A pocos días del arranque del Mundial, el Estadio Azteca, conocido como el Coloso de Santa Úrsula, es el centro de atención en la Ciudad de México. Las calles aledañas están llenas de vendedores ambulantes que ofrecen tacos y otros antojitos mexicanos, mientras los taxistas intentan sortear el intenso tráfico que se ha generado por los preparativos finales.
El ambiente previo al Mundial
Humberto Mora, un taxista que lleva años recorriendo la zona, señalaba con desdén a los puestos de tacos instalados en las calles cercanas al estadio. “A todos estos, en dos días, los sacan bien a la verga”, comentó mientras avanzábamos lentamente entre el trancón. Era la hora del almuerzo y el caos vehicular era evidente.
Trabajadores y voluntarios a toda prisa
Voluntarios de la FIFA, periodistas y trabajadores de la construcción se agolpaban en los accesos del estadio, apurando los últimos detalles de las obras. El gran escenario deportivo de la capital mexicana luce imponente, listo para recibir a miles de aficionados que llegarán de todas partes del mundo.
El Estadio Azteca, que ha sido sede de dos finales mundiales anteriormente, se prepara para hacer historia una vez más. Los organizadores trabajan contrarreloj para que todo esté en orden el día de la inauguración. Las medidas de seguridad se han reforzado y los accesos están siendo revisados minuciosamente.
Impacto en la comunidad local
La llegada del Mundial ha transformado la dinámica del barrio. Mientras algunos comerciantes ven una oportunidad de negocio, otros se quejan de las restricciones y el desalojo de vendedores informales. La tensión entre la necesidad de orden y la tradición ambulante es palpable.
El taxista Mora resume el sentir de muchos capitalinos: “Esto es un desmadre, pero también es un orgullo. El mundo nos va a ver”. Con la cuenta regresiva en marcha, el Estadio Azteca se alista para escribir un nuevo capítulo en la historia del fútbol mundial.



