Fernando Ducato: El artista argentino que llena de rock el Parque Caldas de Popayán
Cada amanecer, cuando los primeros rayos del sol comienzan a iluminar las emblemáticas fachadas blancas del centro histórico de Popayán, una guitarra eléctrica rompe la tranquilidad matutina en el corazón de la Ciudad Blanca. No se trata de cualquier músico callejero. Sentado en una de las bancas del tradicional Parque Caldas, Fernando Ducato, artista plástico, muralista y músico argentino de 33 años, transforma este espacio público en un íntimo escenario al aire libre donde el rock en español despierta emociones, sonrisas y pasos improvisados entre los transeúntes.
Un viaje musical desde Argentina al Cauca
Fernando Ducato llegó a Popayán hace apenas tres semanas, cargando únicamente sus pertenencias esenciales y su fiel guitarra, con el firme propósito de enriquecer su experiencia artística y cultural. "Tomé mis cosas, mi guitarra y me vine", explica este artista multifacético cuya presencia ya se ha convertido en parte del paisaje sonoro de la ciudad.
A pesar de su corta estadía, habla de Popayán con la familiaridad de quien la conoce desde siempre. "Popayán es maravillosa, muy verde, muy natural, colonial hermano", comenta mientras afina su instrumento y observa el constante movimiento de estudiantes, trabajadores y vendedores ambulantes que atraviesan el parque, encontrándose con canciones que nacieron de genios como Charly García y otros íconos del rock en español.
La música como puente cultural
Fernando llegó a Colombia impulsado por la curiosidad y el deseo genuino de nutrir su arte con nuevas experiencias. "Me hablaban mucho de Colombia, de su música, de su comida, pero se quedaron cortos. Esto es espectacular. Su gente es muy amable, solidaria, nada que ver con esa violencia que los estigmatiza", reflexiona el artista, quien recuerda con particular entusiasmo su experiencia en el Puente del Humilladero, donde asegura haber sentido el auténtico pulso cultural y musical de la ciudad.
Con su guitarra como única compañera, transforma el Parque Caldas en un punto de encuentro espontáneo. Interpreta clásicos del rock en español, los reinterpreta con su distintivo acento argentino y, casi sin proponérselo, genera tertulias musicales. Algunos transeúntes se detienen a escuchar con atención, otros tararean las melodías reconocibles, y no faltan quienes terminan bailando frente a la modesta banca que funciona como tarima improvisada.
Arte callejero y supervivencia
Para Fernando, estas presentaciones matutinas representan mucho más que una simple expresión artística. Tocar en la calle se ha convertido en la forma de financiar su estadía mientras explora el diverso suroccidente colombiano. "Argentinos y colombianos tenemos la misma historia, las mismas luchas. Nosotros llevamos años peleando en las calles por muchos derechos, como ahora lo hacen ustedes, con arte y música. Eso es la vida", filosofa el músico.
A sus 33 años, Fernando se identifica con una generación que aprendió a "llevarla con humildad y empuje", alejándose conscientemente de los egos artísticos y acercándose genuinamente a la gente común. Cuando la conversación inevitablemente gira hacia el fútbol, sus ojos brillan con pasión. Confiesa que la albiceleste "se lleva en la sangre" y que en Argentina el balón y el arte nunca han sido mundos separados.
"Diego Maradona era un Dios, sí, pero ahora con Lionel Messi tenemos la humildad en todo el mundo, es un pibe más cercano a la gente", comenta entre risas, restándole importancia a la reciente goleada de Colombia frente a Argentina. "Somos los mejores en la cancha, en las letras, en la música… y eso se debe también a las caídas, los errores, eso es la vida", añade con sabiduría.
Un viaje que apenas comienza
Fernando Ducato no tiene una fecha fija para despedirse de Popayán. Sus planes incluyen conocer más profundamente la región, recorrer veredas apartadas, escuchar marimbas tradicionales y establecer diálogos significativos con comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes del Cauca. Considera que su viaje artístico apenas comienza y que cada canción que interpreta representa una forma de agradecimiento por lo que va descubriendo en su camino.
Mientras tanto, cada mañana su voz vuelve a resonar en el Parque Caldas, llenando el aire con acordes familiares y letras que hablan de experiencias compartidas entre dos naciones hermanas. Entre aplausos espontáneos y miradas curiosas, este argentino trotamundos demuestra convincentemente que la música, al igual que el mate argentino o el café colombiano, siempre sabe mejor cuando se comparte generosamente.
Estudiantes universitarios, trabajadores apresurados y transeúntes ocasionales continúan deteniéndose para escuchar y, en ocasiones especiales, para bailar al ritmo contagioso de su guitarra, creando momentos efímeros pero significativos en el corazón de Popayán.



