La constituyente universitaria, impulsada como un mecanismo de participación democrática en las instituciones de educación superior, se ha convertido en un experimento fallido que debe concluir. Diversos sectores académicos y políticos han señalado que este proceso no ha logrado sus objetivos iniciales y ha generado más problemas que soluciones.
Críticos argumentan que la constituyente universitaria ha sido utilizada para fines políticos ajenos a la academia, desviando la atención de la misión educativa. Además, se ha observado una baja participación de la comunidad universitaria, lo que pone en duda su legitimidad y representatividad.
Expertos en educación superior recomiendan poner fin a este experimento y enfocar los esfuerzos en mejorar la calidad educativa, la investigación y la gestión institucional. La constituyente, lejos de fortalecer la democracia universitaria, ha generado polarización y desgaste institucional.
Se espera que las autoridades educativas tomen cartas en el asunto y evalúen la continuidad de este proceso, priorizando el bienestar académico y la estabilidad de las universidades.



