Una víctima de abuso sexual clerical en Colombia ha roto el silencio para relatar los años de sometimiento que sufrió a manos de varios sacerdotes, entre ellos el cardenal Pedro Rubiano, fallecido en abril de 2024. En una entrevista, el sobreviviente, quien pidió proteger su identidad, detalló cómo fue víctima de una red de abusos que comenzó cuando tenía 15 años y se extendió por varios años.
El inicio del calvario
Corría marzo de 1984 cuando, a semanas de cumplir 15 años, su madre lo echó de casa. Tras varias noches durmiendo en el parque de los Periodistas, en el centro de Bogotá, entró a la Catedral Primada en busca de ayuda. Allí encontró a un sacerdote que lo escuchó, lo llevó a desayunar y le ofreció un lugar para asearse. Luego lo llevó a un hotel cercano, pagó la habitación y le dio dinero. Al día siguiente, el sacerdote regresó con cervezas y pornografía, y lo masturbó, asegurándole que era una terapia. Ese fue el primer abuso.
El padre Alberto y la red de abusadores
El victimario, a quien llama el padre Alberto, era un sacerdote que luego recibió el título de monseñor. Durante años, el joven estuvo sometido a su poder espiritual y físico. El padre Alberto lo puso en manos de otros sacerdotes amigos y cómplices. La dependencia económica y el miedo lo mantuvieron atrapado. “Cuando trataba de separarme, me amenazaba”, recuerda. Además, el padre Alberto era conocido por golpear a sus alumnos en los colegios donde enseñaba.
El encuentro con el cardenal Rubiano
A inicios de 1984, el padre Alberto llevó al joven al Seminario Mayor de Bogotá. Mientras el sacerdote hacía un trámite, el cardenal Pedro Rubiano se acercó al vehículo y abusó de él. Al regresar el padre Alberto, la víctima estalló en ira y los golpeó a ambos. Sin embargo, ante la amenaza de ser abandonado en la calle, se disculpó y continuó su calvario. “Ese episodio anuló mis límites”, confiesa.
Las reuniones de sacerdotes abusadores
El sobreviviente describe un clan de sacerdotes que se reunían en casas privadas y fincas, como una en Pacho, Cundinamarca. Allí, los menores eran exhibidos y los sacerdotes hablaban abiertamente de sus relaciones con menores. “Eran descarados”, afirma. Las reuniones eran reservadas, sin sotanas ni escándalos, lo que facilitaba el ocultamiento.
Denuncias ignoradas
En el año 2000, viajó al Vaticano con dinero del padre Alberto para entregar una caja con pruebas (fotos, videos) y una denuncia escrita. La entregó al portavoz Joaquín Navarro Valls, pero nunca obtuvo respuesta. En 2021, acudió a la Arquidiócesis de Bogotá, donde se reunió con el cardenal Luis José Rueda Aparicio y el obispo auxiliar Luis Manuel Alí Herrera. Les entregó una denuncia manuscrita y le prometieron acompañamiento psicosocial, económico, pastoral y jurídico. Solo recibió 12 sesiones de terapia.
La mentira de la Arquidiócesis
Al no recibir información, la víctima solicitó un derecho de petición a la Fiscalía, que le informó que no existía ninguna denuncia. Interpuso una tutela, y el juez determinó que la Arquidiócesis había mentido. Solo entonces la Fiscalía abrió una investigación. “Fui una víctima de la Iglesia Católica. Esta respondió con un bloqueo institucional sistemático”, denuncia.
Estado de salud actual
Hoy, el sobreviviente tiene 11 diagnósticos médicos, incluyendo trastorno de estrés postraumático. La junta de invalidez determinó una pérdida de capacidad laboral del 47.07 %, cerca de una pensión de invalidez. Su situación es “catastrófica”, según dictamen médico. Conserva más de 60 correos y 10 documentos con la Arquidiócesis como pruebas.
Ahora cuenta con el apoyo de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Clerical, que lo acompaña en su proceso. A pesar del dolor, espera que su testimonio ayude a otras víctimas a romper el silencio.



