Colombia enfrenta nuevamente horas decisivas. La segunda vuelta presidencial presenta dos caminos que definirán no solo quién ocupará el Palacio de Nariño, sino qué tipo de sociedad seremos tras el momento electoral. Por un lado, la apuesta por la vida, la memoria, el campo y los sectores sociales que encarna Iván Cepeda, un liderazgo forjado en la premisa de que la paz no debe costar más muertes y que los derechos humanos son la base del futuro. Por el otro, el espectáculo de Abelardo de la Espriella, quien se presenta como alguien ajeno a "los de siempre", autoproclamándose redentor de "los de nunca". Sin embargo, al cerrarse las urnas de la primera vuelta, las máscaras de la novedad cayeron bajo el peso de viejas alianzas.
Alianzas que revelan el verdadero rostro
Tras el escrutinio, la campaña de De la Espriella se convirtió en refugio de los sectores más cuestionados del país, encabezados por el Centro Democrático y Álvaro Uribe, sobre quien pesan 7.837 casos de ejecuciones extrajudiciales, paramilitarismo, la corrupción de Cambio Radical y el Partido Conservador. El ropaje de renovación resultó ser el viejo disfraz del pasado más doloroso.
Injerencia extranjera y doble moral migratoria
Esta contradicción ética trasciende fronteras y se nutre de una peligrosa estrategia continental que De la Espriella celebra, ignorando la dignidad soberana y la realidad de los colombianos en el exterior. La injerencia explícita de Donald Trump en la contienda electoral ha sido recibida con alabanzas por una campaña que parece ignorar el drama migratorio. Datos de la Universidad de Syracuse (TRAC Immigration) revelan que solo en marzo de 2025, 4.075 colombianos fueron expulsados de Estados Unidos, situando al país como el quinto con más deportaciones. En lo que va del año, la cifra supera los 18.877 deportados bajo una política republicana que asfixia los canales legales de ingreso. Detrás de esos números hay tragedias humanas, como la de Brayan Rayo, quien en su celda de aislamiento suplicó una nota para llamar a su madre, carta ignorada que derivó en suicidio una hora después.
El modelo autoritario de Bukele y otras fascinaciones
Otra fascinación de De la Espriella es el mesianismo autoritario de Nayib Bukele en El Salvador. Expertos internacionales advierten sobre crímenes de lesa humanidad institucionalizados: más de 89.000 detenciones arbitrarias, de las cuales Bukele admitió que al menos 8.000 eran inocentes, al menos 403 muertes bajo custodia carcelaria y cientos de desapariciones forzadas. La seguridad es un deber del Estado, pero no puede construirse sobre la barbarie y la vulneración de garantías fundamentales.
Aliados cuestionados: Milei y Noboa
De igual modo, el idilio con el argentino Javier Milei, cuya narrativa de "honestidad" se consume en escándalos de corrupción y multitudinarias protestas por la crisis económica y la pobreza. Su otro aliado, el ecuatoriano Daniel Noboa, principal socio en temas de seguridad, se desmorona ante hallazgos periodísticos que en marzo de 2025 vincularon a la infraestructura logística del Grupo Noboa con la incautación de 2,3 toneladas de cocaína con destino a Amberes.
Lo que está en juego
Lo que Colombia se juega en esta elección no es una simple alternancia de poder, sino la preservación de la soberanía nacional, los recursos naturales y la vida misma. Permitir y celebrar la interferencia extranjera de proyectos que desprecian los derechos humanos no puede resignarnos a repetir el horror. La esperanza radica en el rechazo rotundo a la tiranía del odio y en la convicción de que la grandeza se labra protegiendo la vida en todas sus formas. Debemos dejar de ser espectadores del dolor pasado para convertirnos en arquitectos de un porvenir justo, libre y en paz.



