El presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo estadounidense, Donald Trump, en una ceremonia de bienvenida celebrada en el Gran Salón del Pueblo de Pekín. Foto: EFE - Maxim Shemetov / POOL
Después de reunirse con el máximo representante diplomático de China en Malasia el verano pasado, el secretario de Estado Marco Rubio pronunció una frase que apenas causó revuelo en ese momento, pero que más tarde ayudaría a allanar el camino para un cambio repentino. Estados Unidos y China, dijo Rubio, tenían “una oportunidad para lograr cierta estabilidad estratégica” y encontrar áreas de cooperación. Volvió a usar la frase en febrero mientras hablaba de China en el Caribe, también sin que llamara mucho la atención.
Los funcionarios chinos se fijaron en los comentarios de Rubio y sugirieron a sus homólogos estadounidenses un lenguaje aún más optimista para describir las relaciones entre ambas naciones, según dos personas con conocimiento de esta diplomacia hasta ahora desconocida. La nueva frase —“estabilidad estratégica constructiva”— fue presentada por ambos gobiernos durante la reunión del presidente Donald Trump con el líder de China, Xi Jinping, en Pekín el mes pasado.
Aunque el lenguaje suena rígido y algo vago, estos términos diplomáticos sirven como importantes puntos de referencia. El nuevo eslogan indica a las agencias de ambos países, y a otras potencias, que Estados Unidos y China —las dos economías más grandes del mundo y los ejércitos más poderosos— buscan trabajar juntos o limitar las hostilidades, especialmente en materia de comercio y en el tema de Taiwán.
La nueva política de Trump con Pekín ha suscitado preguntas e inquietudes en toda Asia, desde Taipéi hasta Deli y Manila, lo que ha llevado a los funcionarios de la región a apresurarse a reajustar sus propias estrategias hacia Estados Unidos y China. Las señales de los estadounidenses se hicieron más claras durante una serie de visitas oficiales a Asia en las últimas semanas: Trump y sus principales asesores a Pekín, Rubio a India y Pete Hegseth, el secretario de Defensa, a Singapur.
En un foro militar anual, Hegseth dijo que había una “alarma justificada” en Asia por el aumento del poderío militar y las actividades de China, pero también dijo: “Respetamos sus ambiciones”. No mencionó a Taiwán, lo que lo convierte en el primer secretario de Defensa en más de una década que no lo hace en el foro.
Después de sus reuniones en China, Trump elogió efusivamente a Xi, calificándolo de líder imponente, “sacado de una agencia de casting”. Pero lo más importante es que Trump dijo que estaba dejando “en suspenso” la venta de armas a Taiwán como “moneda de cambio” con China, y que Estados Unidos y China estaban formando un “G2” de superpotencias en igualdad de condiciones. “Son los dos grandes países”, declaró a Fox News.
Funcionarios actuales y anteriores de Estados Unidos y Asia dicen que el mensaje es claro: Trump pretende complacer a China, y los demás países deberían seguir su ejemplo. La nueva política supone un cambio radical respecto al enfoque agresivo de Trump durante su primer mandato. Se produce después de que las represalias de China durante la guerra comercial del año pasado obligaran a Trump a dar marcha atrás.
“Al menos por ahora, la perspectiva del Gobierno chino es que su relación con el gobierno de Trump es mejor de lo que jamás habían esperado”, dijo Yun Sun, experta en China del Stimson Center, un grupo de investigación sobre política exterior. “Ven a Trump como una oportunidad para cultivar una imagen positiva de China”, dijo Sun, quien se encontraba en Pekín durante la cumbre. “Creen que quizá puedan aprovechar los próximos dos años y medio para demostrar a la gente que China no es tan mala como todo el mundo piensa”. Añadió que los funcionarios chinos están especialmente interesados en influir en las opiniones de los círculos de política exterior y seguridad nacional en Washington.
La Casa Blanca insiste en que la nueva “relación constructiva de estabilidad estratégica” está vinculada a la “equidad y la reciprocidad”. En una señal de que habrá algo de competencia, el Pentágono añadió el lunes a varias grandes empresas tecnológicas chinas y a un fabricante de vehículos eléctricos a una lista de empresas vinculadas al Ejército chino, en un intento por limitar su comercio global.
Pero China no ha adoptado la interpretación que el gobierno de Trump hace de la nueva expresión. El Gobierno chino ha subrayado que el lenguaje prioriza la cooperación. “Debe ser una estabilidad constante en la que las diferencias sean manejables, y la relación no debe ser como una montaña rusa”, dijo la Embajada china en Washington en un comunicado.
Xi ha sido aún más audaz. En un discurso durante la cumbre, le dijo a Trump que “se están acelerando grandes cambios sin precedentes en un siglo”, una frase que ya ha utilizado antes para describir el declive del poder estadounidense. Xi también instó a Trump a evitar la “trampa de Tucídides”, la teoría según la cual una potencia emergente y una potencia establecida tienden a entrar en guerra.
Trump ha reconocido la afirmación de Xi sobre la igualdad entre superpotencias. En una publicación en redes sociales, escribió que Xi había mencionado “con mucha elegancia” el declive de Estados Unidos, pero argumentó que se refería a la era de Joe Biden.
China lleva años presionando a Estados Unidos para que la reconozca formalmente como una potencia de igual a igual. Xi intentó que el presidente Barack Obama declarara oficialmente que las dos naciones tenían “un nuevo tipo de relaciones entre grandes potencias”. Obama se resistió.
Pero Trump le ha dado una oportunidad a China. “Parece que el presidente ahora solo ve a China como un competidor económico y está tratando de llegar a un modus vivendi con China”, dijo Shivshankar Menon, exministro de Asuntos Exteriores de India y embajador en China, utilizando un término que se refiere a una coexistencia pacífica. “No parece que el gobierno de Estados Unidos esté interesado en las cuestiones geoestratégicas más amplias de Asia”.
El cambio más evidente —y para muchos, el más preocupante— de Trump se ha producido en relación con Taiwán. A principios de este año, para no enfadar a Pekín antes de la cumbre, la Casa Blanca ordenó al Departamento de Estado que no siguiera adelante con un gran paquete de armas que el Congreso ya había aprobado, según informó The New York Times.
Xi advirtió varias veces a Trump sobre esas ventas después de que el gobierno de Trump anunciara un paquete de USD 11.000 millones en diciembre. La nueva postura del gobierno de Trump parece violar un acuerdo diplomático de larga data entre Estados Unidos y Taiwán, conocido como las “Seis Garantías”, y la Ley de Relaciones con Taiwán de 1979. Legisladores de ambos partidos interrogaron a Rubio la semana pasada sobre Taiwán, pero él insistió en que la política no había cambiado. “No lo estamos reteniendo”, dijo con referencia al paquete de armas congelado de USD 14.000 millones. “Simplemente está en revisión”.
Quizás igual de preocupante para el gobierno taiwanés y sus partidarios es el discurso de Trump sobre Taiwán. Hace tiempo que considera a China mucho más importante que Taiwán, la isla democrática y autónoma que el Partido Comunista Chino pretende absorber, y alrededor de la cual el Ejército chino está llevando a cabo agresivas actividades aéreas y marítimas. Tras su “bromance” en Pekín con Xi, Trump pareció culpar a Taiwán de ayudar a preparar el terreno para una posible guerra.
“No busco que nadie se vaya por su cuenta y ya sabes, se supone que tendríamos que recorrer 15.000 kilómetros para ir a la guerra”, dijo: “No busco eso. Quiero que se calmen. Quiero que China se calme”. Trump dijo que él y Xi habían hablado de Taiwán y de la venta de armas a la isla “con gran detalle”.
“A juzgar por todo lo que el presidente Trump ha dicho a los medios, parece que ha asimilado gran parte del pensamiento de Xi Jinping sobre Taiwán”, dijo Bonnie Glaser, directora ejecutiva del programa Indo-Pacífico del German Marshall Fund. “La gente está preocupada”.
En otra medida significativa, Trump decidió recientemente permitir que Nvidia, la empresa tecnológica estadounidense, vendiera potentes chips a empresas chinas. Esa decisión ha suscitado algunas críticas por parte de legisladores y exfuncionarios de ambos partidos, quienes habían respaldado los controles de exportación del gobierno de Biden sobre los chips avanzados.
China no ha aprobado las importaciones de inmediato. Pero, en las últimas semanas, los ejecutivos chinos han percibido una posible flexibilización por parte de Pekín y han buscado formas de comprar los chips, dijo Sun. Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, se subió al Air Force One para volar a China con Trump cuando el avión se detuvo para cargar combustible en Alaska.
Los funcionarios de toda Asia están tratando de discernir dónde encajan sus países en el cambio estratégico de Trump. El viaje de Rubio a Deli tras la cumbre de Pekín tenía como objetivo tranquilizar a los líderes indios tras un año y medio tumultuoso de políticas y declaraciones de Trump que se han percibido de manera generalizada como contrarias a India.
Pero el viaje, que incluyó turismo y una gala organizada por la Embajada de Estados Unidos junto con una reunión con los principales diplomáticos de Australia, India y Japón, los otros miembros de un grupo conocido como el Quad, no aportó nada de fondo. Algunos funcionarios y analistas consideran que el acercamiento de Trump a Pekín conduce a un alejamiento inevitable de los objetivos compartidos con India y otros países asiáticos.
“La convergencia estratégica respecto a China era el pegamento que mantenía unida la política entre Estados Unidos e India”, dijo Milan Vaishnav, director del programa de Asia del Sur en la Fundación Carnegie para la Paz Internacional. “Ahora eso ya no existe”.
En el foro de Singapur, algunos analistas dijeron que el discurso de Hegseth eludió las principales preocupaciones de la región y no abordó cómo Estados Unidos planeaba recuperarse de la guerra que, junto con Israel, inició en Irán, la cual ha agotado las reservas de armas estadounidenses y obligado al Ejército estadounidense a retirar recursos de Asia.
Algunos funcionarios y analistas estadounidenses sostienen que Estados Unidos no se está alejando de Asia. El Comando Indo-Pacífico de Estados Unidos está creando un nuevo centro logístico y de reabastecimiento en la isla de Palaos, en el Pacífico. Los ejercicios de entrenamiento en toda la región liderados por Estados Unidos han ido en aumento.
El ejercicio Balikatan, las maniobras militares conjuntas anuales entre Filipinas y Estados Unidos, reunió a 17.000 soldados de siete países en abril y mayo. Durante el ejercicio, soldados japoneses estuvieron activos en Filipinas por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, y Estados Unidos probó el sistema de misiles Typhon, ampliamente considerado como un elemento disuasorio contra las fuerzas chinas.
“Esto se hizo como una clara demostración de fuerza, una demostración de que Estados Unidos y sus aliados podrían defenderse de un asalto anfibio del EPL”, escribió después Matt Turpin, un funcionario de seguridad nacional de la Casa Blanca en el gobierno de Trump, refiriéndose al Ejército Popular de Liberación de China. “Estoy convencido de que el gobierno de Trump se está tomando en serio la amenaza militar de la República Popular China”.



