Por una nariz: la política colombiana en el diván del teatro
Por una nariz: política colombiana en el diván teatral

Que a uno le pique la nariz mientras habla es algo mínimo. Pero cuando quien lo experimenta es un presidente recién electo, a punto de dar su discurso de posesión, el drama se intensifica. El mandatario intenta disimular sin éxito las muecas que aparecen cuando la sensación se vuelve insoportable y, en medio del desespero, faltando horas para enfrentar a su país, la única solución que encuentra es contratar a uno de los mejores psiquiatras para abordar una situación que va más allá de lo físico.

Sinopsis de la obra

De eso trata Por una nariz, la obra que se presenta en el Teatro Nacional, sede Chapinero, hasta agosto. Reúne por primera vez a Carlos Manuel Vesga (el psiquiatra) y Rafael Zea (el presidente) en la misma historia, bajo la dirección de María Adelaida Palacio. El dramedy de los franceses Matthieu Delaporte y Alexandre de la Patellière se convierte en un reflejo de la sociedad colombiana envuelta en el panorama político, muy acorde a lo que se vive en vísperas de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales.

Declaraciones de los actores

Rafael Zea: (Bromeando) Para crear el personaje me ha tocado inventar mucho porque no hay material acá para nada. Somos muy serios.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Carlos Manuel Vesga: (Suelta una carcajada) Es que los candidatos se ganan los votos a pulso.

Zea: (Sentado, con piernas cruzadas y acariciando su barbilla) En realidad, uno acá puede inventarse lo que sea y a la gente le podrá parecer una exageración. Y seguramente los políticos van a ser algo mucho más zafado que eso, porque la realidad supera la ficción.

Vesga: (Reflexivo) Los políticos se prestan para unas cosas con tal de ganar votos, que son delirantes. Uno ve a ciertos políticos bailar. Algunos tienen cara de marioneta. Ellos deberían tener un psiquiatra que les diga: "Nené, hasta ahí".

Una reflexión sobre el poder

La conversación avanza entre bromas y observaciones sobre política. Por una nariz, que provoca risas constantes, también busca incomodar al espectador con preguntas sobre el poder y la credibilidad de quienes lo ejercen, sembrando la duda: ¿Creemos en el juicio de quienes están en el poder? Esa es la sensación que queda tras observar una sesión terapéutica convertida en campo de batalla que parece absurdo, pero que refleja fielmente la realidad.

Vesga: (Serio y firme) Hoy en día todos los candidatos tienen un asesor de comportamiento físico. Les enseña que poner las manos juntas, en forma de triángulo, infunde seriedad y cuando levantas el dedo significa tal cosa. Hay una cantidad de gente detrás del candidato que nunca ves. Le están diciendo las palabras que tiene que decir, cómo decirlas, en qué ritmo, en qué volumen, y así manipulan al pueblo entero.

Vesga: (Continúa con elocuencia, indignándose) Se están vendiendo mucho los personajes caricaturescos. ¿Sabes? El hecho de que salgan bailando en TikTok ya es de caricatura y eso pega.

Zea: (Mira fijamente a Vesga, asiente en silencio, recuesta la cabeza sobre su puño) Antes los políticos hacían sus payasadas y campañas desde un lugar propio, de políticos. Ahora van a emisoras conocidas por ser graciosas, donde están humoristas. Han recurrido a llegar allá y tratan temas serios, mostrándose manipulados por sus asesores. Están llegando a lo más bajo porque saben que eso es lo que les estamos comprando. Si todo el mundo se ríe, todo el mundo está feliz, mientras lo que pasa es totalmente serio y a veces tenebroso.

Vesga: (Interrumpe con calma) Todavía estamos en la sociedad a la que le gusta el caudillo. Nos falta proceso como sociedad si compramos la idea de una figura así. Nos falta crecimiento. Es como si la gente quisiera la imagen del papá del papá bravo, de la mano dura.

El proceso creativo

Carlos Manuel Vesga llega a esta historia tras participar en Pluribus, la serie creada por Vince Gilligan, la misma mente maestra detrás de Breaking Bad. Rafael Zea se une tras participar en la exitosa obra Inmaduros, que se presentó más de 100 veces en el Teatro Nacional. Entrevistar a ambos es un reto: controlar las risas y centrar la conversación en una sola línea es el mayor desafío al estar junto a este par.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Periodista: Con varios años de experiencia, uno diría que aprenderse el libreto es fácil, ¿no?

Zea: (Sin titubear) Nos pasaron el libreto ayer y ya está todo listo.

Periodista: (Desconcertada) ¿Me estás molestando?

Zea: (Aún más serio) Te lo juro.

El ambiente se afloja. Zea se ríe al ver la cara de sorpresa de quien pregunta.

Vesga: (Retoma la conversación) La experiencia obviamente vale, pero es un proceso y hay que hacerlo muy seriamente. Hay que aprenderse la letra. Montar una obra es un trabajo de tiempo completo. A veces toca hacer malabares. El trabajo ha sido intenso, extenuante, fuerte. Estamos felices con lo que tenemos, pero había que dedicarle tiempo.

La obra en el contexto actual

Que la obra esté en la programación del teatro desde mayo, mes en que se hizo la primera jornada legislativa, no es coincidencia. Contarnos nuestras propias historias, atravesadas por las preocupaciones actuales, en tiempos de internet, según los actores, parece un acto subversivo.

Vesga: (Reflexivo) Hay que rebelarse un poco y dejar de consumir pantallas, tener esa interacción que es casi un rito, lo que sucede entre el público y los actores en escena. Nunca va a perder validez esta experiencia mágica. Antes se contaban historias alrededor de una hoguera. Ahora estamos acá contándonos historias.

Zea: (Asiente y remata) Podemos hacer funciones todos los días y siempre va a ser diferente, va a haber una conexión diferente y eso es maravilloso. Nada es más poderoso que lo personal y esto que está pasando en estas elecciones finalmente nos está afectando a todos de manera muy personal. Por eso la gente se va a sentir reflejada cuando ve al psiquiatra, cuando ve al presidente, y porque no hay nada más efectivo que lo personal.