Durante décadas, estudiar en el exterior estuvo asociado a destinos como Nueva York, Londres o Sídney, ciudades que prometen prestigio académico, redes internacionales y mejores oportunidades laborales, pero que también exigen presupuestos inalcanzables para muchas familias. Sin embargo, el mapa global de la educación está cambiando. Hoy, miles de estudiantes internacionales encuentran alternativas que ofrecen títulos de calidad, experiencias multiculturales y costos más bajos.
El Cairo, la ciudad más económica del mundo
Un estudio de Remitly, que analizó más de 1.700 universidades y ciudades en todo el mundo, revela que la diferencia entre elegir una ciudad u otra puede representar ahorros de decenas de miles de dólares durante toda la carrera. La investigación evaluó variables como el costo de vida, alquileres, tarifas de visa y matrículas universitarias para construir un Índice de Gastos Educativos.
La ciudad más económica del mundo para estudiar en el extranjero es El Cairo, en Egipto, con una puntuación de apenas 8,03 sobre 100 en el índice. Allí, el alquiler promedio de un apartamento de una habitación ronda los US$251 mensuales y la matrícula promedio se sitúa cerca de US$2.166 al año. Le siguen Durban, Pretoria, Johannesburgo y Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, consolidando a África como la región más asequible para cursar estudios superiores.
Asia y Europa: opciones accesibles
Asia también se ha convertido en una potencia educativa para estudiantes que buscan ahorrar. Ciudades chinas como Zhenjiang, Lanzhou, Chongqing y Nanchang dominan el listado de las más económicas del continente gracias a alquileres que en algunos casos no superan los US$300 mensuales y costos de vida considerablemente inferiores a los de Europa o Norteamérica. Además, las universidades chinas han mejorado su posicionamiento internacional en áreas como ingeniería, tecnología e informática.
Europa, tradicionalmente uno de los destinos más buscados, también ofrece oportunidades para quienes miran más allá de las grandes capitales. Bakú, en Azerbaiyán, lidera el ranking europeo gracias a una combinación de alquileres accesibles y bajos costos de vida. Le siguen Halle, en Alemania, y Tesalónica, en Grecia. En el caso alemán, uno de los mayores atractivos continúa siendo la existencia de universidades públicas donde la matrícula es gratuita o muy reducida para gran parte de programas académicos.
América Latina: opciones cercanas y competitivas
Para los estudiantes latinoamericanos, la región también aparece como una opción cada vez más competitiva. Buenos Aires encabeza la clasificación sudamericana con una matrícula promedio cercana a US$2.500 anuales, seguida por Santiago de Chile y ciudades brasileñas como São Paulo, Campinas y Porto Alegre. La cercanía cultural, los menores costos de desplazamiento y la posibilidad de estudiar en español siguen siendo factores que impulsan el interés por estos destinos.
En Norteamérica, el estudio encontró que Canadá supera a Estados Unidos en términos de relación calidad-precio. Winnipeg se posicionó como la ciudad más asequible del continente, seguida por Montreal, Kingston y Edmonton. En contraste, aunque Estados Unidos continúa concentrando algunas de las universidades más prestigiosas del planeta, también alberga los destinos académicos más costosos.
Las ciudades más caras y el costo total
Nueva York encabeza el ranking mundial de las ciudades más caras para estudiar. Según Remitly, el alquiler promedio de un apartamento de una habitación supera los US$5.100 mensuales, una cifra que por sí sola supera el presupuesto anual de muchos estudiantes en otros países. También figuran entre las ciudades más costosas Singapur, San Francisco, Boston, Pasadena, Washington y Londres.
Pero para los expertos, el verdadero costo de estudiar en el exterior va mucho más allá del valor de la matrícula. “Un destino económico no se define por tener una matrícula baja, sino por el costo total de estudiar, vivir, entrar legalmente al país y sostenerse durante todo el programa”, explicó Catalina Carrero, directora de la Licenciatura en Educación Infantil y de la Maestría en Ciencias de la Educación de la Universidad de San Buenaventura.
La académica señala que existen al menos cinco variables que deben analizarse: el valor de la matrícula, el costo de vida, los requisitos financieros exigidos para la visa, la tasa de cambio y las posibilidades de trabajar o acceder a becas. “El segundo factor es el peaje financiero de entrada. Canadá, por ejemplo, exige demostrar CAD$22.895 (US$16.126) para manutención del primer año, sin incluir matrícula ni transporte. Es decir, un país puede parecer atractivo por su calidad académica, pero dejar de ser accesible por las exigencias económicas para obtener la visa”, explicó Carrero.
La especialista agregó que muchos estudiantes subestiman el impacto de la tasa de cambio en proyectos académicos que pueden extenderse durante varios años. “Para un colombiano, estudiar en el exterior hoy luce más barato que hace un año porque el dólar se ha debilitado frente al peso. Sin embargo, una carrera o una maestría no se pagan en una sola semana. Son proyectos expuestos a fluctuaciones cambiarias durante varios semestres”, advirtió.
Presupuesto integral: más allá de la matrícula
Uno de los errores es concentrarse exclusivamente en la matrícula y dejar de lado los gastos diarios. Para Luz Karime Abadía, decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana y cofundadora del Laboratorio de Economía de la Educación, tanto la matrícula como el costo de vida tienen un peso determinante en la ecuación financiera. “Puede haber universidades donde la matrícula sea gratuita, pero vivir en euros implica un gasto mucho más alto que en Colombia”, explica.



