Tortugas marinas: su viaje transfronterizo y la urgente actualización del plan regional de conservación
Tortugas marinas: actualización del plan regional de conservación

Una tortuga marina puede nacer en una playa de Costa Rica, alimentarse frente a las costas de Colombia y recorrer miles de kilómetros hasta las aguas de Chile. Su supervivencia depende de ecosistemas, comunidades y decisiones que trascienden las fronteras de un solo país. Por esta razón, expertos de la región avanzan en la actualización del Programa Regional para la Conservación de las Tortugas Marinas del Pacífico Sudeste 2007-2030, una herramienta impulsada por la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS) para fortalecer la coordinación entre los países que comparten estas rutas migratorias.

Este proceso de actualización coincide con la conmemoración del Día Mundial de las Tortugas Marinas, celebrado cada 16 de junio, fecha que busca visibilizar la situación de estas especies y promover acciones para su conservación. Las poblaciones actuales representan apenas una fracción de las que existían hace varios siglos. Un ejemplo claro es la tortuga verde o negra (Chelonia mydas). Un estudio publicado en el libro The Biology of Sea Turtles en 2002 indicó que su población pasó de entre 16 y 33 millones de individuos en el siglo XV a cerca de dos millones a comienzos de este milenio.

Para 2026, esta tendencia se ha mantenido. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), actualmente seis de las siete especies de tortugas marinas en el mundo presentan algún nivel de amenaza de extinción. En el Pacífico Sudeste se encuentran cinco especies: la tortuga golfina (Lepidochelys olivacea), la tortuga verde o negra (Chelonia mydas), la tortuga carey (Eretmochelys imbricata), la baula o laud (Dermochelys coriacea) y la tortuga cabezona (Caretta caretta).

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Un viaje cada vez más difícil

Durante décadas, las principales amenazas para las tortugas marinas han sido la pérdida y degradación de sus hábitats, la captura incidental y el tráfico ilegal de ejemplares. Sin embargo, los expertos advierten que hoy enfrentan desafíos aún más complejos.

“Estas especies enfrentan nuevas amenazas, como un fenómeno de El Niño potencialmente más intenso que los anteriores, el calentamiento y la acidificación de los océanos. Además, en la última década se ha registrado la aparición de nuevas enfermedades vinculadas al deterioro de la salud oceánica”, sostiene Leonardo Marriaga Rocha, director del Plan de Acción Regional para la Protección del Medio Marino y Áreas Costeras del Pacífico Sudeste de la CPPS, en la que participan Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Panamá.

A finales de la semana pasada, especialistas de varios países se reunieron en las islas Galápagos, Ecuador, en el marco del proyecto Save The Blue Five, financiado por el Ministerio de Medio Ambiente de Alemania a través de su Iniciativa de Conservación del Clima (IKI), e implementado por la CPPS, la Cooperación Alemana GIZ, Conservación Internacional y MarViva. Allí se avanzó en la evaluación de la vulnerabilidad de especies de megafauna marina frente al cambio climático.

“Lo que hemos visto es que esos cambios en el clima están provocando modificaciones en sus patrones de migración, comportamiento e incluso en su anidación. Esto, en el futuro, podría reflejarse en una disminución de su población y generar afectación crítica para la especie”, sostiene Marriaga, quien agrega que estas alertas permiten entender los cambios que pueden ocurrir con el objetivo de anticipar medidas de conservación.

El sexo depende de la temperatura

Uno de los factores que más preocupa a los científicos es el efecto del aumento de la temperatura en las playas donde anidan las tortugas marinas. La razón es que el sexo de las tortugas depende de la temperatura de incubación de los huevos. Temperaturas más altas tienden a producir más hembras, mientras que temperaturas más bajas favorecen el nacimiento de machos. Por eso, el calentamiento de las playas podría alterar significativamente la proporción de sexos y reducir la presencia de machos en algunas poblaciones. Además, temperaturas excesivamente altas también pueden reducir la viabilidad de los huevos y disminuir el éxito de eclosión.

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Para Marriaga, el estado de las tortugas marinas también refleja la salud del océano y de los ecosistemas costeros. “La degradación de los ecosistemas marino-costeros está directamente relacionada con el estado de conservación de las tortugas marinas. Y, en el sentido inverso, ellas pueden funcionar como un indicador de la salud del océano”, asegura.

Una de las señales que está empezando a encender alertas en este “termómetro” de la salud del océano es la presencia de enfermedades cada vez más observadas en estas especies. Entre ellas está la fibropapilomatosis, una enfermedad caracterizada por el crecimiento de tumores externos e internos que pueden dificultar funciones vitales como nadar, alimentarse o ver. Aunque sus causas todavía se investigan, distintos estudios han asociado su aparición y propagación con el deterioro ambiental, la contaminación y otros cambios en las condiciones del ecosistema marino.

Contaminación y pesca incidental

Según la CPPS, entre los principales desencadenantes del deterioro ambiental se encuentran la descarga masiva de aguas residuales domésticas de centros urbanos densamente poblados, la minería, el uso intensivo de plaguicidas y fertilizantes en plantaciones agrícolas, la contaminación debida al transporte marítimo y el turismo insostenible.

Verónica Cáceres, secretaria de la Convención Interamericana para la Conservación de las Tortugas Marinas (CIT), destaca entre los contaminantes los plásticos. “Hemos participado en estudios para entender cómo afectan esos residuos a las tortugas marinas. En muchas necropsias hemos constatado la cantidad de plásticos que ingieren, en detrimento del funcionamiento de sus órganos, en particular debido a la obstrucción intestinal que causa la muerte”, sostiene. A estos se suman la pesca incidental, las artes de pesca a la deriva y la contaminación lumínica, pues las luces artificiales en playas pueden desorientar tanto a las hembras como a las crías recién nacidas.

Aunque la situación de las tortugas marinas sigue siendo preocupante a nivel global, los expertos destacan que algunas poblaciones, como la tortuga verde, han mostrado signos de recuperación en ciertas regiones del mundo. Estos avances han sido posibles gracias a la aplicación sostenida de medidas de conservación como la protección de las playas de anidación, la reducción de las capturas incidentales y el fortalecimiento de las leyes y políticas de protección ambiental.

Iniciativas globales y regionales

Ante este contexto de alta amenaza, en el mundo han surgido diferentes iniciativas para proteger la biodiversidad de los océanos. Entre ellas se encuentra el Marco Mundial de Kunming-Montreal, firmado en 2022 en Canadá, que estableció entre sus 23 metas proteger y restaurar el 30 % del área terrestre, costera, marina y de aguas continentales del mundo para 2030.

A nivel regional, se han desarrollado apuestas específicas para proteger a las tortugas y a la megafauna marina, como el proyecto Save the Blue Five, que busca mejorar la conservación y la supervivencia a largo plazo de especies en sus principales rutas migratorias en el Pacífico sudeste, desde Costa Rica hasta Chile. A esto se suman los esfuerzos de la CPPS y la CIT, que promueven la cooperación técnica, científica y política entre los países para fortalecer la protección de estas especies migratorias y sus hábitats.

“Las tortugas marinas, debido a su carácter altamente migratorio, requieren estrategias de conservación transnacionales. Estas especies recorren miles de kilómetros entre sus zonas de anidación y alimentación, por lo que las medidas adoptadas en un país pueden perder efectividad si no existen acciones similares en otros territorios por donde pasan”, sostiene Cáceres. “De ahí la importancia de avanzar en acuerdos regionales que compartan objetivos comunes y cuenten con mecanismos de coordinación que fortalezcan su impacto, establezcan estándares de monitoreo comparables y faciliten el intercambio de información entre países”, destacó.

Uno de los ejemplos más claros de esta interconexión ocurre con los sitios de anidación de la tortuga baula o laud, una especie que a nivel regional está en peligro crítico de extinción. Sin embargo, en los últimos años se han identificado sitios de anidación en Ecuador, un hallazgo que no solo amplía el conocimiento sobre su distribución, sino que abre nuevas oportunidades para coordinar esfuerzos de conservación y fortalecer la recuperación de sus poblaciones.

Tanto la CIT como la CPPS han trabajado para desarrollar esquemas regionales de monitoreo que permitan observar las especies con metodologías comparables e intercambiar información entre países. “Además, se ha trabajado para establecer espacios de intercambio para que, si un país implementa una regulación efectiva para reducir amenazas como la pesca incidental o medidas para fortalecer el monitoreo, esa experiencia pueda replicarse en los otros”, precisa Marriaga.

Por su parte, también se ha hecho un esfuerzo por llegar a las comunidades locales y trabajar en la reducción de contaminación de playas, disminuir el impacto de un turismo no sostenible y fortalecer la pedagogía para tener un abordaje integral de estas problemáticas. Esto es lo que se busca mejorar con el programa regional de conservación que se actualizará el próximo mes y mantendrá atención sobre amenazas históricas —como la pesca incidental y el tráfico ilegal de especies—, e incorporará riesgos emergentes relacionados con el deterioro de la salud del océano y el cambio climático. La apuesta, además, es cambiar la escala de respuesta: desde acciones locales, poder avanzar hacia una coordinación regional que permita enfrentar problemas que no reconocen fronteras.

Para los expertos, conservar tortugas marinas no significa proteger una sola especie: por sus rutas y hábitats, las medidas implican acciones de protección de manglares, humedales costeros y otras especies (como tiburones y peces) que dependen de esos ecosistemas. Una vez se adopte la actualización del programa regional, el reto será que los gobiernos nacionales incorporen sus lineamientos en las estrategias de conservación de cada país. La apuesta es que medidas como el manejo de playas de anidación o la reducción de la pesca incidental dejen de depender de esfuerzos aislados y comiencen a aplicarse bajo criterios compartidos a nivel regional.

Usted también puede tomar acciones para proteger estas especies únicas que habitan las costas del país, como reducir el uso de plásticos, no comprar productos derivados de tortugas, apoyar el turismo sostenible y participar en actividades de limpieza de playas.