El esplendor perdido de Bucaramanga: una ciudad que olvida su patrimonio arquitectónico
Quienes tuvieron la oportunidad de caminar por las calles de Bucaramanga durante las décadas de 1970 y 1980 atestiguan una realidad diferente a la actual. La ciudad no solo era más tranquila, sino que poseía una belleza arquitectónica excepcional que hoy parece desvanecerse en el tiempo. Su encanto urbanístico se fundamentaba en un paisaje dominado por majestuosas casonas de estilos republicano y colonial, que se erigían con orgullo en diversos barrios, especialmente alrededor de los parques tradicionales de cada sector.
Testimonios físicos de una historia que se desvanece
Aquellas edificaciones, caracterizadas por sus techos altos, patios interiores y fachadas ornamentadas con balcones y ventanales detallados, constituían el testimonio tangible de una rica historia local. Representaban la expresión material de una identidad cultural que, en la actualidad, nos parece casi un espejismo lejano. Sin embargo, de aquel esplendor arquitectónico que definía el carácter de la ciudad, apenas sobreviven contadas excepciones que nos recuerdan lo que una vez fue Bucaramanga.
Entre los ejemplos que resisten el paso del tiempo destaca la recuperada casa donde nació el líder político Luis Carlos Galán Sarmiento, transformada hoy en un espacio que honra la memoria del caudillo. Este caso demuestra de manera contundente que la restauración del patrimonio arquitectónico es posible cuando existe voluntad política combinada con presión ciudadana organizada.
Adaptación versus abandono: dos destinos para el patrimonio
Otro caso destacable es el de la antigua sede de los colegios San Pedro y El Pilar, que ha sido transformada en el Centro Cultural del Oriente, ubicado en el marco del Parque Centenario. Este proyecto ejemplifica cómo un edificio histórico puede adaptarse a nuevos usos contemporáneos sin perder su valor arquitectónico y simbólico original.
No obstante, estos casos exitosos no deben distraernos de la cruda realidad: una gran cantidad de patrimonio arquitectónico ya ha desaparecido de manera irreversible. En medio de este panorama de pérdidas, existen situaciones particularmente dolorosas por lo que representan históricamente.
La casa de Custodio García Rovira, prócer de la Independencia y mártir santandereano, se derrumba lentamente ante la mirada indiferente de una comunidad que no valora su importancia y de gobiernos sucesivos que la han despreciado. Resulta una afrenta silenciosa que una edificación con tanto peso histórico se desvanezca por falta de respaldo institucional, mientras el debate público se ocupa de urgencias consideradas menores.
Los sobrevivientes: ejemplos de lo que podría ser
Frente a este abandono generalizado, contrasta la fortaleza de otras pocas casonas que han logrado sobrevivir. Entre ellas destacan la Casa Striethorst, con su inconfundible estilo arquitectónico, y la popularmente conocida como Casa del Diablo.
Sobresale especialmente, por su impecable estado de conservación, la casona que sirve de sede a la Liga de Lucha contra el Cáncer en el marco del Parque Antonia Santos. Muchos consideran que esta edificación es quizás la más bella y mejor conservada de las casonas de su estilo en toda Bucaramanga. Su existencia constituye un ejemplo viviente de que la preservación del patrimonio arquitectónico es un acto de gratitud con el pasado y, simultáneamente, una inversión inteligente en el futuro.
Oportunidades perdidas y lecciones por aprender
Si las administraciones municipales pasadas hubieran apreciado debidamente estos valores históricos, estéticos y urbanísticos; si se hubiera implementado una protección integral no solo de las casonas individuales, sino también de su entorno de calles empedradas y parques tradicionales, hoy tendríamos una ciudad infinitamente más atractiva. Bucaramanga podría ser un museo vivo capaz de atraer un turismo cultural de calidad que generaría desarrollo económico sostenible y progreso social.
Cada edificación histórica que se pierde representa:
- Un pedazo irrecuperable de nuestra historia colectiva que se esfuma
- Un potencial turístico que se destruye antes de materializarse
- Una oportunidad única de embellecer el espacio público que se desaprovecha
La lección debería estar aprendida, pero la urgencia del momento actual nos obliga a repetirla con vehemencia: no podemos permitir que lo poco que queda de lo mejor que construyeron las generaciones pasadas corra la misma suerte de abandono y desaparición. El patrimonio arquitectónico de Bucaramanga clama por atención antes de que sea demasiado tarde.