Abelardo De La Espriella es el presidente de Colombia para el período 2026-2030, según la voluntad de la mayoría de los colombianos, avalada por el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la Registraduría Nacional. Aunque el margen de victoria fue estrecho, el veredicto es contundente y no admite cuestionamientos de fondo.
Petro y Cepeda cuestionan los resultados
Desde la noche del 21 de junio, el presidente Gustavo Petro y su candidato Iván Cepeda pusieron en duda la elección, pero finalmente aceptaron el resultado. Sin embargo, lanzaron una serie de acusaciones sobre supuesta compra de votos, intervención de Donald Trump en las elecciones, vínculos con la mafia y la exigencia de que se adopte el plan del perdedor. En su primer discurso, De La Espriella dejó claro que respetará las ideas contrarias, no perseguirá a sus opositores que fomenten la violencia y gobernará para todos. Petro y Cepeda lo descalifican, pretendiendo sembrar desconfianza anticipada.
Un margen estrecho no deslegitima el mandato
No es la primera vez que Colombia elige un mandatario con una diferencia estrecha, y eso no lo descalifica para nada. El ganador debe implementar su programa de campaña en beneficio de todos los ciudadanos, sin distingos de ideología, creencias o estratos, con gradualidad. De La Espriella lo dijo: "Las elecciones terminaron". Creer que el estrecho margen no le da credibilidad al gobierno es otra señal de la siembra de desconfianza.
El legado de Petro: desconfianza y fracaso
Gustavo Petro, siendo mandatario, nunca dejó de ser candidato. Su ideología genera desconfianza en quienes no piensan lo mismo, cautivando a algunos sectores, pero su fracaso ha sido evidente por falta de experiencia, conocimiento y preparación. Su discurso se basa en "gobierno con el pueblo", "revolución y cambio" y defensa de la vida, como si fueran exclusivos de la izquierda. El abuso y la corrupción han sido constantes en su gobierno.
Recuperar la confianza: prioridad nacional
Los colombianos necesitan volver a confiar en el gobierno, confianza que se perdió. Petro se mostró como un presidente enredado, disperso, megalómano, paranoico, mentiroso, irresponsable, superficial y sin principios. Él mismo dijo: "Vale la pena ser presidente, pero no para ser feliz. Qué episodio tan infeliz del que he vivido". Con Petro y su banda creció la pérdida de confianza. Su recuperación debe ser una prioridad nacional frente a la defraudación de estos cuatro años, que tendrá la oposición radical de los "despechados". Se necesita un gobierno, un Congreso, cortes y un sector empresarial como los colombianos: buena gente, vecinos, amigos, soñadores, empujando para el mismo lado, buscando seguridad, transparencia, progreso y bienestar.
La misión de Abelardo y José Manuel
La confianza no implica manguala, sino acuerdos básicos. No es otro Frente Nacional, y las condiciones no las ponen los perdedores. Solo entran quienes quieren bienestar general, crecimiento económico, empleo y soluciones en convivencia y salud, creyendo que los "recursos públicos son sagrados". En democracia, esa es la misión de Abelardo De La Espriella y su vicepresidente José Manuel.



