Fraude digital: ataques se disparan más de 400% y celulares son el blanco
Fraude digital: ataques suben 400% y celulares son el blanco

El fraude digital ha pasado de ser una amenaza menor a convertirse en uno de los riesgos más importantes para empresas, entidades financieras y consumidores en Colombia. El crecimiento acelerado del comercio electrónico, la digitalización de los servicios financieros y la masificación de los pagos electrónicos han abierto nuevas oportunidades para que los delincuentes perfeccionen sus ataques y amplíen su alcance.

Aumento alarmante del fraude digital en Colombia

Un análisis de LexisNexis Risk Solutions revela que el fraude digital en Colombia ha aumentado más de 400% desde 2020. Esta cifra refleja tanto el incremento de las actividades fraudulentas como la rapidez con la que los ciberdelincuentes adaptan sus métodos a los nuevos hábitos digitales. El país atraviesa una etapa de transición donde la expansión de infraestructuras de pago digital y servicios financieros genera más puntos de exposición, mientras los mecanismos de control y prevención aún maduran.

Account Takeover: el robo de cuentas en aumento

Una de las tendencias más preocupantes es el aumento de los ataques de apropiación de cuentas, conocidos como Account Takeover (ATO). En estos casos, los delincuentes obtienen acceso no autorizado a cuentas bancarias, correos electrónicos, redes sociales o aplicaciones financieras para realizar transacciones fraudulentas, extraer información o suplantar la identidad de los usuarios. Según LexisNexis, la evolución del mercado colombiano se asemeja a lo ocurrido en Estados Unidos y Canadá, donde el fraude se concentra cada vez más en los canales digitales y móviles.

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El costo oculto del fraude

El estudio “True Cost of Fraud” señala que las pérdidas económicas van más allá del dinero robado directamente. Las instituciones financieras de Norteamérica reportan que por cada dólar perdido en fraude, terminan asumiendo un costo real cercano a cinco dólares. Esto incluye gastos en investigaciones, procesos legales, atención al cliente, recuperación de fondos, cumplimiento regulatorio y daños reputacionales. El fraude no solo afecta los balances financieros, sino que también incrementa los costos administrativos y deteriora la confianza de los usuarios.

A pesar de la sofisticación de las amenazas, cerca de la mitad de las organizaciones aún depende de procesos manuales para detectar y prevenir actividades sospechosas. Esto ha llevado a muchas entidades a acelerar inversiones en automatización, analítica avanzada e inteligencia artificial para responder más rápido a los nuevos esquemas criminales.

La reputación también está en juego

El fraude tiene consecuencias directas sobre la percepción de las marcas y la relación con los clientes. Según el estudio, el 45% de las instituciones financieras consultadas aseguró que los incidentes de fraude han afectado significativamente su reputación. El mismo porcentaje considera que estas situaciones deterioran la confianza de los usuarios o dificultan la construcción de relaciones de largo plazo. La afectación también se refleja en la experiencia del cliente: el 39% de las organizaciones reportó una disminución en los niveles de satisfacción debido a preocupaciones de seguridad, y otro 39% identificó abandonos en procesos de apertura de cuentas o solicitudes de productos por temor al fraude o por medidas de verificación excesivas.

Paradójicamente, las estrategias para combatir el fraude pueden convertirse en un problema. Dos de cada tres instituciones reconocieron que sus controles de prevención han contribuido al aumento de la pérdida de clientes durante el último año. Esto ha generado un desafío complejo: encontrar el equilibrio adecuado entre seguridad y experiencia del usuario. De hecho, el 93% de las organizaciones afirma estar trabajando en definir el nivel de fricción correcto para proteger las operaciones sin afectar la facilidad de uso de los servicios digitales.

Las modalidades de fraude que más crecen

El informe identifica tres grandes categorías de fraude que afectan a las instituciones financieras:

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  • Fraude de terceros: responsable de aproximadamente la mitad de las pérdidas. Delincuentes externos utilizan identidades robadas, cuentas intermediarias o accesos ilegítimos para cometer fraudes.
  • Fraude de primera parte: representa cerca de un tercio de las pérdidas. Los propios clientes realizan reclamaciones falsas o aprovechan indebidamente políticas de reembolso y protección.
  • Fraude mediante identidad sintética: una de las amenazas de más rápido crecimiento. Combina información real robada con datos falsos para crear identidades ficticias que superan procesos tradicionales de validación. La inteligencia artificial facilita este tipo de engaños.

A esto se suman las estafas digitales, responsables del 36% de las pérdidas por fraude. Los delincuentes manipulan psicológicamente a las víctimas para que autoricen transferencias o pagos creyendo que son operaciones legítimas. Otro fenómeno preocupante es el crecimiento de los bots maliciosos, que simulan comportamientos humanos para abrir cuentas falsas, probar credenciales robadas o tomar control de cuentas legítimas. Actualmente, representan cerca de tres de cada diez transacciones procesadas por algunas instituciones financieras.

El celular, principal objetivo de los ciberdelincuentes

El canal que concentra la mayor atención de los delincuentes es el móvil. Las aplicaciones financieras, billeteras digitales y navegadores móviles ya representan el 37% de las pérdidas totales por fraude reportadas por las entidades financieras, superando ampliamente a los portales web tradicionales y a las operaciones presenciales. El crecimiento es acelerado: dos tercios de las organizaciones consultadas indicaron que el fraude móvil aumentó al menos un 10% durante el último año, mientras que un 15% reportó incrementos superiores al 25%.

La expansión de las transacciones desde teléfonos inteligentes ha multiplicado las superficies de ataque. Los delincuentes aprovechan aplicaciones de terceros, billeteras digitales, pagos sin contacto, mensajes de texto y navegadores móviles para ejecutar fraudes cada vez más sofisticados. Para Colombia, la experiencia internacional deja una advertencia clara: a medida que crece la digitalización financiera, también lo hacen las oportunidades para el fraude. La diferencia estará en la velocidad con la que empresas, entidades financieras y organismos de control adopten tecnologías capaces de anticiparse a la amenaza.