La relación bilateral entre Estados Unidos y Brasil ha entrado en una nueva fase de máxima hostilidad. El gobierno de Donald Trump amenazó con imponer aranceles del 25% a las importaciones brasileñas si no se llega a un acuerdo antes del 15 de julio. Según la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), la mayor economía de América Latina estaría cometiendo prácticas comerciales “irrazonables e injustas” que perjudican a las empresas estadounidenses, algo que Brasilia niega rotundamente.
Acusaciones de la USTR y respuesta de Brasil
De acuerdo con el comunicado oficial de la USTR, la investigación iniciada el año pasado determinó que Brasil aplica de manera deficiente sus leyes contra el contrabando, mantiene barreras injustas en el sector del etanol y sostiene acuerdos preferenciales con México e India que aíslan el comercio estadounidense. La respuesta del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, fue inmediata y cargada de indignación. El mandatario recordó que la balanza comercial favorece ampliamente a Estados Unidos. Solo durante 2025, las exportaciones estadounidenses a Brasil alcanzaron los 54.400 millones de dólares, lo que implica un crecimiento del 11%, mientras que las ventas brasileñas a Estados Unidos cayeron un 5,7%, situándose en 39.900 millones de dólares. “Quien debería aumentar los aranceles somos nosotros, no ellos”, replicó Lula.
Pero lejos de limitarse al plano técnico, Lula vinculó directamente la ofensiva arancelaria al calendario electoral de su país, que celebra elecciones presidenciales en octubre, y apuntó contra el entorno del exmandatario Jair Bolsonaro, tildando a sus hijos de “traidores a la patria”.
El papel de Flávio Bolsonaro en la crisis
El Palacio de Planalto sospecha que la medida responde a un sabotaje político interno operado por el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente y actual aspirante presidencial de la oposición para los comicios de octubre. Flávio visitó la Casa Blanca la semana pasada y se fotografió junto a Trump en un encuentro que el gobierno de Lula interpreta como el detonante del endurecimiento de Washington.
Luego de esto, el hijo mayor de Bolsonaro utilizó sus redes sociales para defenderse y aseguró haberle pedido “expresamente” a Trump que frenara los aranceles porque dañarían la economía local, aunque aprovechó para capitalizar políticamente la sanción afirmando que la Casa Blanca simplemente “no confía en Lula”. Una vez se dio a conocer que la Casa Blanca estudia castigar con aranceles a Brasil, el hijo de Bolsonaro prometió que, de ganar las elecciones en octubre, destrabará la crisis firmando “el mayor acuerdo comercial y de inversiones de la historia” entre ambas naciones.
Choque diplomático y alianza con China
Esto hizo que el choque escalara hacia el terreno diplomático. Lula arremetió de forma directa contra el jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, a quien calificó como un “enemigo mortal” de la región. “Es anti América Latina. Ya le dije a Trump que no le gusta Brasil”, disparó el líder izquierdista sobre Rubio, quien el martes puso a Brasil en una lista de países que no son aliados de Estados Unidos en la región, junto a Cuba, Nicaragua, Venezuela y Colombia.
Ante la posibilidad de un cierre de mercados, Lula optó por exhibir su alianza estratégica con China. “No voy a llorar por ello. Si ellos no quieren comprarnos, le venderemos a otra persona”, dijo Lula.
Reacciones empresariales y perspectivas
Pese al encendido tono de la campaña, gremios empresariales como la Federación de las Industrias del Estado de São Paulo (Fiesp) y la Cámara Americana de Comercio (Amcham) confían en que el plazo de gracia hasta el 15 de julio abra una ventana de tregua técnica que evite una guerra comercial abierta antes de que los brasileños acudan a las urnas.



