Con trajes de mariachi, trompetas y un mar de aficionados vestidos de verde oscuro, la Ciudad de México se preparaba para inaugurar el Mundial 2026 el jueves, con los hinchas abarrotando el mítico estadio Azteca antes del partido inaugural entre México y Sudáfrica, en medio de protestas en toda la capital.
Ambiente festivo en el Azteca
Largas filas rodeaban el Azteca, donde los aficionados se enfrentaban a una larga espera para entrar en el primer estadio que ha acogido partidos de tres Copas del Mundo. En el interior, miles de personas cantaban antes del pitazo inicial.
Alejandro García, de 50 años, ataviado con un sombrero y llevando una réplica del trofeo, dijo que estaba orgulloso de que México fuera sede de otro Mundial. Era un niño cuando el país acogió el último torneo en 1986.
“Este es nuestro templo”, dijo en el vestíbulo del Azteca. “Va a ser un gran Mundial, ahora se olvidarán todas las protestas”.
Protestas y división social
Pero fuera del estadio, la ciudad de nueve millones de habitantes seguía profundamente dividida. La antesala del torneo en México, que el país coorganiza con Estados Unidos y Canadá, se ha visto marcada por el malestar social en la capital, donde diversos grupos, desde docentes hasta familiares de desaparecidos en la guerra contra las drogas, se han manifestado en un intento de aprovechar la atención internacional para impulsar su causa.
El jueves estaban previstas al menos seis protestas, en una ciudad que se muestra como una contradicción entre celebración y oposición. Murales recién pintados, nuevos trenes y un estadio renovado, destinados a dar la bienvenida a los turistas para los partidos, contrastaban con las barricadas de acero instaladas por los comercios para protegerse de los alborotadores en la avenida principal de la capital.
Marcha de maestros
A unos cinco kilómetros del Azteca, miles de maestros descontentos de todo el país comenzaron a marchar hacia el estadio antes del partido. Avelina Cruz Miguel, que lleva 22 años enseñando en primaria, viajó desde Oaxaca para protestar por un mejor salario. Dijo que las protestas ofrecían a los docentes la oportunidad de dar a conocer sus reivindicaciones a “nivel internacional”. “No hay apoyo a la educación” en México, dijo.
Los docentes también habían acampado frente a la plaza central del Zócalo durante los días previos al inicio del torneo. El campamento obligó a las autoridades a bloquear la entrada al Zócalo en la víspera del partido inaugural y suscitó el temor de que la zona se cerrara a los aficionados que habían planeado reunirse en la plaza para ver el partido en una pantalla gigante.
El jueves, las tiendas de campaña se alineaban a lo largo de varias manzanas alrededor de la plaza, pero las autoridades confirmaron que la zona de aficionados estaría abierta.
Aficionados y precios elevados
Mario Martínez, de 30 años, de Tijuana, fue uno de los primeros aficionados en entrar con su novia. Dijo que habían venido a la zona de aficionados porque las entradas para el estadio eran demasiado caras y les preocupaba que se cancelara el evento.
“Llegó el momento en que sí sentimos esa preocupación pero gracias a Dios las cosas salieron bien y ya estamos adentro y estamos más que felices”, destacó.
Muchos residentes se han quejado de que se estaba gastando dinero en embellecer la ciudad para los visitantes sin abordar los problemas de infraestructura subyacentes. El jueves fue declarado día festivo oficial en la Ciudad de México, en parte para aliviar los problemas de transporte.
Otros habitantes de la ciudad se quejaron de los precios prohibitivos de las entradas, que les habían impedido ver el espectáculo en directo en su propia ciudad. Para el partido inaugural entre México y Sudáfrica, algunos aficionados entrevistados por Reuters dijeron que habían pagado US$3.000 o más, una cifra totalmente inalcanzable para la mayoría de los mexicanos. La Fifa ha defendido su política de precios afirmando que el costo de las entradas está a la par con el de otros grandes eventos deportivos.



