulta fundamental porque hay personas a las que el propio proceso les genera mucho cansancio o presión.
Atención centrada en la víctima
Pérez destacó que todo el que llega a comisaría viene a contar algo muy privado, grave y desagradable, y no siempre es fácil verbalizarlo ante un desconocido. Muchas de estas víctimas se encuentran en una situación de especial vulnerabilidad. Por eso, una de las claves es la anticipación: explicar de antemano qué va a ocurrir, quién intervendrá y cómo se desarrollará el procedimiento para reducir la ansiedad.
“Lo que no se puede hacer es forzar el relato”, recalcó la inspectora, quien defiende un modelo de atención calmado, sin prisas y centrado en la víctima. En ocasiones, el primer contacto sirve únicamente para generar confianza y valorar si la persona está en condiciones de declarar. A veces, el primer encuentro solo busca decirle a la persona ‘estás aquí, vamos a ver cómo estás hoy’ y crear un vínculo previo. Pérez insiste en la importancia de la escucha activa y de respetar los tiempos de cada víctima.
La importancia de los detalles precisos
Muchas víctimas vulnerables desconocen qué información necesita la Policía para investigar un delito. En delitos sexuales, el más mínimo detalle puede cambiar completamente la calificación jurídica. De ahí la relevancia de facilitar herramientas que permitan comunicar con precisión situaciones que, de otro modo, quedarían incompletas o mal interpretadas. “La persona viene a contar una historia, pero somos nosotros quienes tenemos que valorar si esos hechos encajan o no en un delito”, afirmó Pérez, quien subrayó que ayudar a comunicar cada detalle es clave para que la investigación avance.
El papel del facilitador
El sistema contempla la figura del facilitador, una persona del entorno de la víctima o un especialista que ayuda a interpretar sus códigos de comunicación habituales y a adaptar la entrevista a sus capacidades concretas. La adaptación debe ser cien por cien individualizada. “Lo importante es que asociaciones, familias y profesionales sepan que esta herramienta existe”, señaló Pérez, quien apuesta por la divulgación para que cualquier persona vulnerable sepa que puede denunciar y que encontrará recursos adaptados para ser escuchada.
Hacia una justicia universal
La iniciativa se enmarca en el modelo de atención victimocéntrica, que busca evitar la victimización secundaria, es decir, que la víctima tenga que repetir constantemente su relato o enfrentarse a entornos hostiles durante el proceso judicial. Mientras avanzan proyectos como las salas amigables o modelos integrales como Barnahus, este cuaderno con pictogramas se convierte en una herramienta pionera para garantizar que cualquier persona, más allá de cómo se comunique, pueda denunciar una agresión y acceder a la justicia en igualdad de condiciones. “El acceso a la justicia tiene que ser realmente universal”, zanjó Pérez.



