Escuadras móviles en TransMilenio: un mal síntoma para Bogotá
Escuadras móviles en TransMilenio: un mal síntoma

Durante años, los bogotanos han sido testigos de las oleadas de personas que ingresan a TransMilenio sin pagar, tanto en portales como en estaciones. La situación escaló: primero, los guardias de seguridad eran agredidos al intentar detener a los colados; luego, los guardias comenzaron a actuar en bloque, generando enfrentamientos que parecían batallas campales. Ahora, la administración distrital ha creado las llamadas “Escuadras Móviles”, compuestas por policías y guardias de seguridad, cuyo equipamiento se asemeja más al del ESMAD que al de un civil.

La preocupación de una experta

Blanca Inés Durán, bogotanóloga, ingeniera industrial y gestora pública, señala que “esta necesidad de imponer el orden a través de la fuerza es un mal síntoma para la ciudad, es una espiral en la cual no deberíamos descender”. Aunque reconoce que el problema de seguridad en TransMilenio es grave y requiere personal capacitado, advierte que la solución no es armar “miniescuadrones antidisturbios” sin entender las causas del conflicto.

Las verdaderas causas de los colados

Durán explica que el problema de los colados va más allá de quienes no quieren pagar. Según encuestas de convivencia en la ciudad, muchos usuarios no pagan porque consideran que el pasaje es caro y el servicio es indigno, lento, inseguro e ineficiente. “Para muchos, no pagar es su manera de protestar contra un servicio completamente deficiente”, afirma, aunque aclara que no justifica a los colados: “quien use TransMilenio debe pagar y atenerse a las normas, como cualquier otro ciudadano”.

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La experta sostiene que el mal servicio, las aglomeraciones y la sensación de indignidad, sumados a una infraestructura diseñada para un contexto diferente al de Cundinamarca, han incrementado el problema de forma paulatina, sin que se tomen medidas de fondo.

Fuerza versus educación y cultura ciudadana

Durán critica que el Distrito esté enfocando sus esfuerzos en la fuerza y haya abandonado la educación y la cultura ciudadana, estrategia que “ha rendido frutos tangibles, incluso en los momentos más oscuros y violentos que ha vivido nuestra ciudad”. Asegura que privilegiar la imposición de la fuerza en lugar de mejorar el sistema para hacerlo más digno y eficiente no llevará a ninguna solución.

“Los mejores sistemas de transporte del mundo no necesitan ‘escuadrones antidisturbios’ para funcionar correctamente. La seguridad viene del buen comportamiento y se complementa de sistemas de vigilancia y control. El uso de la fuerza se aplica como última medida y cuando es necesario”, enfatiza.

Una tendencia preocupante a nivel nacional

La autora también expresa su preocupación por la tendencia en Colombia de resolver los problemas por la fuerza, sin experimentar primero con mejoras en educación y cultura ciudadana. Recuerda que el nuevo gobierno ya anunció la creación de “bloques de defensa para la seguridad” en las ciudades, y que Colombia ya ha vivido las consecuencias de privatizar la seguridad o de la connivencia entre la Fuerza Pública y grupos privados.

“¿Qué tal si le damos una oportunidad a la educación, a la cultura ciudadana, y mantenemos el monopolio de la fuerza por parte del Estado?”, concluye Durán.

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