Los presos y presas de la cárcel de Brians 1, en Sant Esteve Sesrovires (Barcelona), aguardan con nervios, emoción y agradecimiento la llegada del papa León XIV, quien les visitará el próximo miércoles en un breve acto. Esperan que el pontífice les ofrezca una bendición con la que sientan sus condenas "más cortas".
Una bendición que cambiará sus vidas
"Para mí es una bendición que me llevo para toda la vida", ha asegurado este viernes a los medios Josefina, una de las dos internas elegidas para compartir su testimonio personal con el pontífice. Describe esta oportunidad como "el acto más emocionante de mi vida" y confiesa que "nunca habría esperado" vivir algo así estando en prisión.
"A través de él, Dios está pensando en nosotras y esperamos que nos dé una bendición y que con eso la condena se haga más corta", ha añadido su compañera Maite Juanas, convencida de que están a punto de vivir una de esas experiencias que "solo pasa una vez en la vida".
Detalles de la visita papal
Josefina y Maite son dos de los 80 reclusos que recibirán al papa durante los 25 minutos que estará en el centro penitenciario antes de dirigirse a Montserrat. Esta será la primera visita en la historia de un pontífice a una cárcel en España. Los internos homenajearán al papa con cantos y regalos hechos por ellos mismos.
"Estoy muy nerviosa y emocionada", ha revelado Josefina, que lleva dos noches despertándose de madrugada imaginando cómo será el momento en el que lea su escrito al papa en el salón de actos del penal. Allí le recibirán junto a 80 reclusos y reclusas de las cárceles de Brians 1, Brians 2 y Wad Ras, quienes han sido invitados por mantener una estrecha relación con la práctica religiosa durante su tiempo entre muros.
El testimonio de las internas
Josefina, que trabaja como peluquera en el módulo de mujeres, recuerda el día en que el padre Jesús Roi, referente católico de las internas, le anunció que era una de las elegidas para dirigir unas palabras al pontífice: "Le di un abrazo tremendo, me sentí muy privilegiada, sinceramente, y me puse a llorar", relata.
"Le voy a agradecer su visita, que para mí es una bendición y un privilegio muy grande, y que se haya acordado de las personas que estamos sin libertad, que también somos humanos", ha avanzado sobre el contenido de su intervención, con la que trasladará un sentimiento compartido entre los demás reclusos.
La importancia de la fe en prisión
"Nadie se acuerda de nosotras en la sociedad y también formamos una pequeña parte de ella. Somos personitas y movemos un poco el mundo desde aquí abajo, como podemos", ha reivindicado Maite Juanas, insistiendo en lo agradecidas que están de que el papa haya pensado en ellas y deseando que su visita les "reconforte".
"Nunca hubiera pensado que iba a acabar en una prisión, y ha sido muy duro para mí", ha admitido Josefina, para quien la fe tiene aún más importancia entre rejas: "Dios para mí es lo más importante que hay en la vida. Si no fuera por Dios, yo creo que me hubiera vuelto loca aquí".
Profundamente creyente, Josefina acude cada domingo a la misa que oficia el padre Jesús Roi en la sala polivalente de la cárcel. Él, junto a los voluntarios vinculados a la pastoral católica, ofrece a los reclusos acompañamiento, escucha, apoyo, charlas comunitarias y actividades para acompañarles en sus procesos.
"Aquí se pasan momentos de soledad, de bajón y de pena. Después de haber cometido un error, vivir en prisión es duro", ha explicado Juanas.
Rehabilitación y reinserción
Defensores de la rehabilitación y la reinserción de los condenados —visión por la que también abogó el papa León XIV en su única otra visita a una prisión, la de Bata, en Guinea Ecuatorial— los religiosos acompañan a los internos que lo deseen, sean o no creyentes, y sin saber nunca el motivo que les llevó al encierro.
"Cuando esto acabe, haremos nuestra vida como siempre la hemos llevado, correctamente, sin infringir la ley, y saldremos mejores personas y más fuertes tras haber superado todo lo que hemos vivido aquí", ha concluido Josefina.



