Artistas internacionales exigen exclusión de Israel en Bienal de Venecia
Cerca de 200 artistas, curadores y trabajadores del arte enviaron una carta contundente al presidente y a la junta directiva de la Bienal de Venecia, exigiendo la exclusión inmediata de Israel del prestigioso evento internacional y la cancelación de la apertura de su pabellón, programado para este año en el histórico Arsenale.
Una carta con acusaciones graves
La misiva, publicada recientemente por el grupo activista Art Not Genocide Alliance (ANGA), fue firmada por casi doscientos participantes del evento cultural más importante del mundo. "Nos unimos como artistas, curadores y trabajadores del arte en una negativa colectiva a permitir que se le dé visibilidad al Estado israelí mientras comete genocidio", declararon los firmantes en el texto, que ha generado intensas reacciones en la comunidad artística global.
Entre los destacados firmantes se encuentran nombres de gran peso en el arte contemporáneo como Alfredo Jaar, Yto Barrada, Rosana Paulino, Meriem Bennani y Cauleen Smith, junto con reconocidos comisarios internacionales como Binna Choi y Carles Guerra. Estos profesionales argumentaron que realizan este acto "en apoyo a nuestros compañeros artistas y trabajadores culturales en Palestina, en solidaridad con Palestina y con la profunda esperanza de que se ponga fin al genocidio sionista y al apartheid que aún persiste".
Devastación cultural y amenazas de boicot
Los artistas firmantes sostuvieron que los ataques israelíes en Gaza han devastado completamente la vida cultural palestina, afirmando que "la complicidad de la Bienal de Venecia con el intento de destrucción de la vida palestina debe terminar". Además, manifestaron que "ningún artista ni trabajador cultural debería verse obligado a compartir una plataforma con este estado genocida".
Esta controversia se suma a la polémica ya existente por el anuncio de la participación de Rusia en esta edición de la bienal, marcando un momento especialmente tenso para la organización del evento. La carta abierta de ANGA representa la secuela de una apelación anterior realizada el 2 de octubre de 2025, cuando hicieron por primera vez el llamado a la exclusión de Israel.
En ese llamado inicial, los activistas advirtieron claramente que, de no prohibirse la participación israelí, esto podría llevar a un boicot masivo por parte de artistas y trabajadores culturales. "Si la Bienal no cumple con esta exigencia básica, ANGA iniciará una campaña para lograr un boicot total por parte de artistas y público a la 61.ª Bienal de Venecia", afirma la carta con tono amenazante.
Antecedentes y posiciones encontradas
En la edición de 2024 ocurrió un incidente similar cuando ANGA sumó a más de 10.000 personas para oponerse al pabellón israelí. En aquella ocasión, el pabellón nunca llegó a abrir porque la artista Ruth Patir se negó rotundamente a inaugurarlo hasta que se alcanzara un cese al fuego en la región.
Según reportó The Art Newspaper, este año el gobierno israelí impuso una nueva cláusula contractual que exige al artista mantener la muestra abierta a pesar de las protestas y controversias, lo que ha añadido más tensión a la situación.
La visión del pabellón israelí de este año está liderada por el escultor rumano Bela Simion Fainaru, radicado en Haifa. El artista expresó a The Art Newspaper: "Como artista, me opongo a los boicots culturales, pues creo en la importancia del diálogo y el intercambio, especialmente en tiempos difíciles". Añadió que "mi participación es un compromiso con el arte como un espacio seguro para la reflexión abierta".
La respuesta institucional
Por su parte, la Bienal de Venecia se defendió públicamente cuando publicó la lista oficial de países participantes, emitiendo las siguientes declaraciones: "La Bienal de Venecia rechaza cualquier forma de exclusión o censura de la cultura y el arte". La organización afirmó que "la Bienal, al igual que la ciudad de Venecia, sigue siendo un espacio de diálogo, apertura y libertad artística, que fomenta las conexiones entre pueblos y culturas".
Esta confrontación entre activistas artísticos y la institución cultural más importante del mundo refleja las profundas divisiones políticas que atraviesan el ámbito cultural internacional, especialmente en relación con conflictos geopolíticos de larga data que continúan generando posiciones irreconciliables dentro de la comunidad creativa global.



