Francia aterriza en el Mundial 2026 como una de las grandes favoritas al título y también como la selección con la plantilla de mayor valor entre todas las participantes. Con una valoración cercana a los US$1.740 millones y una nómina repleta de figuras de primer nivel, el equipo llega respaldado por una generación que combina experiencia, juventud y profundidad en prácticamente todas las posiciones.
El ataque más profundo del Mundial 2026
Pocas selecciones llegan con tantas alternativas ofensivas. Kylian Mbappé sigue siendo el rostro principal del proyecto francés. El delantero del Real Madrid continúa figurando entre los mejores futbolistas del planeta y será utilizado como referencia ofensiva, una posición que ha ido asumiendo con mayor frecuencia durante el último año.
A su alrededor aparece un abanico de opciones que explica por qué Francia es considerada una de las selecciones más temidas del torneo. Ousmane Dembélé llega como actual Balón de Oro y como figura principal del Paris Saint-Germain. Michael Olise, Désiré Doué y Rayan Cherki representan algunas de las grandes sensaciones de la temporada, mientras que Marcus Thuram, Bradley Barcola y Jean-Philippe Mateta completan una delantera con recursos para prácticamente cualquier escenario.
El propio Deschamps reconoció la dificultad que implica administrar semejante cantidad de talento. Según explicó, una de las tareas más complejas es convencer a jugadores importantes de que seguirán siendo relevantes incluso si no acumulan muchos minutos en el torneo. La gestión del grupo será tan importante como la estrategia táctica.
Didier Deschamps y el rompecabezas de las estrellas francesas
La gran incógnita pasa por la forma en que Francia acomodará tantas piezas ofensivas. El seleccionador ha utilizado sistemas que incluyen hasta cuatro atacantes, una apuesta que potencia la capacidad goleadora del equipo, pero que también puede generar desequilibrios cuando pierde el balón.
La presencia de Mbappé, Dembélé y Olise parece prácticamente asegurada. La discusión aparece alrededor del cuarto hombre de ataque. Cherki y Doué ofrecen mayor capacidad de asociación y control del balón, mientras que Barcola aporta amplitud y velocidad por las bandas.
La decisión influirá directamente en la identidad del equipo, puesto que Francia puede convertirse en una máquina de transiciones rápidas y ataques verticales o apostar por una versión con mayor control de la posesión. En ambos casos, la elección tendrá consecuencias para el funcionamiento colectivo.
La gran preocupación está en la defensa
Mientras el ataque genera ilusión, la defensa despierta interrogantes. Desde noviembre, cuando recibió un gol frente a Azerbaiyán durante la fase clasificatoria, Francia no ha conseguido terminar un partido sin encajar anotaciones.
Brasil, Colombia, Costa de Marfil e Irlanda encontraron la forma de vulnerar una estructura defensiva que, pese a contar con nombres importantes, ha mostrado dificultades para sostener la solidez que caracterizó a otras versiones de Les Bleus.
Ese contexto obliga a que el mediocampo asuma un papel fundamental. Aurélien Tchouaméni aparece como una pieza indispensable para proteger a la defensa. A su lado, Adrien Rabiot, Warren Zaïre-Emery, N'Golo Kanté o Manu Koné surgen como alternativas para equilibrar un equipo que necesita sostener su enorme potencial ofensivo sin quedar expuesto.
La búsqueda de ese balance explica buena parte del trabajo de Deschamps en la antesala del Mundial. Francia tiene recursos para dominar a cualquier rival, pero también sabe que un exceso de ambición puede abrir espacios peligrosos.
El camino de Francia en el Grupo I
Los franceses compartirán el Grupo I junto a Senegal, Iraq y Noruega. Sobre el papel parten como favoritos, aunque el calendario les presenta desafíos interesantes desde el comienzo. El debut será frente a Senegal, un rival que trae consigo un recuerdo incómodo para el fútbol francés. Posteriormente llegará el duelo ante Iraq y finalmente el enfrentamiento contra la Noruega de Erling Haaland.
Más allá de los rivales, la verdadera prueba para Francia será demostrar que puede convertir una colección de estrellas en un equipo equilibrado. La calidad individual está fuera de discusión. La profundidad de la plantilla tampoco. Lo que definirá su destino será la capacidad de encontrar la fórmula adecuada entre ataque y defensa.
Deschamps ya sabe lo que significa ganar una Copa del Mundo como jugador y como entrenador, por lo que ahora afronta un desafío distinto: administrar la selección más valiosa del torneo y convertir ese inmenso caudal de talento en una nueva oportunidad para levantar el trofeo más importante del fútbol.



