Un eclipse lunar total tiñó de rojo la superficie de la Luna el pasado 3 de marzo, ofreciendo un espectáculo visible en América, el océano Pacífico, Asia y Oceanía. El fenómeno, conocido popularmente como 'Luna de sangre', atrajo miradas y cámaras en todo el planeta.
Según la NASA, el eclipse ocurrió cuando la Tierra se interpuso entre el Sol y la Luna llena, bloqueando la luz solar directa. La sombra terrestre generó una tonalidad rojiza sobre el satélite debido a la dispersión de la luz solar en la atmósfera, que filtra las longitudes de onda azules y deja pasar las rojizas.
El evento constó de tres etapas: penumbra, parcialidad y totalidad. Durante la fase de totalidad, la Luna se transformó en una esfera de rojo intenso, cuyo tono varió según la cantidad de polvo o nubes en la atmósfera terrestre.
Este eclipse total no fue un fenómeno aislado. Llegó después del eclipse solar anular del 17 de febrero, visible en la Antártida, y de una inusual alineación de seis planetas con la Luna el 28 de febrero, configuración que no se repetirá hasta 2040.



