Simón Vargas presenta 'A la orilla de la luz', un libro sobre Bogotá
Simón Vargas lanza libro sobre Bogotá 'A la orilla de la luz'

Simón Vargas, bajista y cantante de la banda bogotana Morat, ha lanzado su libro A la orilla de la luz, una obra que combina escritura y fotografía para trazar un mapa personal de Bogotá. A lo largo de trece historias, el artista explora la dualidad entre fascinación y miedo, en un alto contraste donde conviven la sombra de los cerros y el caos cotidiano.

La relación con Bogotá

Vargas explica que su vínculo con la ciudad está marcado por la figura de su padre, artista y arquitecto, quien le enseñó a leer la urbe desde lugares poco evidentes. De niño pasó del norte pequeño burgués a Lisboa, en Suba, un tránsito que lo obligó a enfrentar otra Bogotá. También recuerda las caminatas nocturnas por el centro, a las dos de la mañana, como una forma de aprendizaje: la ciudad no podía tomarlos por sorpresa. De ahí nace un vínculo ambivalente, de fascinación y temor. Con el tiempo, hizo las paces con esa tensión y encontró belleza en sus grietas y contrastes.

Tensión entre luz y oscuridad

El libro aborda de manera insistente la dualidad entre luz y oscuridad. A la orilla de la luz alude a una imagen concreta —la ciudad aún en sombra mientras el cielo ya clareó— y a una sensación más profunda: la de estar siempre al borde. Bogotá vive con esa cercanía del peligro, incluso cuando parece resguardada. En ese límite, lo bello y lo inquietante se intensifican mutuamente.

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El movimiento como proceso creativo

La caminata atraviesa el libro tanto como la escritura y la fotografía. Vargas concibe la ciudad como un archipiélago de barrios fragmentados, y su forma de fotografiar responde a eso: no es contemplativa ni estática, sino en movimiento. Dispara rápido, de forma intuitiva, buscando atrapar una sensación más que una composición perfecta. El recorrido —de Lisboa al centro, del río a la montaña— es también una forma de escritura, y el tránsito con todo lo que implica (tráfico, lluvia, tiempos muertos) termina siendo el material de la obra.

El papel de los silencios

En una ciudad marcada por el ruido, los silencios juegan un papel crucial. Son pausas necesarias, pero no livianas: a veces densas, casi físicas; otras aparecen por saturación, como cuando la lluvia anula todo lo demás. Funcionan como contrapunto al bullicio urbano. En el libro, las fotografías también operan así: obligan a detenerse, a mirar con otra cadencia.

Dialogar con la otra ciudad

Vargas buscó desplazar la mirada hacia una Bogotá que suele quedar fuera del relato más visible, evitando lugares comunes. Se interesó por lo que suele considerarse negativo: el río contaminado, los cables, el tráfico, los huecos. Pero evitando la pornomiseria o la explotación de la violencia. La apuesta fue reinterpretar esos elementos a través del color en los cielos grises, llevándolos hacia una zona de luz. Es un libro áspero, incluso incómodo por momentos, que intenta abrir una sensibilidad distinta frente a lo cotidiano.

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