La FIFA le entregó a Donald Trump la Copa del Mundo. No es una opinión, es un hecho, y ocurrió cuando su presidente, Gianni Infantino, le llevó al mandatario estadounidense el trofeo del campeonato a la Casa Blanca hace un par de meses. Esa es, tal vez, la metáfora más clara de lo que puede ser el torneo que empieza este jueves en EE. UU., México y Canadá y que contará con 104 partidos entre 48 selecciones. Dicho de otra forma, está haciéndose un Mundial al estilo del país que lleva moldeando el republicano en un año y medio de mandato.
Un trofeo en el Despacho Oval
La imagen de Infantino junto a Trump en el despacho oval de la Casa Blanca, en Washington, con la Copa del Mundo en manos del presidente, simboliza la influencia que Estados Unidos busca tener en el fútbol global. El encuentro, que tuvo lugar hace dos meses, no fue un simple gesto protocolar. Representa una alianza estratégica entre la FIFA y la administración Trump, que ve en el evento deportivo una oportunidad para proyectar su poder blando.
El Mundial más grande de la historia
El torneo que arranca este jueves será el más extenso jamás organizado: 104 partidos, 48 selecciones y tres países sede. Estados Unidos, México y Canadá se preparan para recibir a millones de aficionados en un evento que promete ser un escaparate político y económico. La decisión de expandir el Mundial a 48 equipos, impulsada por Infantino, ha sido criticada por algunos puristas, pero aplaudida por quienes ven en ella una oportunidad de negocio.
Críticas y controversias
La entrega del trofeo a Trump no ha estado exenta de polémica. Organizaciones de derechos humanos han señalado que el presidente estadounidense ha impulsado políticas migratorias restrictivas y ha cuestionado acuerdos internacionales, lo que contrasta con el espíritu de unidad que promueve el fútbol. Sin embargo, la FIFA ha defendido su decisión, argumentando que el deporte debe estar por encima de la política.
Un estilo Trump para el fútbol
El Mundial 2026 se perfila como un reflejo del estilo de Trump: grande, ostentoso y centrado en los intereses de Estados Unidos. La organización ha priorizado la rentabilidad económica y la proyección mediática, dejando en segundo plano aspectos como la sostenibilidad o la integración cultural. Para muchos, este es el Mundial de Trump, un evento que lleva su sello incluso antes de que comience.
En definitiva, la imagen de Infantino y Trump con la Copa del Mundo es más que una simple fotografía. Es la declaración de intenciones de un torneo que busca marcar un antes y un después en la historia del fútbol, pero también en la política global. Queda por ver si el balón rodará tan libremente como promete el espíritu del deporte rey.



