Un nuevo estudio publicado en la revista The Lancet ha identificado que intervenciones personalizadas y participativas son las más efectivas para prevenir la demencia, logrando que los participantes mejoren sus factores de riesgo modificables hasta en un 26%. Los investigadores destacan que bastan solo siete minutos diarios de actividad física para activar el cuerpo, bajar de peso y reducir hasta un 41% el riesgo de demencia.
La brecha entre el conocimiento y la acción
Mario Siervo, autor del estudio y perteneciente a la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Curtin (Australia), afirmó que los resultados mostraban una clara brecha entre lo que la gente sabe y lo que hace. “Hasta el 45 por ciento de los casos de demencia están relacionados con factores modificables que podemos cambiar, como nuestro estilo de vida, estado de salud y entorno”, declaró Siervo. “Pero no basta con informar a la gente sobre cuáles son esos riesgos; las campañas de concienciación son importantes, pero por sí solas rara vez conducen a un cambio de comportamiento significativo o duradero”.
Stephan Blossom Stephan, catedrática de Demencia en el Instituto enAble de Curtin y coautora del estudio, agregó: “Todavía existe la creencia generalizada de que la demencia es una parte inevitable del envejecimiento, lo cual no es cierto. Pero incluso cuando las personas son conscientes de los riesgos, barreras como el tiempo, el coste y la motivación pueden impedirles realizar cambios en su estilo de vida”.
Revisión sistemática de intervenciones
El estudio no probó un nuevo medicamento ni evaluó un tratamiento experimental. En cambio, realizó una revisión sistemática de la literatura científica para analizar qué tan efectivas han sido las intervenciones de salud pública diseñadas para prevenir la demencia a gran escala. Los autores recopilaron y compararon toda la evidencia disponible sobre campañas de comunicación, programas comunitarios, cursos educativos, plataformas digitales y otras estrategias dirigidas a la población general.
Para ello, revisaron miles de publicaciones científicas publicadas hasta mayo de 2025 y actualizaron nuevamente la búsqueda en mayo de 2026. Después de aplicar criterios de selección, identificaron 12 estudios desarrollados en ocho países: Australia, Bélgica, Chile, China, Dinamarca, Estados Unidos, Puerto Rico y los Países Bajos. En conjunto, estas investigaciones incluyeron desde pequeñas intervenciones con poco más de 50 participantes hasta campañas nacionales que alcanzaron a más de 8.000 personas.
Estrategias más efectivas
Los investigadores evaluaron muchos tipos de estrategias. Algunas consistían en campañas masivas difundidas por televisión, radio, prensa escrita, redes sociales o sitios web; otras incluían cursos virtuales, programas de aprendizaje en línea, herramientas para calcular el riesgo individual de desarrollar demencia, exposiciones interactivas, talleres comunitarios o actividades lideradas por promotores de salud.
Los resultados mostraron diferencias importantes entre unas estrategias y otras. Las campañas masivas consiguieron un amplio alcance poblacional, pero generaron mejoras relativamente pequeñas en el conocimiento sobre la prevención de la demencia. En cambio, las intervenciones más participativas —como los programas educativos personalizados, los cursos en línea o las iniciativas comunitarias que incluían una evaluación del riesgo individual— obtuvieron resultados mucho más consistentes.
Mejora del 26% en factores de riesgo
El programa con mejores resultados combinó una evaluación personalizada del riesgo de demencia con un curso estructurado sobre prevención. Tres años después de la intervención, los participantes de este tipo de estrategias habían logrado una mejora del 26% en sus factores de riesgo modificables, el efecto más sólido observado entre todos los estudios analizados.
“Cuando las personas comprenden su propio riesgo personal y se les brindan formas claras y prácticas de actuar, especialmente a través de redes comunitarias de confianza, es más probable que realicen cambios significativos”, resumió Siervo.
Implicaciones y próximos pasos
No obstante, los autores advierten que todavía hacen falta investigaciones con seguimientos más prolongados para confirmar si estos cambios de comportamiento terminan traduciéndose en una reducción de nuevos casos de demencia en la población. “Dado que se prevé que las tasas de demencia aumenten significativamente en las próximas décadas, la prevención es una de las herramientas más poderosas de las que disponemos”, concluyó Stephan. “Pero para lograrlo, necesitamos replantearnos cómo comunicamos el riesgo y cómo apoyamos a las personas para que actúen en consecuencia”.
El estudio subraya que con solo siete minutos diarios de actividad física se pueden obtener beneficios significativos para la salud cerebral, incluyendo la reducción del riesgo de demencia en un 41%. Esta cifra se suma a la evidencia que respalda la actividad física como un factor protector clave.



