Cartagena: ¿Quién construye realmente la ciudad, la norma o la comunidad?
En Cartagena, las discusiones sobre el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), el Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) y la conservación del Centro Histórico son frecuentes. Sin embargo, rara vez se aborda una pregunta más profunda y esencial: ¿quién construye realmente la ciudad? ¿Acaso son las normas redactadas en escritorios distantes, o es la comunidad que habita y vive el territorio día a día?
El PES Vida de Barrio: una mirada transformadora
El Plan Especial de Salvaguardia (PES) Vida de Barrio de Getsemaní introduce una perspectiva radicalmente distinta. Es crucial aclarar que un PES no modifica por sí mismo los usos del suelo ni redefine índices de construcción, competencias reservadas al PEMP del Centro Histórico y al POT. No obstante, su papel es decisivo: otorga legitimidad social, cultural y patrimonial a una visión de territorio que debe reflejarse en esos instrumentos normativos.
Marco legal: patrimonio y ordenamiento territorial
La Ley General de Cultura, incluyendo la Ley 397 y los decretos 1080 y 2358, refuerza la articulación entre patrimonio y ordenamiento territorial. Esta normativa reconoce que la protección cultural no puede aislarse de las decisiones urbanas, estableciendo incluso la prevalencia de las disposiciones de conservación al adoptar o ajustar instrumentos de planeación. El patrimonio, por tanto, no es un mero adorno normativo, sino un determinante fundamental de la planeación urbana.
La pregunta incómoda: ¿conservar edificios o comunidades?
Aquí surge una interrogante incómoda pero necesaria: ¿de qué sirve conservar edificios históricos si la población que les da sentido desaparece? ¿Puede hablarse de salvaguardia cuando el tejido social se fragmenta y la vivienda se reemplaza progresivamente por usos turísticos masivos?
Innovación del PES de Getsemaní: enfoque urbano integral
La innovación del PES de Getsemaní radica en su carácter esencialmente urbano. No se limita a proteger expresiones festivas o saberes tradicionales aislados. En cambio, reconoce como manifestación cultural un sistema de vida completo: la relación histórica y simbiótica de una comunidad con un territorio patrimonial. Los residentes no son elementos decorativos; son los portadores vivos de la cultura que se busca salvaguardar y quienes garantizan su transmisión intergeneracional.
Escalas de planeación: del barrio a la ciudad
Esta escala transforma radicalmente la discusión urbana. Mientras el POT ordena la ciudad en su totalidad y el PEMP regula un entorno patrimonial amplio como el Centro Histórico, el PES introduce una lectura desde abajo, desde el barrio. En Getsemaní, donde la presión turística ha sido intensa y constante, esta reflexión adquiere urgencia crítica. El mismo atractivo cultural que convirtió al barrio en destino global amenaza hoy su sostenibilidad social y patrimonial.
Condiciones para la preservación patrimonial
Si la planeación urbana no asume que la permanencia de la comunidad, e incluso la llegada de nuevos residentes comprometidos con la vida barrial, es condición indispensable para preservar el patrimonio inmaterial, la protección quedará reducida a fachadas vacías y la ciudad a mera escenografía turística.
Construir ciudad desde el barrio: más que romanticismo
Construir ciudad desde el barrio no es romanticismo ni nostalgia infundada. Es entender que la resiliencia urbana depende de comunidades vivas, diversas y con arraigo profundo. El PES no sustituye al POT ni al PEMP, pero puede y debe orientar su sentido y aplicación práctica.
Conclusión: la mayor contribución del PES
Y esa puede ser su mayor contribución: recordar, con contundencia, que la ciudad no se protege solo con normas, sino con comunidad; no solo con regulación técnica, sino con gente que habita, siente y construye el territorio cada día. La verdadera salvaguardia del patrimonio cultural de Cartagena depende de este equilibrio delicado pero esencial.



