Mundial 2026: calor extremo y jet lag, desafíos para los jugadores
Mundial 2026: calor y jet lag, desafíos para jugadores

El Mundial de Fútbol de 2026, que arranca este jueves 11 de junio, representa un desafío sin precedentes para el físico de los jugadores. Por primera vez en la historia, el torneo contará con 48 selecciones, 104 partidos y una ronda de dieciseisavos de final, lo que incrementa la carga competitiva. Además, las condiciones climáticas extremas, la altitud en algunas sedes y los largos desplazamientos entre los tres países anfitriones —Estados Unidos, México y Canadá— añaden una complejidad adicional.

Calor extremo: un riesgo para la salud

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que el calor extremo será un factor determinante en este Mundial. Un estudio encargado por la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas (FIFPRO) calcula que 26 de los 104 partidos se jugarán en condiciones que representan un riesgo para los jugadores, incluyendo la final, dos cuartos de final y el partido por el tercer puesto. La FIFA ha establecido dos pausas de tres minutos en cada tiempo para mitigar el calor.

El médico Jesús Viosca, de la Sociedad Española de la Medicina del Deporte (Femede), señala que más del 80 % de las sedes podría superar los 35 grados centígrados, a lo que se suma la humedad, la radiación y el viento, que aumentan la sensación térmica. “Es un desafío para la fisiología humana”, afirma.

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Jet lag y desplazamientos

Los desplazamientos entre sedes abarcan tres husos horarios, lo que agrava el jet lag. “El jet lag es una desincronización del ritmo circadiano. Tenemos un reloj central en el hipotálamo y relojes periféricos en músculos, intestino, páncreas... y cada huso horario provoca una desincronización”, explica Viosca. La geografía del torneo es amplia: de este a oeste hay 4.300 kilómetros y de norte a sur unos 4.000, con distancias entre sedes de hasta siete horas de viaje, lo que generará fatiga acumulada.

Selecciones como la de Nueva Zelanda deberán cruzar entre 16 y 19 husos horarios, lo que dificulta la adaptación. Viajar de este a oeste es más difícil para el organismo, ya que implica adelantar el día, mientras que al oeste es como retrasarlo.

Altitud y contaminación

La altitud también juega un papel importante. Ciudades como Ciudad de México, a 2.240 metros sobre el nivel del mar, ofrecen condiciones diferentes a las de sedes costeras. “Por cada 1.000 metros a partir de 1.500 metros de altura, el equipo adaptado tiene medio gol de diferencia”, asegura Viosca. Además, la contaminación ambiental, con incendios frecuentes en Estados Unidos durante esas fechas, puede generar ozono y afectar el rendimiento.

Carga del calendario

Los jugadores llegan al Mundial tras una larga temporada con ligas y otras competiciones. “La carga competitiva es muy alta. Las lesiones musculares siguen aumentando cada año por el calendario y el número limitado de efectivos”, indica el experto. Al final de temporada hay más sobrecarga, lo que puede influir en el rendimiento.

Viosca considera que la fisiología humana puede ser un factor decisivo: los equipos que optimicen las estrategias de recuperación tendrán más posibilidades de ganar.

Estrategias de adaptación

Los jugadores de élite cuentan con profesionales que cuidan cada detalle para minimizar estos efectos. Una medida recomendada es viajar 14 días antes al país anfitrión, pero el calendario europeo no siempre lo permite. Algunas estrategias incluyen:

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  • Para el calor: sauna post-entrenamiento (20-30 minutos a 80 grados) o baños de agua caliente a 40 grados, y uso de chalecos de enfriamiento antes de los partidos.
  • Para el jet lag: ajustar horarios de comidas y exposición a la luz. Para retrasar el ritmo circadiano, exponerse a la luz al final del día; para adelantarlo, hacerlo por la mañana y luego usar gafas de sol.
  • Nutrición: evitar cafeína, alcohol y ultraprocesados. La melatonina a dosis correctas, vitaminas, oligoelementos e hidratación son clave.
  • Ejercicio: es un estímulo para reorganizar el reloj circadiano. Usar medias compresivas en vuelos para evitar edemas.
  • Altitud: entrenamiento en hipoxia, incluso simulada, ya que a partir de 1.500 metros el consumo de oxígeno disminuye un 8 % por cada 1.000 metros, afectando el rendimiento cognitivo.

“El fútbol moderno es muy cognitivo, muy mental”, concluye Viosca.