Vozinha: la resistencia que emocionó al mundo en el Mundial de fútbol
Vozinha: resistencia que emocionó al mundo en el Mundial

El fútbol, como bien lo ha descrito el autor uruguayo Eduardo Galeano, es “una radiografía humana, un arte popular que despierta pasiones colectivas”. Evidentemente, tiene representaciones simbólicas que se ajustan de manera impecable a la interpretación del ejercicio que significa vivir, o del significado de la vida misma.

El fútbol y la vida: impredecibles e irreversibles

El fútbol, como la vida, es impredecible. En ambos, el tiempo de juego es irreversible y el de reposición es una oportunidad extra. El liderazgo en la cancha consiste en saber soportar la presión y levantar a sus colegas cuando el panorama no es del todo favorable. Procurar no estar fuera de juego para no quedarse en el futuro ni en el pasado, entender la generosidad por encima del egoísmo para entregar cuando alguien está mejor posicionado. Saber replegarse cuando es necesario, aprovechar siempre un espacio libre y resistir. ¡Saber resistir siempre! Resistir es mantener el sentido de la preservación y la transformación. Resistir es negarse a ser borrado. Eso, precisamente, eso ha significado Josimar José Évora Dias: Vozinha.

Un debutante de 40 años que desafió las estadísticas

Un debutante de 40 años en la Copa del Mundo que defiende la bandera y el escudo de Cabo Verde, tanto como su identidad y su historia. Su cuerpo y su mente se resistieron al olvido. No se quebraron antes de tiempo; se hicieron flexibles, como su cuerpo y su espíritu, y muy seguramente cada atajada que lo hizo brillar ante los ojos del mundo significaba el recuerdo de haber hecho del dolor, aprendizaje. La vida es un acto de fe en el hoy y en el mañana. La decisión diaria debe ser no rendirse. La paradoja más bella que resguarda este mensaje está expuesta frente a nosotros; el fútbol de hoy está cargado de intensidad, de despliegue físico, de precisión, con una enorme presión de debutar joven y de explotar rápido. La vida de hoy también convoca ese tipo de desafíos, los de triunfar muy pronto; eso hace que la curva de tiempo se agote de forma apresurada. Sin embargo, ahí, en medio del arco de estos tiempos y, claro, en medio de los tres palos, el mundo vio a Vozinha, encajado en otra lógica, en la lógica de la permanencia y la perseverancia más que de la promesa. Él es el significado de seguir siendo cuando quizá nadie lo esperaba.

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El símbolo de la dignidad en el arco

Vozinha, probablemente para muchos, no represente el futuro, pero, ojo, tampoco representa el pasado. No es una anomalía del tiempo ni el resultado de conjeturas del azar. Es la muestra clara de que la vida, como el fútbol, se disputa hasta el último minuto. Sus ojos aguados los conoció el mundo, sus manos enormes también, su resistencia fue abrigada por la ternura de su apodo: “Vozinha”, que significa “abuelita” o “abuela querida” en portugués. La denominación que llevó desde chico como homenaje a sus abuelos se convirtió en su nombre deportivo, y hoy, en símbolo de dignidad, de esa dignidad que también describe Galeano en sus textos cuando dice: “La dignidad no se mide en el resultado del marcador, sino en la entrega absoluta con la que decides jugar”.

El abrazo de los hinchas y la lección final

La vida me dio la hermosa oportunidad de asistir a un partido de Cabo Verde en esta Copa del Mundo; abracé y saludé a varios de sus hinchas, pues su honra era inevitablemente contagiosa. Uno de ellos, al final del partido, dijo en voz alta, con un tono dulce, humilde, sencillo y conmovedor, pero a su vez sabio y trascendental: “Posiblemente no avancemos, pero jamás se olvidarán de nosotros”.

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