La obsesión de los líderes con los medios: de la radio al cine y las redes sociales
En la actualidad, numerosos presidentes, expresidentes y aspirantes a la presidencia en todo el mundo han desarrollado una marcada adicción a las denominadas "redes sociales". Esta tendencia no es novedosa, ya que históricamente los grandes tiranos siempre se han sentido atraídos por los medios de comunicación masivos. Ejemplos notables incluyen a Adolf Hitler y Joseph Stalin con la radio, y a Benito Mussolini con el cine.
Mussolini y su política cinematográfica nacionalista
Desde el inicio de su mandato, Mussolini reconoció el inmenso valor del cine como herramienta propagandística. Por ello, implementó una política cinematográfica de corte nacionalista, fomentando la producción de cortometrajes impregnados del espíritu italiano y prohibiendo la exhibición e importación de películas norteamericanas. En 1937, ordenó la construcción de los legendarios estudios Cinecittà, donde en los siguientes seis años se produjeron aproximadamente 200 largometrajes.
Estas películas seguían una fórmula similar a las comedias de Hollywood, ofreciendo dosis irresistibles de romanticismo dulzón en historias de fácil comprensión, siempre con un final feliz. En esencia, eran odas puras y duras que exaltaban los atributos del "Duce" y contribuían a la consolidación de la identidad italiana.
El giro hacia el neorrealismo tras la caída de Mussolini
Con la caída de Mussolini en 1945, el cine italiano abandonó por completo la retórica propagandística y la visión de una Italia perfecta e invencible. En su lugar, los directores dirigieron su mirada hacia un país devastado por las consecuencias de la guerra: una nación en ruinas, asolada por la miseria, el hambre y el dolor.
La escasez de recursos y la nueva realidad del país obligaron a los cineastas a reinventar su profesión, dando origen al neorrealismo. Este movimiento cinematográfico se caracterizó por preceptos austeros:
- Elección de locaciones exteriores, ya que los estudios habían sido destruidos.
- Colaboración estrecha entre directores y guionistas.
- Improvisación en los guiones y diálogos construidos con la lengua cotidiana.
- Utilización de actores no profesionales debido a la falta de grandes presupuestos.
- Ejercicio de cámaras al hombro, al estilo documental, con montajes libres de artificios.
Obras emblemáticas del neorrealismo italiano
Entre los ejemplos clásicos del neorrealismo, destacan películas que marcaron un hito en la historia del cine:
- Roma, ciudad abierta (1945) de Roberto Rosellini, considerada el punto de partida concreto del movimiento.
- El ladrón de bicicletas (1948) de Vittorio de Sica.
- La tierra tiembla (1948) de Luchino Visconti.
- La Strada (1954) de Federico Fellini.
Precisamente, Fellini colaboró en el guion de Roma, ciudad abierta, una película rodada en escenarios naturales con actores no profesionales. Su argumento se basó en un hecho real: la tortura y asesinato del cura Luigi Morosini durante la ocupación nazi en 1944.
El valor contemporáneo del neorrealismo
Este tipo de cine no solo ilustra las luchas y realidades de una época, sino que también sirve como un recordatorio poderoso que indigna a los tiranos de turno, quienes a menudo no comprenden los deseos y sufrimientos de la gente común. En contraste con la propaganda de Mussolini, el neorrealismo ofreció una visión cruda y auténtica de la Italia postguerra, estableciendo un legado perdurable en la cinematografía mundial.