Alexandra Albán: el camino de una percusionista que desafió estereotipos
Cuando Alexandra Albán recibió el mensaje de WhatsApp de la compañía alemana Meinl Percussion, sintió que culminaba un sueño de décadas. La empresa, una de las más prestigiosas en instrumentos de percusión a nivel mundial, quería fabricar una línea de congas y bongós con su nombre. Para esta artista colombiana, radicada en Estados Unidos desde hace 17 años, este reconocimiento representaba mucho más que un logro profesional: era la validación de un camino lleno de sacrificios, prejuicios superados y pasión inquebrantable.
Los inicios: de Pasto a Cali con una trompeta
Alexandra Albán nació hace 46 años en Pasto, una ciudad que tradicionalmente no se asocia con la salsa, pero que ha dado grandes músicos como el pianista Eddy Martínez. Su primer acercamiento a la música fue a través del canto, ganando competencias escolares desde los 7 años. Poco después descubrió la trompeta, instrumento que un profesor le ofreció enseñarle gratuitamente al reconocer su talento.
"Gratis hasta un puño", recuerda Alexandra con una sonrisa. En apenas un año, ya era la segunda trompeta de la agrupación de su colegio. Este instrumento la llevaría, siendo aún una niña de 13 años, a Cali, la capital mundial de la salsa, donde la orquesta Yerbabuena buscaba desesperadamente una trompetista.
El descubrimiento de su verdadera pasión
Mientras tocaba la trompeta en Pasto, Alexandra observaba con fascinación a las congueras. "Yo, calladita, cuando estaba en grupos musicales en Pasto, miraba cómo tocaba la conguera y me decía: quiero aprender", confiesa. Aprendió los fundamentos por su cuenta, y al llegar a Cali, cuando la orquesta Tumbadora necesitaba una percusionista, audicionó y quedó seleccionada.
Esta decisión generó un "caos" familiar, pues sus padres habían hecho enormes sacrificios económicos para comprarle una trompeta profesional, incluso empeñando su casa. "Pero la trompeta no era mi pasión. Era una manera de empezar en la música", explica Alexandra, quien agradece ese instrumento por haberla llevado al mundo musical.
Superando barreras en un mundo masculino
El camino no fue fácil en una industria dominada por hombres. "Uno llega a un ensayo y dicen: '¿Una mujer en la conga? Eso no va a sonar'", relata. El apodo "manitas de piedra" que le dio el salsero Bobby Cruz después de escucharla tocar en 'Agua para beber' ayudó a ganar respeto, aunque ella prefiere "manitas de seda".
José Aguirre, director del Grupo Niche, se declara "admirador furibundo" de Alexandra: "Ha hecho una carrera maravillosa, tocando con muchísimos cantantes. Primero en Colombia y ahora, radicada en Estados Unidos, se ha convertido en una de las percusionistas latinas más importantes".
Una carrera de éxitos internacionales
Entre los artistas que ha acompañado con sus congas se encuentran:
- Maelo Ruiz
- Tito Nieves
- Tony Vega
- Luisito Carrión
- Jerry Rivera
- Marc Anthony
- Servando y Florentino
- Cazzu
- Maía
También ha grabado con el productor Sergio George y actualmente trabaja con Emilio Estefan. Su sueño pendiente es tocar con Alejandro Sanz y realizar una gira con él.
De tocar sobre una mesa a diseñar sus propias congas
En sus inicios, Alexandra practicaba sobre una mesa porque no tenía congas. Sus primeros instrumentos eran "casi de juguete", comprados en el barrio. Hoy, las congas que lleva su nombre fabricadas por Meinl Percussion cuestan alrededor de 700 dólares.
Alexandra participó activamente en el diseño de estos instrumentos, eligiendo el color amarillo para representar alegría y amanecer. "Las congas se llaman Yellow Sunrise, como un amanecer luminoso", explica. "El amarillo es vibrante, representa alegría y resalta en el escenario. Es muy poco común ver unas congas amarillas".
Maternidad y carrera: un equilibrio posible
La maternidad representó otro desafío. Alexandra decidió suspender las giras internacionales temporalmente para estar cerca de su hijo, ingresando a la agrupación cristiana de la iglesia Rey Jesús en Estados Unidos. "Ser mamá implica sacrificar oportunidades", reconoce, recordando que una vez tuvo que rechazar una gira de seis meses con Ricardo Montaner porque el padre de su hijo viajaba con el Grupo Niche.
Hoy, a sus 46 años, organiza su tiempo entre las mañanas dedicadas a la familia y las tardes de grabación en su estudio casero, presentándose los fines de semana en conciertos.
Un legado que inspira a nuevas generaciones
Alexandra reflexiona sobre su trayectoria: "Con los años he entendido que no solo estoy construyendo una carrera, sino abriendo una brecha". Su mensaje para las mujeres en la música es claro: "Que sigan soñando con sus metas. Que se preparen siempre para que, cuando llegue la oportunidad, estén listas. Que no se preocupen por el qué dirán ni por el machismo".
Cuando toca sus congas amarillas en el escenario, experimenta una conexión profunda con la vida. "Cada oportunidad de hacer lo que amo es un regalo", afirma con gratitud. "Vivir de esto, y sobre todo acá en los Estados Unidos, es un privilegio que no todos pueden, y agradezco que a mis 46 años todavía tenga la oportunidad de tocar".



